Una sombra acosa sus sueños, la pérdida del viejo amor, una deuda con el pasado.
Después de que un espectro casi termina con su vida, José Leonardo iniciará una carrera contra el tiempo para descubrir la misteriosa razón de sus visiones y por qué se...
**Advertencia: uso de lenguaje altisonante y/u ofensivo**
Los eventos históricos narrados en esta historia son una reinterpretación y reimaginación de eventos históricos reales
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Después de tres trances, reconoció de inmediato el lugar al que llegó: estaba de vuelta en Tenochtitlan. En esta ocasión, despertó dentro de una pequeña casa ubicada a un costado del lago en la zona sur. La única persona ahí era una anciana que caminaba ansiosa de un lado a otro.
Minutos más tarde, una joven pareja entró presurosa a la casa, el hombre cargaba un talego en la espalda y la mujer sostenía afectuosamente a un bebé dormido en sus brazos.
"Yoltic", pensó al observar a los padres de su pasado. No pudo evitar sonreír al encontrar similitud entre ellos y sus propios padres.
Quizás estaban ahí para que la anciana leyera su destino, conjeturó José Leonardo. La pareja, sin embargo, no le prestó atención. El hombre empacó algunas pertenencias y provisiones en el talego con prisa, y la mujer sacó unas mantas.
—¿Bien? —preguntó la anciana impaciente.
—Nuestra decisión es definitiva. Partiremos esta misma noche —respondió el hombre.
—¡Perdición! Traerás desgracia sobre ti y los tuyos a causa de tu necedad —la anciana palideció impactada—. Tu imprudencia y tu rebeldía me insultan, manchan tu rostro con un deshonor no propio de nuestros ancestros.
—¡No arriesgaré la vida de mi hijo por salvaguardar el orgullo de otros!
—¡Blasfemo!
La anciana le soltó una bofetada.
—No puedes ver más allá de tu propio egoísmo —continuó la anciana—. Si el fin de tu hijo es la muerte, debes aceptarlo. ¿Desafiarías los comandos de los altísimos dioses por un capricho?
—Los dioses han hablado con claridad y jamás destinaron a Yoltic a la muerte sino lo contrario; nosotros no hacemos más que seguir sus órdenes sin titubeos. Son ellos quienes atentan contra los designios de los dioses, son ellos quienes actúan por capricho. Puedes venir con nosotros, si así lo deseas.
—La lectura admite varias interpretaciones, ¿quién eres tú para decir que has entendido correctamente lo escrito para este niño?
—No —se apresuró a decir la madre de Yoltic—, Yoalli y yo sabemos que fue definitiva y clara.
Por lo que infería de la plática, su tía Lucha se había equivocado y lo había enviado después de la lectura del destino de Yoltic. Ahora, no sólo no conocía su tonalli pasado, sino que estaba más intrigado que antes.
—Los adivinos se equivocan con frecuencia Izel.
—Poco importa si fue acertada o no, ellos creen que es la correcta y por eso ven a Yoltic como una amenaza —dijo Izel.