—Oye —detuvo Víctor a su amigo antes de ponerse de pie, alguien se había acercado para decirle que era el siguiente —contrólate por favor, eh.
—Que sí... que el acústico no da juego para eso.
—¿Controlarse de qué? —preguntó curioso Navii aplaudiendo el nombre de su nuevo amigo mientras este se acercaba al escenario con sus gafas y su guitarra en mano.
—Es que Lope es algo... efusivo y... a veces tiende a... quitarse la camisa a la menor provocación.
—Pero qué me dices... —mirando al chico con mirada más tierna que jamás había visto —, pues me dejas sin palabras.
—Sí, eso hace él —mirando a su amigo.
Lope respiró profundo luego de mirar a las mesas cercanas y dar un recorrido visual rápido, sonrió y luego se presentó: —hola a todos, soy Lope y... os voy a tocar una canción que... escribí hace tiempo y... —soltando una risa nerviosa —, nos os entretengo más... —mirando hacia su mesa, Leandro había llegado a tiempo para escucharle —y... llegó mi amigo... —soltando otra risa más nerviosa y sonora.
—¿Y esa risa? —preguntó Navii sorprendido, Lope le parecía alguien de cierto modo delicado y con buen donaire, cosa que había terminado por comprobar que no era así.
—Es todo un estuche de monerías —admitió Víctor aplaudiendo como el resto de personas resignado de que conocieran por completo a su amigo.
——//——
En la barra, David miraba con cierto recelo la forma en que su amiga se comía a morros a la chica pero la música lo distrajo de aquella desagradable escena, una canción que tenía una letra un tanto particular acerca del corazón roto que al parecer un dentista le había provocado al que la cantaba, tanto que le hizo levantar la ceja y mirar al escenario. Ahí había un chico con una sudadera blanca, gafas redondas y un guitarra que tocaba con todo el ánimo suficiente como para que todos aplaudieran al ritmo de su canción.
Se puso de pie y dio un par de pasos para verle mejor; la forma tierna en que veía a todos y sonreía sin dejar de cantar, la sudadera remangada hasta los codos de la cual ya no quedaba rastro alguno del aroma que le había llamado la atención la primera vez. Lo examinó bien, no quiso equivocarse antes de soltar una afirmación.
—Es el chico de... —siendo interrumpido por Sonia, quien se acercó a él mientras la chica se alejaba, al parecer era la siguiente —. Sonia... ¿Qué ha pasado?
—Me ha invitado a verla —dijo Sonia emocionada mostrándole un afiche de un mini festival de música que estaba pasando en la Sala el Sol —, me ha dicho que su banda toca mañana.
—¿Tiene una banda? —cogiendo el afiche.
—Sí, son tres chicas —señalando una mesa junto a la del chico de la sudadera, que era recibido con gran énfasis por un chico alto, vestido a lo pijo con camisa azul y pantalones de algodón blancos, quien le revolvió el pelo una y otra vez entre abrazo y elogio que le daba.
Ni siquiera miró a las chicas, se quedó viendo como otros chico se acercó a felicitarlo e intercambiar algo en el móvil que lo hizo perder todo incentivo para acercarse. Hundió sus manos en los bolsillos, por lo menos ellos tenían una razón para acercarse, uno era su amigo y el otro alguien interesado en su música, ¿quién era él? Nadie, no podía acercarse y decirle: "ey, te vi hace un par de días en el MAN y me quedé loco perdido por ti", quiso desaparecer de la vergüenza que sus pensamientos le estaban provocando.
De lejos, parecía que ese chico de la sudadera blanca estaba encantado por la atención que recibía, lo decía su risa, su mirada en cada chico que le miraba, cada roce o choque que le daba cada vez que escuchaba algo gracioso; lo que provocaba que se acercaran aún más para llamar su atención y a veces lo conseguía, toda al completo, parecía que le estaban pidiendo cita. Bufó con los brazos cruzados al pensar que era un coqueto, alguien a quien le gustaba ser el centro de atención, lo cierto era que lo tenía todo para serlo y aprovecharlo pero David le miró el tiempo suficiente como para notar en un segundo que todo aquello le agotaba, que algunos chicos, los que llevaban su guitarra en concreto, terminaban hablando con otro chico que estaba con él.
Al final de las charlas vio como se reía con el chico que había llegado tarde, con él se mostró más confiado y relajado, pero parecía más bien que el chico trataba por todos los medios hacerlo sentir incómodo en la forma en que lo tocaba o abrazaba o se acercaba a su rostro para sacarle una risa que ocultaba detrás de su mano.
