Después de tomar el desayuno y una ducha rápida Lope estaba más relajado. Estaba agotado de pensar en David, en lo rápido que todo había pasado, en poner en perspectiva y pensando de la forma más fría todo lo que había pasado pero pensar en lo que iba a ocurrir aquella tarde lo hizo erguirse un poco; sintió sus dedos, gastados de tocar la guitarra por años, sonrió. Se miró mordiendo sus labios, era el sueño: convertirse en la nueva banda en ascenso y tal vez aquello iniciaría aquella noche con su primera presentación en Madrid.
Su cuerpo se llenó de vitalidad de un momento a otro; los nervios lo hicieron reírse no se avergonzaba de sus sueños pero estaba deseoso de dar ese primer paso y por un segundo se sintió como antes: ese chico de vida simple que pasaba sus tardes tocando música por diversión y para olvidar otro dolor. Respiró profundo un última vez antes de estar listo. Empezaba a sentirse de nuevo él. Se dirigió a la cocina, Xavi los había dejado porque tenía que verse con los chicos y después ellos los encontrarían en la sala.
—¿Lo sientes, no? —inició Víctor al ver a su amigo salir por fin entrar en la cocina con una mirada diferente a la que tenía en la mañana —, sí, lo veo en tu mirada —acercándose a abrazarlo y a hacerlo sentarse a la mesa.
—Sí —confesó —, no puedo creer que estemos aquí. Todo lo que hemos pasado este último año... —mirando a Luisa y Mariano detrás de Víctor —, tenemos que lucirnos. Nos tienen que volver a invitar.
—Esto es todo lo que siempre hemos querido todo este tiempo —inició Luisa.
—Así que solo queda brillar y darlo todo —remató Víctor.
Ensayaron un poco más, repasaron canciones en acústico, pusieron a punto sus instrumentos y después de la comida todo se volvió un poco un caos; todo estaba fuera de sus estuches, los cables, las cosas extras y la cuenta atrás sobre de ellos.
—Venga Lope, vamos... llegaron por nosotros... —gritó Víctor desde la puerta mirando la hora.
—Voy —dijo metiendo todo lo necesario en su mochila tan de prisa que no notó que había cogido la sudadera de Unai.
Cogió su guitarra y la puso a su espalda y salió de la habitación. Por primera vez en todo que habían estado ahí Leandro apareció junto con Tirso en un coche para llevarlos al lugar. Lope vio a ese increíble hico que le había animado y se había hecho su cómplice de varias cosas en aquel viaje y de nuevo todas las ganas se llorar florecieron pero fueron contenidas con una sonrisa.
—Hola —dijo Leandro abrazándole fuerte —, hoy lo único que importa es que lo des todo, que emociones a las personas con todo el arte que tienes, ¿vale? Olvida todo al bailar, Angelina.
Lope tardó en entender la referencia pero al recordarla sonrió y lo abrazó fuerte.
—O al cantar, que es lo que vas a hacer —corrigió Tirso haciendo reír a Lope al que también besó antes de subir al coche.
Leandro le miró y no lo vio muy convencido.
—Es más, bailemos... —le dijo cogiéndole de la mano para acercarlo a él —, ¿recuerdas el ritmo, 1, 2, 3, 1, 2, 3.
Lope rió y quiso decirle algo, pero no pudo y simplemente accedió a seguirle el juego a su nuevo amigo.
—Le, ¿qué haces? Van a llegar tarde.
Pero Leandro seguía moviéndose en círculo con Lope, sin dejar de ver como sonreía. Le dio una última vuelta y quedó frente a él para darle una reverencia.
—Gracias amigo —admitió Lope, soltándose por fin de él y darle un abrazo que lo reconfortaba.
—Encantado —abriéndole la puerta.
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Amor a contracorriente
Narrativa generaleEs el mítico sueño de todo el mundo: un romance de verano. Un romance desatado, lleno de emociones y sentimientos que se vuelven incalculables, que duran toda la vida pero, ¿y si no es un sueño? ¿Y si no es como lo pensabas? ¿Qué haces cuando todo s...
