Capitulo 10

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CAPITULO 10


Eros me aconsejaba mantener la calma. Me aseguraba que Alaia estaba bien y me pedía paciencia. Aun así, era incómodo estar cerca de alguien que había lastimado a la persona que más amaba. Su actitud no siempre era fácil de soportar, y aunque nuestra convivencia se había vuelto más tolerable, no dejaba de parecerme un ser irritante.

Habían pasado más de cuatro meses desde aquella noche, y para mi sorpresa, nuestra relación había mejorado. Me informó que Alaia estaría de regreso muy pronto, y comenzamos a intercambiar cartas. Cada una de sus palabras me llenaba de esperanza. A través de esas letras, sentí que Alaia seguía a mi lado, más presente que nunca, aunque no estuviera físicamente.

El tiempo voló. Sin darme cuenta, el aniversario del restaurante ya estaba a la vuelta de la esquina. Todo marchaba perfectamente, así que decidí organizar una gran celebración.

Estrella destacaba en la universidad, y mis tíos ya estaban al tanto de su situación. Lejos de rechazarla, la apoyaban con orgullo. Fue una sorpresa, pero también un alivio: ya no tenía que ocultarse, y ellos reconocían sus logros como los mejores de su carrera.

—Hola, piojo —saludó Eros, entrando como si fuera su casa.

—Hola, mono. ¿Cómo está Alaia?

—Estoy bien, hermanita. Gracias por preocuparte tanto por mí —dijo con burla.

—No seas idiota. Dime cómo está mi princesa, mono.

—Está perfecta, pero su salida se pospuso. Todavía falta un mes. Pero aquí tienes otra carta que te envió.

Tomé la carta con rapidez, con el corazón acelerado.

Hola, señorita. Querida mía:

Estamos muy cerca de encontrarnos. Me emociona saber que estás por celebrar el primer aniversario de Moon Flower. Estoy contigo, siempre. Aunque la distancia duela, nuestras cartas me han hecho sentirte tan cerca que puedo escuchar tu risa. Eres mi pequeña, mi fuerza, y te quiero más de lo que puedes imaginar.

Pronto estaremos juntas.

You girl

Sin querer, comencé a llorar. Su ausencia pesaba, pero sus palabras me abrazaban con ternura. Sentí que en el aniversario ella estaría conmigo, aunque solo fuera en espíritu.

—Tranquila, piojo —dijo Eros con una sonrisa más suave de lo habitual—. No falta mucho. Concéntrate en preparar el restaurante para la próxima semana. Hazlo por ella.

—Lo haré. Pero me hace muchísima falta... —me limpié las lágrimas—. ¿Puedes acompañarme a repartir las invitaciones? Estrella aún no llega y necesito ayuda.

—De acuerdo. Vamos.

Pasamos el día recorriendo el pueblo y la ciudad, dejando invitaciones. Envié una para Estrella y otras para amigos cercanos. Terminamos tarde, agotados. Al vivir juntos (en habitaciones separadas, por supuesto), regresamos a casa en silencio.

Eros se había convertido en una especie de amiga, aunque seguía siendo una molestia la mitad del tiempo. Le pedí que me acompañara a la ciudad para buscar mi vestido de gala y encontrarme con Estrella.

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