De pronto su seguridad apareció, David se sentía capaz de mostrarle como es que se trata a alguien como aquel chico coqueto de la sudadera blanca. Se irguió y acomodó mejor en la barra, buscando el momento de irrumpir y acercarse a él, ahora todas las posibilidades eran viables, solo necesitaba una señal para hacerlo. Fue tan solo un segundo, un parpadeo en el que soltó un guiño que coincidió con su mirada y luego poco más de tres segundos se sostuvieron la mirada antes de que el chico más alto lo distrajera para que se pusiera para una foto.
—¿Estás bien? —preguntó Sonia al verlo sonreír al aire como tonto.
—Sí. No es nada. ¿Terminamos aquí? —conteniendo con fuerza su mirada para no desviarla hacia ese chico y que Sonia lo descubriera.
—Ay, chico... pero que pereza me das. Venga, vámonos a ver si así quitas esa cara.
David quiso mirar atrás, para ver si el chico le seguía mirando pero no pudo, Sonia le estaba hablando cosas que poco le importaron y a las que se limitó sonreír.
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Lope miró de nuevo a la barra, en un despiste de todo el grupo que se había generado a su alrededor, solo para comprobar que el chico con el flequillo lleno de rizos había desaparecido. No dejó de sonreír, de atender a lo que Javi, el otro chico que había cantado antes hablaba con Víctor. Mordió su labio. Tal vez aquel ejercicio le hizo abrir un poco la perspectiva de qué clase de chicos eran los que le atraían.
—No puedo creer que toques así de bien... —dijo Leandro, colgándose del cuello de Lope mientras iban de regreso.
Lope sintió su aroma, su calidez y esa sensación de tranquilidad que le provocaba ver su mueca medio burlona. En el fondo sabía que lo hacía para hacerlo sentir cómodo, porque era obvio de todo el grupo era el que más cuerpo tenía como para hacer lo que le saliera de los cojones. Pensó en Unai y la forma que se sentiría estar así con él. Sintió un tremendo sentimiento de cautela al pensarlo, no tenía que caer así de fácil, madre mía, pensó Lope, que difícil resultaría enamorarse.
—Y oye, ¿cómo habéis dado con este bar? —preguntó Navii bajando la copa de la que había tomado.
—Pues estaba apuntado en una lista que tiene Lope —dijo Víctor tomando un poco del cubata que había ordenado.
Leandro miró a Lope desde su altura, mirando su mirada cómplice.
—Sentías que alguien te miraba
—Anda, deja de decir memeces... —le dijo a Leandro —, deja que hable Lope.
—Es que es así —respondió dejando a todos sorprendidos —, no lo de hoy aquí pero... eso que ha dicho Leandro es de un libro que mi madre escribió y... De hecho, es la historia de como conoció a mi padre, la forma en que se enamoraron y... —recordándolo bien —, como fue que... se conocieron.
—¿De verdad? Pues ya podrías decirle que me firme mi copia...
Lope soltó una risa nerviosa.
—Su madre murió... —susurró Víctor. Incluso decirlo en voz alta para Lope era algo impensable.
—Hostia, tío perdona.
—No pasa nada. Solo... no lo hagáis más grande.
Leandro sonrió y lo abrazó fuerte.
—Eres mi héroe.
Durante la noche no pudo dormir, aquella noche había sido mágica. En casa no había experimentado algo así nunca. Con Víctor llevaba una vida tranquila y durante mucho tiempo habían sido solamente ellos dos que de pronto llegar a Madrid y tener a un grupo de amigos cariñosos y que lo apoyaban se sentía diferente, se sentía mejor. Además de todo lo que había sentido en tan solo tres días de estar ahí.
Pensó que sus piernas caerían rendidas de tanto andar pero no fue así, su tripa no dejaba de provocarle mareos de todo lo que había visto, probado y sentido. Aquella libertad, las risas, el asombro e incluso la curiosidad de ver cómo es que vivían otro tipo de personas.
—Lo sé... —dijo mirando el reflejo de la luz de luna que se asomaba por los visillos —, lo sé... tengo que hacer muchos cambios en mi vida... pero es que... no me siento tan fuerte, ¿sabes? Aunque claro, madre diría que lo soy y me daría un beso y... es que... toda esta adrenalina...
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Amor a contracorriente
Fiksi UmumEs el mítico sueño de todo el mundo: un romance de verano. Un romance desatado, lleno de emociones y sentimientos que se vuelven incalculables, que duran toda la vida pero, ¿y si no es un sueño? ¿Y si no es como lo pensabas? ¿Qué haces cuando todo s...
