Una chica se enamora de una ángel, hasta que su vida torna un raro giro y tienen que pasar Miles de adversidades para poder estar juntas, la ángel se convierte en hechicera ...
Mi cuerpo ha cambiado, pero lo más sorprendente es lo que arde dentro de mí: poder. Poder verdadero. Agatha y Eros me acompañaban cuando descendimos al gran salón donde todos los demonios y príncipes nos esperaban. El ambiente se tensó al vernos. Éramos el centro de atención, y no solo por nuestra nueva posición, sino por lo que ahora representábamos.
Eros ya no era el ángel dorado de antaño. Su nueva forma imponía respeto. Pero en mí... había una transformación aún más radical. Mis alas ya no eran blancas, sino negras como la noche, marcadas con símbolos que brillaban tenuemente. Mi ropa había cambiado, más ceremonial, más oscura. Me sentía libre. Por primera vez en mucho tiempo, realmente libre.
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
—Ahora sí eres una de los nosotros —murmuró Agatha.
No era un demonio común, ni una simple bruja. Era algo nuevo. Una hechicera de sangre celestial y fuerza infernal. Agatha aseguró que, con entrenamiento, podría llegar a dominar este poder. Pero no bastaba con practicar: debía estudiar, aprender, prepararme... solo así podría regresar al mundo terrenal. Solo así podría volver a ver a Kaia.
Tras la celebración, los líderes del Inframundo nos reconocieron a Eros y a mí como nuevos regentes. A partir de entonces, mis días estuvieron llenos de estudio y hechizos. Uno de ellos me permitió ver a Kaia a través del fuego. Estaba hermosa... llevaba el collar que le dejé como promesa.
—Hola Alaia, ¿cómo estás? —escuché de pronto.
—Hola, Eros. Perdón... Lucifer —respondí entre risas.
—No te preocupes —dijo sonriendo—. Prefiero que me llames Eros. "Lucifer" suena... dramático, ¿no crees?
—Un poco. Me sorprende verte por aquí. Pensé que seguías en el palacio, sin hacer nada como de costumbre.
—Estoy aquí por ti. Alguien vino a buscarte.
—¿Quién?
Una figura emergió de la penumbra. Su aura era tan poderosa que el aire vibró.
—Hola, querida. Soy Hécate, protectora de las brujas.
Me quedé paralizada.
—Es un honor... Lo siento, no la reconocí.
—No te preocupes, hija. Eres una bruja novata, pero con un poder inmenso. Venciste a Rosell, y eso no es poca cosa.
En ese momento, Agatha apareció. Se miraron unos segundos, luego sonrieron.
—Hermana —dijo Hécate—. Has hecho un trabajo maravilloso con Alaia.
—Tú me conoces —respondió Agatha—. Ella ya tenía la fuerza. Solo la ayudé a encontrarla.
—Lo noto —añadió Hécate, dirigiéndose a mí—. Si continúas así, te convertirás en una hechicera sin igual. Nadie podrá detenerte.
—Gracias a ambas por confiar en mí. Estoy agradecida de poder estar aquí... y de que crean en mí.
—Agatha me contó que deseas volver al mundo de los humanos —dijo Hécate—. ¿Por qué?
—Porque mi corazón está allá... con Kaia.
—Aún no puedes ir y venir con libertad. Pero estás progresando rápido. Persevera, hija, y ese día llegará.
Necesitaba aprender todo lo necesario. Cada hechizo me acercaba un poco más a ella.
Mi relación con Eros cambió. Ya no era el inmaduro que solía seguirme por los pasillos del Cielo. Había aceptado la verdad... y también su lugar. Me tranquilizaba saberlo cerca de Kaia, protegiéndola. A pesar de todo, confiaba en él.
—Quiero que la cuides —le dije un día—. No puedo ir todavía, pero si algo le pasa...
—Lo sé. No te preocupes, Alaia —me dijo, más serio que nunca—. Haré lo necesario.
Apolo también ayudaba. Él podía ir al Paraíso y a veces me traía mensajes de mamá. Me hacía bien saber que ella aún me recordaba, que me amaba.
Pasaron semanas.
Una noche, Eros irrumpió en la cámara del templo, furioso.
—¿Qué ocurrió? ¿Kaia está bien?
—Unos malditos borrachos intentaron atacarla —dijo entre dientes—. Llegué justo a tiempo. Pero esto no fue algo casual. Lo tenían planeado.
—¡¿Qué?! ¿Está a salvo?
—Sí. Pero no será la última vez. Ella está en peligro, Alaia.
—Protégela —le exigí—. Cueste lo que cueste. Y cuando regrese al mundo humano... esos hombres lo pagarán.
—Si no la cuido bien, provocarás una catástrofe —murmuró con ironía—. Lo sé. No lo permitiré.
—Estoy cerca, Eros. Solo necesito tiempo. No hagas nada estúpido, ¿entendido?
—Entendido.
EROS
No soporto a Kaia. No me agrada su voz, ni su aroma, ni cómo me mira. Pero Alaia me lo pidió, y si algo le pasa a esa mujer, sé lo que me espera. Alaia me arrancará el corazón con sus propias manos.
He vuelto al mundo humano. Aquí me ven como un abogado solitario, alguien que vino a este pequeño pueblo buscando paz. Nadie sospecha que soy el Príncipe del Infierno. Ser "el abogado celestial" tiene sus ventajas: sé cómo manipular las leyes humanas... y las divinas.
Todos creyeron mi historia. Ahora solo debo protegerla y esperar. Hasta entonces, decidí hacerme visible.
Fui a su restaurante.
Ella estaba allí. Radiante.
—Hola, Kaia. Tienes un hermoso restaurante —le dije.
—Gracias... ¿cómo puedo llamarte?
—Soy Eros. Amigo de Alaia.
Su rostro se transformó. Su expresión... fue de miedo, confusión... e ira. Tal vez Alaia le habló de mí. Tal vez solo intuyó que no era humano.
De cualquier forma, ahora sabe que no soy cualquiera. Y eso... apenas comienza.