—Tienes que acabar con ello —sentenció Víctor, andando con las manos en la espalda, detrás de un par de abuelos que andaban igual de lentos que ellos dos por el puente romano. Aquel sitio era el mejor para salir a caminar y hablar de todo. Además el viento comenzaba también a frecuentar aquel sitio por lo que el ambiente, para ambos amigos, se sentía ligero y entretenido por cada roce en la cara o cada travesura que les hacía tropezar o perder un poco el equilibrio.
Habían estado toda la tarde sentados en un banco frente al Tomes hablando de su día, de los pendientes con la banda y el nuevo horario de ensayos que estaba programando y ahora volvían a casa, Lope pensó todo el rato en su vida, en la relación que tenía con Víctor, en los lugares que podían estar sin molestar a nadie, en todo lo que compartían, quería que fuera así la vida con Unai, pero era difícil no parecer un pervertido mientras se morreaba con él a plena luz del día porque había comenzado a sentir un libido que estaba cada vez más contenido en su cuerpo y sabía bien que los besos no podían ir sin algún tipo de caricia.
—Ahí es nada —volviendo la mirada a su amigo.
—Obviamente no es tan fácil pero chico, ya no estamos por la labor de hacernos víctimas, si dejar la tuna va a acabar con esa sensación pues se deja —viendo a su amigo —, me oyes, se deja y punto redondo... Venga, que tengo deberes que terminar y no son cosa fácil.
Anduvieron en silencio, para esa parte de su caminara vespertina podían estar tranquilos disfrutando del aire que corría.
—¿De verdad lo crees? —preguntó mientras se detenían en la esquina Veracruz para que un coche pasara por la calle.
—Claro que no —mirando las calles estrechas y la torre de la catedral que parecía cercana a ellos —, lo correcto sería hablar con Unai, de tus inseguridades y resolverlo como pareja, pero, entiendo que puede ser difícil abrirse con alguien nuevo.
——//——
Lope había dado mil vueltas en el pasillo cercano a la puerta del aula en la que se reunía la tuna. En general era poco transitado a todas horas porque no había mucho de interés por ahí salvo la aulas especializadas para extraclases, así que nadie podía ver la agonía que lo tenía haciendo redondos en el suelo con su caminar.
Pensó que no era tan importante, que seguro que había más chicos esperando entrar o que con los que había se las apañarían, seguro le dirían que lo lamentaban mucho y que le echarían de menos pero le dejarían ir. Y cuando tuvo en su cabeza todas las respuestas posibles de nuevo una le hizo caer en ese círculo de dudas: ¿cómo se lo dirían a Unai?
—¿Pero, ha pasado algo?
—No, nada —respondió a modo de calmar la incertidumbre del líder de la tuna —, es por el trabajo, necesito un par de cosas y me han ofrecido más horas en el trabajo y...
—Pues nada, una pena, tenías futuro —sentenció animado —, aunque claro, invitado a volver cuando todo mejore y...
—Cariño aquí estás. Pero no me has avisado que venías.
Hubo un silencio inmediato; los que charlaban se giraron a ver entrar orgulloso a Unai diciendo aquello; con su mano en la cintura de Lope y una mirada desmesurada que irradiaba aquello que identificaban como amor, los que afinaban sus instrumentos fueron menos discretos ante tal sorpresa al callar de golpe.
—¿Qué, sois pareja? —preguntó Ramón, quien estaba delante de un Lope totalmente petrificado.
—Sí, a que soy el más afortunado —terminando de rodear a Lope con ambos brazos y poniéndose detrás de él.
Ramón miró a Lope, ahora entendía a santo de que venía aquella salida y porque había estado tartamudeado durante diez minutos frente a él antes de que Unai llegara.
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Amor a contracorriente
General FictionEs el mítico sueño de todo el mundo: un romance de verano. Un romance desatado, lleno de emociones y sentimientos que se vuelven incalculables, que duran toda la vida pero, ¿y si no es un sueño? ¿Y si no es como lo pensabas? ¿Qué haces cuando todo s...
