**Luna**
El sonido de sus pasos resonó en el corredor, cada pisada más cercana aceleró los latidos de mi corazón. Intenté arrojar el teléfono dentro del bolsillo secreto de la mochila, pero sus manos me agarraron antes de que pudiera cerrarlo.
-¿Qué demonios estás haciendo? -rugió, arrancando el dispositivo de mis manos.
El pánico me paralizó cuando revisó las llamadas recientes. Sus ojos, fríos como el acero, se clavaron en mí.
-¿Quién carajos eres tú? -escupió, apretando el celular hasta que los nudillos se le blanquearon.
-No sé de qué habla, señor -mentí, tratando de mantener la voz estable.
-¡Este número está guardado como *Clara*! -gritó, sacudiendo el teléfono frente a mi cara-. ¿Tú no eres ella, verdad?
El silencio pesó como una losa. Finalmente, bajé la mirada.
-No... pero soy igual de importante para Eduard. Se lo juro, pagarán lo que pida por mí.
-¡MALDITA SEA! -golpeó la pared con un puño, haciendo temblar el marco de la cama-. ¡Cállate! ¡No puedo pensar con esta mierda!
Salió de la habitación, dejando atrás un rastro de ira y el eco de la puerta al estrellarse contra el marco. Me dejó tirada en la cama, temblando, tratando de conciliar un sueño que nunca llegó.
***
Horas después, el chirrido de la puerta al abrirse me despertó. Lo vi entrar con la mirada nublada por una decisión tomada. En sus manos, el brillo metálico de una pistola captó la luz tenue de la habitación.
-Voy a tener que matarte -dijo, con una calma aterradora-. Por mucho que valgas, no eres su hija.
Sus palabras me atravesaron como cuchillas. *No era su hija*. Las lágrimas rodaron por mis mejillas, calientes y silenciosas. Dejó el arma sobre la mesa, pero entonces su expresión cambió. Una sonrisa torcida se dibujó en sus labios.
-Pensándolo bien... puedo divertirme contigo antes -susurró, acercándose con pasos lentos.
Salí de la cama como un resorte, pero sus brazos me atraparon. Sus manos ásperas me sujetaron mientras forcejeaba, su aliento a tabaco y odio llenó mis pulmones. Esperé el momento preciso y le clavé la rodilla en la entrepierna.
-¡Aaagh! ¡Puta! -aulló, doblando el torso, pero no lo suficiente.
Intenté alcanzar la pistola, pero me derribó. Ató mis muñecas y tobillos con una cuerda áspera que quemó mi piel. Se inclinó sobre mí, su peso aplastándome contra el colchón, cuando de pronto...
*¡Ding-dong!*
El timbre de la puerta lo paralizó. Con un juramento, me tapó la boca con cinta adhesiva y salió. El alivio fue fugaz.
***
Los golpes y los gritos llegaron desde el pasillo.Mi corazón saltó. La puerta se abrió de golpe, y allí estaba él, con el labio partido y el pecho agitado, pero sonriendo al verme.
-Luna... -jadeó, corriendo hacia mí.
Sus dedos temblorosos desataron las cuerdas. Me abracé a su cuello, pero apenas pude advertirle:
-¡Detrás de ti!
Wili embistió a Devon, derribándolo al suelo. Los vi forcejear, las manos del criminal alrededor del cuello de Devon, sus venas sobresaliendo bajo la piel. Sin pensarlo, agarré la pistola.
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El Peso Del Deseo
Romansa[HISTORIA COMPLETADA] Luna Steve perdió a sus padres a los 12 años y los padres de su mejor amiga y a la vez sus vecinos se conviertieron en sus tutores legales.Clara y Devon son hermanos hijos de este maravilloso matrimonio que acogió a Luna.¿Que p...
