La calma volvió tras el ataque. Estrella estaba más tranquila, y Ares, aunque aún débil, se encontraba estable. La casa volvía poco a poco a su ritmo, pero sabíamos que la quietud era solo un respiro antes de la próxima tormenta.
—¿Qué te sucedió, Ares? ¿Dónde está Eros? —preguntó Estrella, todavía con el rostro tenso.
Ares, recostado en el sofá, habló con voz apagada pero firme:
—No lograba hallarlo por ningún lado... Pero recordé que había salido con aquella chica con la que coqueteaba... Fui tras su rastro.
Nos acercamos para escucharlo con atención. Cada palabra parecía pesarle, como si las heridas no solo fueran físicas.
—Su huella me llevó al bosque, más allá de los lugares donde alcanza la luz. Un sitio muerto, helado, incluso para mí. Allí lo vi: Eros, posado sobre una roca, y a su lado... un hechicero. Pronunciaba palabras que no pertenecen a este mundo.
Intercambiamos miradas sin atrevernos a hablar.
—Grité su nombre... El hechicero se volvió hacia mí, y fue entonces que lo vi: un lobo colosal surgió de entre los árboles, con los ojos ardientes. Me lanzó contra el suelo, y su mordida... su mordida contenía veneno. Algo me desgarró por dentro, como si arrancara parte de mi esencia.
Mis pensamientos volaron de inmediato a los lobos que rodearon nuestra casa. Aquella criatura debía ser uno de ellos... o algo peor.
—Luché, pero era demasiado fuerte. Y cuando estaba por ceder, Alaia llegó... con Hécate y Agatha. Ellas lograron derribarlo. Y entonces, frente a nuestros ojos, el cuerpo del lobo se deshizo... y en su lugar apareció la chica con la que Eros había salido.
Un silencio abrumador se apoderó del ambiente. Nadie respiraba.
—¿Y Eros? ¿Y el hechicero? —pregunté con el estómago encogido.
—No te preocupes, mi niña —intervino Alaia con serenidad—. Lo llevamos al Inframundo. Belcebú se encargará de cuidarlo hasta que sane por completo.
—¿Y cómo podemos protegernos? ¿Evitar que nos encuentren o le hagan daño a Ares otra vez? —preguntó Estrella, apretando con fuerza mi mano.
Alaia posó su mano sobre la nuestra.
—Ya estamos trabajando en eso. Hécate y Agatha se encargarán de sellar esta casa con un conjuro que la hará invisible para las fuerzas oscuras.
Ares cayó en un sueño profundo. Estrella decidió quedarse a su lado mientras las brujas finalizaban los sellos. Alaia me tomó de la mano.
—Kaia, ven. Debemos hablar, a solas.
Nos dirigimos en silencio a la habitación. La noche se sentía pesada, como si aún quedara algo por resvelar.
—¿Recuerdas qué te ocurrió antes de que llegáramos? —me preguntó.
—Fue confuso... Sentí un dolor agudo en la cabeza... luego oscuridad. Cuando recuperé la conciencia, estaba afuera, rodeada por los lobos.
Alaia asintió con gravedad.
—Cuando el hechicero capturó a Eros... rompió su conexión contigo. Y él era la única barrera que mantenía encerrado al demonio que habita dentro de ti.
Un frío helado recorrió mi columna.
—¿Un demonio... en mí?
—Sí, mi pequeña. Pero no estás sola. Eres bondadosa, y esa luz en tu interior es más poderosa que cualquier sombra. Solo necesitabas despertar.
—Gracias, mi niña, por creer en mí. Sé que mientras estés a mi lado, nada malo sucederá.
Nos abrazamos. Esa noche, caímos en un sueño profundo, tejidas por la confianza y el cansancio acumulado.
Una semana ha pasado desde entonces. Eros ha vuelto del Inframundo, completamente recuperado, y ahora vive nuevamente con nosotras. Estrella, por su parte, regresó a la ciudad para continuar sus estudios... pero no lo hizo sola. Ares fue con ella. Increíble, ¿no? Un demonio viviendo con mi prima. Aunque mis tíos no saben nada, ambos parecen felices. Y eso, para mí, es lo importante.
Este fin de semana es especial. Alaia nos explicó que se aproxima la Luna de Sangre más poderosa del año. Un fenómeno que, lejos de lo que siempre nos contaron, permite que los demonios del Inframundo crucen con mayor facilidad al mundo terrenal... y se vuelvan casi invulnerables durante esa noche.
Y pensar que yo creía que la luna roja era solo cosa de hombres lobo.
He descubierto un mundo que siempre estuvo aquí, oculto entre los susurros del viento y la ceguera de los incrédulos. No todos pueden ver lo que yo ahora percibo: brujas, demonios, hadas, seres celestiales... Alaia dice que es un don que poseemos algunos. Para otros, es un conjuro necesario para no morir del susto.
La noche del ritual llegó.
Viajamos al claro del bosque. Hécate y Agatha ya nos esperaban. Estrella llegó tomada de la mano de Ares. Ambos irradiaban una energía poderosa. Ares no dejaba de hablar de ella, y Estrella sonreía como nunca.
Nos tomamos de las manos en círculo, con la luna roja brillando como un ojo sangriento en el cielo. Todos comenzamos a recitar, en latín, el conjuro ancestral:
LUNA PULCHRA HIC SUMUS
CORAM TE UT CUM TUA
VIRTUTE NOS PACE ET
TRANQUILLITATE REPLEAS UT
POTENTIORES NOS FACIAS...
Las hojas crujieron violentamente. Un viento fuerte sacudió el bosque, la tierra tembló.
Y entonces...
Ares comenzó a convulsionar. Gritaba de dolor, su cuerpo sacudido por una fuerza descomunal. El círculo se rompió. Todos lo miramos, petrificados.
—¡No puede ser! —gritó Hécate— Alaia, Agatha... ¡prepárense!
Alaia soltó mi mano y en un parpadeo tomó su forma completa como Reina del Inframundo. Su energía oscureció el aire a nuestro alrededor.
Eros intentó contener a Ares, pero este se revolvía como un animal acorralado. Estrella corrió hacia él, ignorando todo intento de detenerla.
—¡Kaia! —me gritó Alaia— ¡Mira a Ares!
Me giré.
Donde había estado Ares, ya no había cuerpo. Solo quedaba su ropa rasgada sobre el suelo... y en su lugar, una silueta bestial se alzaba, negra como la noche, cubierta de humo rojo y ojos que no eran suyos.
Lo que antes fue Ares...
Ahora era otra cosa.
Otra entidad.
Algo que Mafius había estado esperando.
Una nueva criatura liberada bajo la Luna de Sangre.
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MOON FLOWER
FantasíaUna chica se enamora de una ángel, hasta que su vida torna un raro giro y tienen que pasar Miles de adversidades para poder estar juntas, la ángel se convierte en hechicera ...
