El reencuentro en el museo

84 9 0
                                        

Capítulo 6

Poco a poco comencé a despertar de aquella visión que había presenciado. Me incorporé con dificultad y noté a varias personas alrededor, todas con expresión de preocupación por lo sucedido. Para mi buena suerte, Matthew no estaba en ese momento, lo cual me dio un extraño alivio. ¿Cómo explicaría que andaba con un cuervo en medio del museo?

—¿Está bien? —preguntó uno de los guardias del lugar.

—Sí, creo que sí... solo fue un golpe de calor —respondí, usando una excusa sencilla. No tenía intención de mencionar la verdadera razón de mi desmayo.

—¿Seguro que está bien? —insistió.

Asentí con la cabeza, intentando sonar convincente.

Me dirigí a una de las bancas dentro del museo para tomar asiento. Un suave graznido me hizo alzar la vista y vi a Matthew posado en una de las cúpulas. Le sonreí y le señalé discretamente el camino hacia los baños de caballeros.

Una vez dentro, me aseguré de que no hubiera nadie antes de entrar a un cubículo. Matthew apareció poco después, acomodándose sobre mis rodillas.

—¿Qué fue todo eso? —preguntó con preocupación, su voz cargada de nerviosismo—. Me preocupé mucho por usted, jefe. No sabía qué hacer.

—Estoy bien, descuida... solo que creo que vi algo —dije mientras tocaba mi cabeza, intentando aclarar mis pensamientos.

—¿Una profecía? —Sus ojos brillaron de emoción y curiosidad—. ¿Qué decía?

Intenté recordar las palabras con la mayor precisión posible. —Era algo sobre mí, sobre velos nocturnos y un enigma. Hablaba de ceder algo preciado y encontrar respuestas.

—¿No es algo complicado? —Matthew parecía pensativo—. Aunque, al menos tenemos algo de información. Tal vez podríamos buscar más pistas o consultar a algún oráculo. —Hizo una pausa antes de continuar, mirándome con seriedad—. Jefe, me asusté mucho cuando se desmayó.

—Estoy bien, de verdad. No te preocupes —respondí, acariciando suavemente su cabeza. No me había dado cuenta de que aún estaba sentado en el suelo hasta ese momento. Me puse de pie y respiré hondo. —Si alguien pregunta, solo fue un leve desmayo.

—De acuerdo, jefe —dijo, trepando a mi hombro mientras salíamos juntos del baño—. ¿Deberíamos regresar? Creo que Percy podría estar interesado en esta profecía. Tal vez sea el inicio de una nueva aventura.

—No quiero obligarlo a cargar con mis desastres. Lo único que busco son respuestas... Nunca pensé que perdería mi divinidad, y mucho menos imaginé que mis acciones tendrían consecuencias tan graves —dije mientras descendíamos por las escaleras y salíamos del museo.

El atardecer teñía el cielo con colores hermosos que se mezclaban de forma hipnótica. A lo lejos, distinguí a Thomas acompañado de un joven que parecía tener unos 17 o 18 años. Mi corazón dio un vuelco al verlo. No esperaba volver a encontrarme con él, pero algo en mi interior se sentía extraño. Era un sentimiento que no lograba descifrar. Quería acercarme, pero algo me lo impedía. ¿Qué era esta necesidad que me retenía y, al mismo tiempo, me empujaba hacia él?

—¿Dimitri? —Thomas me sacó de mis pensamientos al sonreír al verme—. ¿Qué haces aquí?

—Hola, Thomas —saludé, sintiéndome algo extraño al pronunciar su nombre—. Vinimos a recorrer el lugar. ¿Y ustedes?

—También. Traje a mi hermanito —respondió con una sonrisa.

—¿Es tu cuervo? —preguntó emocionado el joven a su lado, observando a Matthew—. ¡Es bonito! —dijo con una sonrisa amplia—. ¿Cómo se llama?

𝑺𝒖𝒆𝒏̃𝒐𝒔 𝒅𝒆𝒍 𝑶𝒍𝒊𝒎𝒑𝒐: 𝑼𝒏 𝒅𝒊𝒐𝒔 𝒆𝒏𝒕𝒓𝒆 𝒎𝒐𝒓𝒕𝒂𝒍𝒆𝒔Donde viven las historias. Descúbrelo ahora