Capítulo 6

22 5 0
                                        

**Luna**

El ambiente en el buffet había sido tan tenso que apenas pude probar bocado. Durante toda la cena, sentí la mirada de Devon clavada en mí, ardiente como brasas, mientras sus dedos tamborileaban contra la mesa con impaciencia.

Dos horas después, ya en mi habitación, me preparaba para la noche en el club. El vestido azul ceñido a mi cuerpo resaltaba cada curva, los tacones añadían centímetros a mi estatura y el cabello suelto caía en ondas sedosas sobre mis hombros. Justo cuando aplicaba el último toque de labial, unos golpes firmes resonaron en la puerta.

Al abrir, me encontré con Devon.

La camisa blanca, abierta hasta el esternón, dejaba ver el contorno de su torso musculoso. El pantalón negro, ajustado, no dejaba nada a la imaginación. Apoyado en el marco, con una mano en alto y esa mirada que derretía el hielo, parecía sacado de un sueño prohibido.

-¿Puedo pasar? -preguntó, su voz un susurro ronco que me hizo estremecer.

-Claro.

Entró con paso seguro y se sentó en la cama, las piernas abiertas, los codos apoyados en los muslos. Yo me quedé de pie, apoyada contra la pared, cruzando los brazos para ocultar cómo me temblaban las manos.

-Luna, ¿por qué le diste tu número a un tipo que acababas de conocer? -Su tono era calmado, pero la ceja arqueada delataba la tormenta que se gestaba bajo la superficie.

-Porque es mi vida, Devon. Y puedo hacer lo que me plazca -respondí, imitando su falsa tranquilidad.

-¿Quieres volverme loco, verdad? -Sus ojos oscuros brillaron con algo peligroso.

-¿Perdona? ¿Por qué te pondrías loco? -pregunté, inclinándome ligeramente hacia él, dejando que el escote de mi vestido hiciera el resto.

*Quiero que seas mi primera vez.*

El pensamiento me golpeó con la fuerza de un rayo. No quería promesas ni poemas. Solo quería sus manos, su boca, su cuerpo enseñándome lo que era el placer. Todos hablaban de cómo Devon Clark era un maestro entre las sábanas, y yo estaba dispuesta a aprender.

Pero su respuesta me heló la sangre.

-Porque quiero cuidarte. Eres como mi hermana.

*¿Hermana?*

La palabra me quemó como ácido.

-No quiero que me cuides, Devon -espeté, clavándole las uñas en las palmas-. Y definitivamente no soy tu hermana.

-No lo puedo evitar. No quiero que te lastimen.

-¡NO ME IMPORTA LO QUE TÚ QUIERAS! -grité, sintiendo cómo el rencor me ahogaba.

-¿Y ahora qué pasa aquí? -La voz de Clara cortó el aire como un cuchillo.

Ella y Zein estaban en la puerta, mirándonos con curiosidad.

-¡Nada! -exclamé, forzando una sonrisa-. Devon, como siempre, molestando. ¡Vámonos!

Tomé a Clara de la mano y salí arrastrándola, sin mirar atrás.

La música vibrante y las luces estroboscópicas creaban un mundo aparte. Nos sentamos en una mesa, pedimos tragos, y aunque Clara y Zein intentaban animar el ambiente, la tensión entre Devon y yo era palpable.

Entonces, apareció Manuel.

-¿Qué tal estás, Luna? -dijo, plantando un beso en mi mejilla.

Saludó a Clara y a Zein con naturalidad, pero cuando extendió la mano hacia Devon, este lo ignoró por completo, clavándole una mirada que podría haber derretido acero.

El Peso Del DeseoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora