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Lope y Víctor estaban sentados en la isla de la cocina, compartiendo un café con leche y pastas que Víctor había llevado. Estaban revisando algunas letras que habían dejado en pausa por el viaje y el nuevo estilo de vida. Madrid había supuesto un antes y un después para esa carrera de músicos que los había dejado un poco agotados pero que ahora sabían que tenían que retomar y que mejor que hacerlo temprano por la mañana de un sábado en el que todo había aprendido a saber estar.

Víctor era mejor vocalizando y dando el tono correcto a lo que Lope escribía y musicalizaba con su guitarra, aquellas sesiones de música eran cosa seria, incluso más que los sueños de ser un gran periodista de radio o un gran médico; Madrid les había dado esa visión de que podían llevar aquel pasatiempo a algo más serio.

—Pero bueno, el amor está en el aire y este lugar está a punto de explotar... —intentando en vano soltar una leve risa por las mejillas sonrojadas de su amigo — ya pensaba que esto pasaría pero no tan pronto.

—¡Y qué pasa! Si todos aceptamos esa canción sin sentido que propusiste el año pasado.

—Eh, pero que yo no te estoy diciendo nada malo. Que yo solo estaba sintiendo alivio, tu primera canción de amor. ¿Estás nervioso? —tomando un poco de café mientras leía la letra.

—Mucho. ¿Cuándo has conocido tú a la madre de alguna de las chicas con la que has salido?

—Nunca —haciendo un par de notas, imaginando el tono que podría llevar la melodía —, que eso es pa personas más... serias.

—¿Te parece esto serio? —bajando su taza con la boca y los ojos bien abiertos, tanto que Víctor quiso volverse a reír, jamás había visto tan despierto a su amigo.

—¿A ti no? ¿Por qué?

—¡Por qué es mi primera relación!

—Joder —dejándose caer en la isla, golpeando con el puño la misma —, el tío sufre porque si es amor lo que le está pasando. Menudo capullo estás hecho amigo mío. ¡Si es que es lo que todo el mundo quiere y no te enteras que lo tienes tú, pa ti solo! Sin haber hecho nada más que...

—El que, Víctor, ¡el qué!

—Joder, tío, ¿me vas hacer ponerme serio? —viendo que de verdad no se estaba enterando de mucho —. Buah, pues eso, de perdidos al río: mira, hay una cosa para lo que estamos hechos los heterosexuales que es, traer más hijos, perpetuar la especie, las traiciones y todo eso. Y eso se consigue encontrando pareja, conociéndose, tonteando, un par de años como novios y pum, casa, familia e hijos. Y eso toma años, conocer a la indicada, a la que va ser la madre de tu hijos, Y tú, que no tienes esa presión en tu espalda te costó qué, ¿un año intentado ignorarlo por completo? Porque admítelo, tú también le habías visto, que yo te vi. Y ahora ya sois novios, tonteáis porque... es tu primer novio y eso pero chico, te lo digo yo, que él te quiere y te quiere bien. Te quiere como todos quisiéramos ser queridos. Así que, ¿miedo? A lo que quieras, porque sé que él te lo hará olvidar, ¿incertidumbre? Claro, no tenéis nada pero eso sí, amigo mío, lo que no puedes tener es duda de que ese chico es el amor de tu vida y va serio con eso, tanto que te quiere presentar a su padre, que a saber que le habrá contado de ti, cosas buenas, supongo, digo yo.

Lope se quedó sin aliento, más incluso que Víctor, que terminó de un golpe su café y miraba el poema que estaba hecho su amigo. No respondió, no tuvo tiempo de siquiera pensar en nada porque el móvil soltó una alarma.

—Ea, ya está aquí el tío —acomodándose en el taburete alto para preparar otra taza de café —, respira, adecéntate y a por todas.

—Eh...

—Estás guapo, te ves bien, ese jersey... hace tiempo que no te lo veía. Buena elección. Yo me piro después de que acabe la taza y deje limpio esto, tú no te preocupes.

Amor a contracorrienteHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora