Extra II

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~ La noche del fin
y el nuevo comienzo ~


Sus pasos lo habían guiado precavido hacia la habitación de aquel que sabía culpable. Pagaría, claro que pagaría.
"Tú eres demasiado blando como para hacer nada" las palabras que alguna vez había escuchado se aferraban fuertemente de su memoria, repitiéndose en un bucle tortuoso a su oído mientras reafirmaba el agarre sobre una pequeña navaja, y entraba sigiloso al cuarto de aquel cadete.
Dentro, lo esperaba una imagen que no olvidaría por el resto de sus días, una que redefiniría el camino que recorrería hasta su fin.
La puerta se cerró tan pronto como se abrió luego de que su cuerpo atravesara entero el dintel, silencioso o más bien átono mientras veía al menos pensado estrangular con lo que parecía un cinto a quien iba a ser su víctima.
Podía reconocer a su amigo alzando el cuerpo del suelo, mientras cortaba el paso de cualquier gota de aire con una intención clara y desprovista de dudas, ajeno a su existencia.
'Ayuda' pareció modular el cadete con sus labios ahora morados al verlo, y mientras su rostro se amoratonaba, reconoció que aquellas palabras eran ciertas, era demasiado blando, él no sería capaz de hacer algo asi, aun cuando sus intensiones eran claras al entrar, su pulso aun dudaba y lo hizo hasta el último momento.
‒Aghat para ‒acercándose, jaló del agarre para hacer que lo liberara y en ello, la mirada de su amigo se volvió a verlo, pareciendo recién entonces notar que alguien más se encontraba allí.
La luz de un pequeño velador de escritorio era lo único que había iluminado la escena, y aun con aquellas tenues luces, pudo ver que algo no estaba bien. No había reconocimiento en la mirada de su compañero, su vista desprovista de intención, vacía... Allí no estaba su amigo.
La mirada nostálgica y soñadora con la que hablaba del futuro Aghat apareció en su cabeza como un flash, y el tiempo pareció detenerse.
¿Cuál era su propio futuro?
Su pasado, sus planes, su razón para estar estudiando para formar parte de un sistema que despreciaba desde lo más profundo de su alma, que le había quitado todo, todo pareció ensombrecido por la sonrisa idiota y llena de confianza de su amigo, ¿podría mantenerla cuando se lo juzgara por esto?
Una persona justa, juzgada por inmorales.


"Lamento tu pérdida" oyó la voz del comandante John Doe, supuesto amigo de su padre.
Su madre ya no estaba allí, solo él para recibir los respetos de los mismos hombres que tan solo años atrás habían descrito con grandes palabras a su padre, que aseguraban guardar la ley, y aquel sujeto era el peor de todos, solo que aun no tenía pruebas suficientes, aun no podía hacer nada.
"Debes saber que las puertas de mi casa siempre estarán abiertas para ti"
Las lágrimas se amotinaron con fuerza en sus ojos, nublando su vista y su cabeza con recuerdos. Ahora estaba solo, solo contra todo aquello demasiado grande para él, así se sentía.
"Puede estar tranquilo, estaré bien. Gracias por venir" interrumpió las palabras de aquel que hace ya mucho había dejado de oír, y cuando las suyas abandonaron sus labios, se sintió como traición, traición a sus padres, a lo que simbolizaban, lo que le habían enseñado... traición a sí mismo.
Aquel día abandonó el velorio sin dar explicaciones, ya no tenía a nadie a quien dárselas.
Estaba solo.
Estaba.


Su pulso dejó de dudar entonces.
Tomó impulso y apartó con fuerza a Aghat para que liberara al cadete, y antes de que este último recuperara el aire, cogió el cinto y giró sobre si, dejándolo a su espalda para de un energético tirón, terminarlo.
El cuerpo cayó pesado sobre el suelo cuando soltó el agarre, un sonido que recordaría hasta en sus sueños.
Frente a él, Aghat no parecía reaccionar aun, y sin permitirse pensar en nada, apagó la luz y lo sostuvo para guiarlo a su habitación, sin olvidar llavear aquella al salir.
Luego de despedirse, salió y se marchó de allí para ya no volver.


‒Radiel, recuérdame enviarles algún regalo a los superiores del Instituto, no sé qué tan limpio este todo ‒indicó al hombre que conducía el coche con una frialdad que aquel creía no haber visto antes en el joven, pero más que eso, era lo que estaba sugiriendo lo que lo tomó desprevenido.
Larsen se volvió a la ventanilla evitando la mirada inquisitiva en el retrovisor.
‒Sí señor.
Tal vez él no era la persona que lograría sus objetivos, pero tenía a otro dentro, mucho más capaz de cumplir con ellos que él.
Quién mejor para fingir creer que quien realmente creía.

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