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Víctor intentó no mostrar su asombro al ver el piso de Navii y Sergio en plena calle de Trafalgar. Según le habían contado estaba a un par de calles de la casa donde Tirso seguía viviendo con sus padres. Era un piso de contrastes como nunca había visto; todo oculto detrás de puertas de caoba pintadas de acuerdo al espacio, con tres grandes ventanales en el salón desde donde se podía ver a lo lejos la plaza de Olavide un par de edificios al este. Estaban ahí reunidos todos, menos Lisandro que se había quedado a entretener a Lope con una tarde de mimos y volverían para arreglarse y salir de nuevo al bar donde habían quedado la primera vez.

Tenían un plan y era simple: buscarían a un par de conocidos para que conocieran a Lope. Claro que a Xavi se le ocurrió hacerlo de la forma mucho más discreta a como Navii lo había propuesto para que no pareciera una escena sacada de una película antigua de Roomie Schneider en la que organizaban fiestas solo para presentarles pretendientes al mismo tiempo. Según Xavi era preferible que fuesen apareciendo esporádicamente y con quien hiciera más química sería el indicado para hacer más interesante su visita en Madrid.

Se habían convencido de que no era meterle presión al pobre paleto que carecía de habilidades sociales básicas para cumplir su sueño, era un pequeño ejercicio controlado en el que habría nada más que lo mejor de lo mejor de sus amistades que podían ser buenas opciones responsables, divertidos y con lo que fácilmente podrían congeniar bien con Lope.

Les había parecido divertidísimo el asunto que incluso lo tomaron con cierta deportividad. Eran cuatro participantes: Sergio llevaría a un amigo con el que creía ganaría, un modelo, claro que eso último lo había omitido por completo a la hora de mostrar su carta. Leandro conocía a un chico de su trabajo, apuesto, gallardo, ideal para Lope, de buena casa y buenas costumbres, un tanto torpe como el paisano de Xavi, que estaba seguro que habría buena química entre ellos de inmediato. Xavi y Víctor también decidieron hacer una apuesta la que dejaron reservada hasta que llegara el momento.

Tirso miró todos los esfuerzos de sus amigos de años en encontrarle chico a alguien que recién conocían. Se sentía orgulloso por ser alguien elocuente con sus acciones, pero aquella tarde le fue imposible contener el impulso de tener celos por lo que estaba pasando por lo que decidió acercarse a quien había organizado todo eso y que estaba tan pancho mirando las prendas que Navii había seleccionado para vestir tan importante fecha.

—Oye, ¿pero tú has hecho esto por mi alguna vez?

—¿El qué? —mirando las opciones de camisas. Leandro no era tan fan de la moda pero al conocer a Navii parecía que eso era de lo único que se podía hablar con ese chico y ya que eran prendas prestadas o regaladas no ponía una pega en admirarlas.

—Pues eso que hacéis por Lope, de conseguirle pretendientes.

—Uff si yo te contara... —mirándose al espejo con una camisa estampada a rayas azules que no le convenció mucho. Tirso también había aprendido a entender a Leandro pero aquella tarde parecía que ya había pasado mucho tiempo con Navii y su exagerada frivolidad.

—Leandro, ahora serios por favor...

—Que si pesado... —respondió Leandro dejando de nuevo la camisa en su sitio y mirándole de frente —, lo hemos hecho, en más de una ocasión, pero parece que no las pillas. Tres veces lo he hecho pero tú no sé qué te pasa que los espantas —volviendo a mirar otras opciones en forma de camisas de lino en colores tiza —. Lisandro quiere cortarte los huevos pero le he dicho que no lo haga, sería una pérdida de tiempo —sin mirar ya a su amigo, el tiempo estaba encima de ellos y tenía que decantarse por un look adecuado.

—¿Por qué?

—Porque está claro que no tienes... —cogiendo una camisa y alejándose de su amigo.

Amor a contracorrienteHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora