Narrador
El sol se filtraba tímidamente entre las cortinas, acariciando los rostros dormidos con una delicadeza que parecía irreal.
La noche había sido larga, como un suspiro sostenido en el filo de un abismo...
Pero la mañana traía consigo una calma que horas antes parecía imposible.
Alaia fue la primera en despertar.
Su cuerpo aún pesaba, no por el esfuerzo físico, sino por la intensidad del ritual, por la energía que había cruzado su alma como un relámpago antiguo.
Sus músculos ardían con un eco sutil... como si aún recordaran el fuego que los atravesó.
Pero estaba viva.
Y eso bastaba.
Se incorporó lentamente, respirando el aroma a tierra mojada que entraba desde la ventana entreabierta.
Entonces la vio. Kaia.
Dormía junto a la cama, la cabeza recostada en el colchón, una mano aún entrelazada con la suya.
Sus cabellos caían sobre el rostro, agitados por la brisa suave que traía la mañana.
Había velado su sueño... sin pedir nada a cambio.
Alaia la observó en silencio. No dijo nada. Solo la miró como si verla fuera suficiente para seguir respirando.
—Despierta... —susurró, acariciándole la mejilla con la yema de los dedos.
Kaia abrió los ojos lentamente, como si ese roce hubiera sido un conjuro.
Sus miradas se encontraron.
Y durante un instante, no hubo palabras.
No las necesitaban.
Kaia se enderezó con lentitud. Aún tenía el miedo atrapado en el pecho, dibujado en la curva temblorosa de su sonrisa.
—Pensé que no despertarías en días... —dijo, apenas con voz.
—Estoy aquí. —respondió Alaia en un susurro, como si hablar más fuerte pudiera romper ese instante frágil.
Kaia se inclinó hasta apoyar su frente en la de ella.
—No vuelvas a hacerme esto. No otra vez. No después de todo lo que...
Pero no terminó la frase.
Alaia tomó su rostro con ambas manos.
Y la besó.
Un beso lento. Silencioso.
No era pasión.
Era regreso.
Era promesa.
Las emociones largamente contenidas se deshicieron en ese gesto.
Los labios se buscaron. Las manos se encontraron.
El calor brotó entre ellas como una brasa que no ardía para consumir, sino para recordarles que seguían vivas.
Kaia subió a la cama con cuidado, como si aún temiera romper algo frágil dentro de Alaia.
Pero Alaia sonrió entre los besos, y deslizó sus dedos por la espalda desnuda de Kaia con una ternura firme.
—No estoy rota, Kaia —susurró cerca de su oído—. Solo estaba... esperando el momento en que me encontraras otra vez.
Y lo hizo.
La encontró.
Se levanto suavemente Kaia y coloco algo de música, le extendió la mano a Alaia para que se levantara a bailar con ella, mientras en los altavoces comenzó a resonar la canción que tantas veces se habían dedicado.
I love it when you call me señorita
I wish i could pretend i didn't need ya
But every touch is ooh, la-la-la
It's true, la-la-la
Ooh, i should be running
Ooh, you keep me coming for ya
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MOON FLOWER
FantasyUna chica se enamora de una ángel, hasta que su vida torna un raro giro y tienen que pasar Miles de adversidades para poder estar juntas, la ángel se convierte en hechicera ...
