CAPITULO 12
"Diría que eres mi estrella,
pero no...
eres mi luna,
porque estrellas hay muchas...
y lunas, solo una."
No encuentro palabras suficientes para describir lo que sentí al reencontrarme con mi señorita después de más de un año. Alaia estaba distinta. Ya no tenía sus alas, y aunque su esencia seguía siendo la misma, algo dentro de ella había cambiado. Después de un largo y cálido abrazo, nos separamos, y fue entonces cuando noté que no venía sola: Ares la acompañaba.
—Hola, bonita —me saludó con una gran sonrisa.
—Hola, preciosa... no esperaba verte hoy, pero me alegra tanto que estés aquí. Gracias por cumplir tu promesa y volver. No sabes cuánta falta me has hecho. Ven, quiero presentarte a alguien —dije emocionada, sin soltar su mano.
—Hola, piojo. Aquí me tienes —añadió Ares con su tono sarcástico de siempre.
—Sí, tú también estás invitado, insecto —respondí riendo—. Me alegra que esta vez no intentes matarme.
Caminamos juntas, tomadas de la mano, hasta llegar con mis padres y Estrella. Sin embargo, al ver a Ares, mi prima se quedó muda por un momento.
—Mamá, papá... les presento a Alaia.
Mis padres se levantaron y le ofrecieron la mano en un gesto educado.
—Es un placer conocerte. Es raro que Kaia nos presente a una amiga —dijo mi padre.
Alaia sonrió, pero pude notar su incomodidad. Aquella palabra —"amiga"— no le hacía justicia.
—Alaia no es solo una amiga. Es mi pareja. Es la persona a quien amo profundamente y con quien quiero estar —anuncié con firmeza.
Mis padres se quedaron atónitos. Mi madre intentó levantarse para gritarme, pero mi padre la detuvo. Y en ese momento, Estrella intervino:
—Tía, por favor... Kaia ya es adulta. Tiene derecho a ser feliz, después de todo lo que ha vivido.
Decidí no agregar más. Sabía que discutir solo agravaría las cosas. Aun así, fue un alivio haberles revelado mis verdaderos sentimientos. Ya no quería seguir escondiéndome.
—¡Estrella, es hora de repartir los regalos de agradecimiento! —grité con entusiasmo.
Tomé la mano de Alaia y nos dirigimos a la cocina junto a Ares y Estrella. Eros, alegando cansancio, se quedó con mis padres. Aunque, para ser sincera, no movió ni un dedo durante toda la ceremonia.
Terminamos de entregar todos los regalos. La mayoría de los invitados se había marchado, y muchos me felicitaron por el éxito del restaurante. Cuando regresé a la mesa, solo Eros seguía allí.
—¿Dónde están mis padres? —le pregunté.
—Se fueron, pequeña... Dijeron que no permitirán que estés con una mujer —respondió con seriedad.
—Lo siento, mi señorita... —dijo Alaia, con tristeza.
—No te preocupes, preciosa. Siempre ha sido así. Nunca me aceptaron. A veces creo que ni siquiera sienten que soy su hija.
En ese instante, Estrella regresó con Ares. Su actitud hacia él era diferente; no se comportaba como lo hacía con otros chicos.
—Tranquila, Alaia —dijo mi prima—. Mis tíos nunca han estado para Kaia. Ni en los buenos momentos, ni en los malos. Lo importante es que ustedes se quieren. Y eso es lo único que importa.
Suspiré profundamente. Tenía razón. Mis padres siempre dudaron de mí, y aunque les probara que podía lograr lo que querían evitarme, jamás obtuve su aprobación.
Aun así, nada ni nadie me quitaría esta alegría. El aniversario fue un éxito total: personas de toda la ciudad vinieron a conocer mi restaurante. Y lo más importante: Alaia estaba a mi lado.
Al cerrar el restaurante, agradecí al equipo por su excelente trabajo y les di dos días de descanso. Quería pasar tiempo con Alaia.
Nos fuimos todos a casa: Estrella, Eros, Ares, Alaia y yo. Estábamos agotados después de tantas emociones. Lo sucedido con mis padres ya no me afectaba como antes; era algo esperado. Cada uno tomó una habitación distinta. Alaia y yo dormiríamos juntas.
La mañana siguiente fue hermosa, tranquila. Dormir con ella fue especial, mágico. Me propuso salir juntas a un bosque, un lugar donde pudiéramos hablar a solas, rodeadas de árboles. Me encantó la idea.
Salimos juntos en el auto de Eros. Ares y Estrella se mantuvieron todo el tiempo uno junto al otro. Alaia me susurró que jamás había visto a Ares tan interesado en una humana. Y eso que solía despreciar la superficialidad del mundo humano. Pero con Estrella, hablaban como si se conocieran de toda la vida. No había necesidad de seducir; solo compartían.
Comimos en un puesto callejero. Todo era simple, pero cálido. Eros, como siempre, llamó la atención al intentar conquistar a una chica extranjera. Y desapareció con ella poco después. Estrella y Ares se fueron al cine. Alaia y yo partimos rumbo al bosque.
A medida que nos adentrábamos, la brisa se tornaba más densa y las hojas crujían bajo nuestros pies. Yo, que antes habría temido entrar tan profundo en el bosque, ahora me sentía segura con Alaia a mi lado.
Nos detuvimos en un claro. Se sentó y trazó un círculo en la tierra con una rama. Me pidió que confiara en ella.
—Conocerás a personas muy importantes para mí. No tengas miedo, mi niña. Nada malo pasará —me dijo con ternura.
De entre la niebla que se formó entre los árboles, surgieron dos mujeres altas, imponentes, de unos cincuenta años. No se parecían a ninguna mujer de la Tierra. Parecían salir de un sueño o un cuento antiguo.
—Saludos, querida —dijo una de ellas—. Nuestra hija nos ha hablado mucho de ti. Ahora entendemos por qué está tan encantada contigo. Eres hermosa, su ángel guardián.
Alaia se sonrojó. Verla nerviosa la hacía ver aún más dulce.
—Jeje... qué pena —respondió—. Kaia, ellas son Hécate, la guardiana de todas las brujas... y Agatha, quien me sanó y me enseñó con infinita paciencia todo lo que sé.
Las saludé con respeto, tocándome la frente e inclinando la cabeza, como ellas.
—Es momento de que le reveles tu verdadero ser, Alaia —dijo Agatha con voz firme.
Alaia se acercó a mí, me besó en la mejilla y me susurró al oído:
"Diría que eres mi estrella...
pero no,
eres mi luna.
Porque estrellas hay muchas...
y luna, solo hay una."
Mi corazón se aceleró. Me temblaban las manos.
Alaia salió del círculo. Comenzó a recitar palabras en un idioma antiguo y extraño. Una niebla espesa se arremolinó a su alrededor. El viento rugía entre los árboles, y las aves huyeron despavoridas.
Las hojas secas se alzaron del suelo y giraron como un torbellino a su alrededor. Me cubrí el rostro mientras el vendaval golpeaba mi piel.
Y luego... el silencio. Sepulcral.
Cuando retiré mis manos de la cara, Alaia ya no era la misma. Su forma había cambiado completamente. Ya no era la dulce Alaia que conocí al principio... ni tampoco el ángel caído que me escribía cartas.
Era... otra cosa.
Un ser poderoso, majestuoso, oscuro y luminoso al mismo tiempo.
Y ahí, supe que nada volvería a ser igual.
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MOON FLOWER
FantasyUna chica se enamora de una ángel, hasta que su vida torna un raro giro y tienen que pasar Miles de adversidades para poder estar juntas, la ángel se convierte en hechicera ...
