Lo que está sucediendo no puede ser cierto.
Ahora, en vez de Ares... esto... sí, es real. Mis ojos ven a un lobo gigantesco.
Alaia, Agatha y Hécate forman un triángulo. En el centro, una especie de prisión mágica: él intenta salir, pero no puede cruzarlas.
Eros, por su parte, lo observa en silencio, sin saber cómo reaccionar.
Estrella parece fuera de sí.
—¡Ares, mi amor! ¿Qué ocurrió? ¿Qué te hicieron? —grita sin cesar.
He intentado calmarla, pero es como si no pudiera oírme. Está inmóvil, atrapada en sus pensamientos.
—¡Lucifer! —grita Alaia, con la voz cargada de autoridad—. Reacciona, trae tu maldito trasero aquí y ayúdanos a calmarlo; necesita ver la realidad para regresar... antes de ser consumido por el lobo.
Aproveché un instante para alejar a Estrella de allí. Nos refugiamos entre los árboles. Desde allí, vimos cómo Eros, con una mirada profunda, llena de compasión y poder silencioso, lograba tranquilizar al lobo.
No sé cuánto tiempo pasó. El cielo comenzó a clarear. Seguíamos con la mirada fija en el círculo de las hechiceras...
Y entonces, Ares cayó. Desplomado sobre las hojas secas del bosque.
Estrella corrió hasta él. Se quitó la chaqueta y cubrió su cuerpo desnudo con ternura.
Lo llevamos a casa para que pudiera descansar. Estrella se negó a apartarse de su lado, pero Alaia nos llamó. Necesitábamos respuestas.
—¿Qué fue lo que sucedió? ¿Por qué se transformó en eso? —preguntó Estrella, aún en shock—. Pensé que los encantamientos habían terminado con todo...
—Estrella, tranquila —le dije, intentando calmarla. Si no lo hacía, Alaia podría molestarse... y eso no ayudaría.
Nos acomodamos en la sala. Preparé café para todos. La noche había sido agotadora, y necesitábamos claridad.
Alaia tomó la palabra.
—Esto no lo habíamos previsto. Los rituales eliminaron cualquier rastro del veneno del lobo que lo mordió. Pero... se creó un vínculo. Un lazo con esa bestia, y Mafius lo utilizó.
Estrella quedó sin palabras. Yo sabía lo que significaban esas palabras, intenté detenerla con la mirada para que Alaia continuara.
—Con la luna de sangre, Mafius intentó finalizar el hechizo que originalmente iba dirigido a Eros. Pero Eros es más fuerte... no logró dominarlo. Así que desvió el hechizo hacia Ares.
Todos giramos la mirada hacia Eros. Él alzó la cabeza, con expresión sombría.
—Es mi responsabilidad —murmuró—. Si no hubiera bajado la guardia con esa chica...
—No es tu culpa, Eros —le dije—. Quizá era algo que simplemente tenía que suceder.
Miré a Alaia buscando confirmación.
—Así es, amor. Como he dicho antes: todo sigue un curso. No podemos interferir con el destino... ni siquiera con el nuestro.
—Entonces... ¿ustedes ya lo sabían? —pregunté, intrigada.
—Sí —respondió Alaia—. Podemos ver el futuro, aunque a veces solo sean fragmentos. Solo podemos estar atentas y preparadas para actuar.
—Pero ahora que Mafius está aquí —añadió Eros—, él obstruye lo que vemos... y lo que podemos hacer.
El ambiente seguía tenso. Ares dormía, pero todos sabíamos que la verdadera batalla apenas comenzaba. Mafius había cruzado una línea peligrosa... y esto era solo el inicio.
Alaia bajó la mirada. No era duda... era dolor. Dolor por lo inevitable.
—Mafius ha sido paciente. Ha tejido su red durante años. Pero lo que ha hecho con Ares... —su voz se quebró— está abriendo un portal dentro de él.
—¿Un portal? —preguntó Estrella, poniéndose de pie.
—Sí —intervino Hécate—. El vínculo con el lobo no es solo físico o mágico... es espiritual. Mafius quiere abrir un canal entre dimensiones usando a Ares como recipiente.
Estrella se estremeció.
—¡No! No lo permitiré. No va a usar a Ares para sus fines. ¡Tiene que haber otra forma de romper el vínculo!
—Quizá haya una manera —susurró Agatha—, pero requiere un sacrificio.
El silencio fue inmediato.
—¿Qué clase de sacrificio? —preguntó Eros, con la voz tensa.
—El vínculo puede ser transferido... pero no destruido. Alguien debe cargar con él —dijo Alaia.
—¿Y qué le pasaría a esa persona? —pregunté, casi sin querer oír la respuesta.
—Se volvería el nuevo recipiente —dijo Alaia, con tristeza—. Y si no tiene fuerza suficiente... se perdería a sí misma en la oscuridad del lobo.
Todos miraron a Estrella. Ella lo entendió al instante... pero no dijo nada. Solo bajó la mirada.
—Ni lo pienses —le dije, tomándola de la mano—. Encontraremos otra forma. No tienes que hacerlo tú.
Alaia se acercó. Su energía era distinta... más maternal.
—No se trata de negarse al destino —dijo con suavidad—, sino de prepararse para él.
En ese momento, un crujido nos sobresaltó. Desde el pasillo, una figura se apoyaba contra la pared. Débil. Temblorosa.
Era Ares.
Su piel sudaba frío. Su mirada estaba vidriosa, como si aún no hubiese regresado del todo.
—Ares... —susurró Estrella, corriendo hacia él.
Él la sostuvo con fuerza, pero su voz era apenas un susurro:
—Vi... cosas... dentro de mí. No era yo... pero sentía todo. El dolor. El hambre. La furia de la bestia... y su voz.
—¿De Mafius? —preguntó Eros.
Ares asintió levemente.
—Me hablaba... me dijo que ya era tarde... que la luna de sangre aún no ha terminado su ciclo... y que vendría por mí de nuevo.
Un escalofrío recorrió la habitación.
Alaia frunció el ceño.
—Eso significa que aún tenemos tiempo. Pero debemos actuar antes de la próxima luna. Si Mafius regresa y la transformación se repite... esta vez Ares podría no volver.
Estrella lo abrazó con más fuerza, como si quisiera fundirse con él.
—Entonces pelearemos —dijo, con los ojos encendidos—. No importa si es una maldición, un destino o una guerra. Nadie va a arrebatarme a Ares.
Sus palabras resonaron como una promesa. Una luz en medio del caos.
Y aunque el miedo aún rondaba entre nosotros...
sabíamos que la verdadera batalla estaba por comenzar.
La luna de sangre aún no había mostrado su verdadero rostro.
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MOON FLOWER
FantasyUna chica se enamora de una ángel, hasta que su vida torna un raro giro y tienen que pasar Miles de adversidades para poder estar juntas, la ángel se convierte en hechicera ...
