Capítulo 5

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**Luna**

El corazón me latía con tal fuerza que temí que rompiera mis costillas. Salí de la habitación de Devon como si el infierno mismo me persiguiera, y al cerrar la puerta de la mía, me desplomé contra ella, resbalando hasta el suelo. Las mejillas ardían, las manos temblaban.

¿Qué demonios me pasó ahí?

Me llevé los dedos a los labios, aún sensibles por el beso de Devon. Su sabor, su calor, sus manos recorriendo mi espalda como llamas... Todo se repetía en mi mente en un bucle imparable.

¿En qué momento se me ocurrió que podría perder mi virginidad con él? ¿Acaso me he vuelto loca?

El timbre del teléfono me arrancó de mis pensamientos. Al ver el nombre en la pantalla, el estómago se me encogió.

-¿Qué deseas, Piter? -dije con voz gélida, mientras salía al balcón y arrancaba distraída un pétalo de la flor que adornaba la maceta.

-Linda, por favor, dime dónde estás -su voz sonaba empalagosa, falsa-. Necesitamos hablar. Lo de Lidia fue un error, un momento de debilidad...

-¡Ya te dije que no volveré contigo! -corté, aplastando el pétalo entre los dedos-. Jamás te perdonaré que te acostaras con ella solo porque no quise entregarte mi virginidad. Eres un idiota, Piter. Y lo peor es que lo sabes.

Decidí bajar al lobby. Quizá un café me ayudaría a calmar los nervios. Me coloqué la flor en el pelo, como un último acto de rebeldía contra el caos que sentía, y salí.

Iba camino a una mesa vacía cuando, de pronto, un cuerpo sólido chocó contra mí. Caímos al suelo en un torbellino de brazos y piernas, y la flor se desprendió de mi cabello, aplastada bajo la mano del desconocido.

-¡Dios mío, lo siento mucho! -Una voz masculina, cálida y melodiosa, llenó mis oídos-. ¿Estás bien?

Alcé la vista y me quedé sin aliento.

Era alto, más que Devon, con el pelo rubio como el trigo bajo el sol y unos ojos verdes que parecían sacados de un cuento. Su camiseta blanca, ajustada, delataba un torso esculpido, y cuando me tendió la mano para ayudarme a levantarme, noté la fuerza en sus dedos.

-Tranquilo, no pasa nada -dije, aunque el pulso se me aceleró al contacto.

Él recogió la flor destrozada y frunció el ceño.

-He arruinado tu adorno. Permíteme compensártelo con un café, al menos.

-Justamente a eso venía -sonreí, sintiendo por primera vez en horas que algo no iba mal.

Nos sentamos, y él, con modales de otro siglo, apartó mi silla antes de ocupar la suya.

-Manuel -se presentó, inclinándose levemente-. Y este es tu café bombón. Espero que lo disfrutes.

-Luna -respondí, probando la bebida dulce-. Y sí, es perfecto.

-Entonces, ¿qué te trae por aquí? ¿Negocios o placer? -preguntó, con una sonrisa pícara.

Soltó una carcajada cuando le señalé lo cliché de la pregunta, pero había algo en su mirada, una transparencia que invitaba a confiar.

-Vine de vacaciones con amigos, pero... el placer no es exactamente lo que he encontrado -murmuré, sin poder evitar mirar hacia donde Devon estaba, clavado en la barra, observándonos con ojos de tormenta.

Manuel siguió mi mirada y arqueó una ceja.

-Chica, si estás que ardes y no encuentras placer aquí, es que estás buscando en el lugar equivocado.

En ese momento, vi a Clara pasar cerca de Devon y desvié la vista rápidamente.

-Oye, sé que no nos conocemos, pero... ¿podrías hacerme un favor? -pregunté, jugueteando con la taza.

-Claro.

-¿Podrías... darme un abrazo?

Sus ojos brillaron con complicidad.

-Por supuesto. Pero antes dime... ¿a quién de ese grupo intentas poner celoso?

Me ruboricé hasta las orejas. ¿Cómo lo supo?

-Al de la derecha -confesé en un susurro.

Manuel no dudó. Me rodeó con sus brazos, un abrazo firme pero gentil, y sus labios rozaron mi oreja:

-Funcionó. Nos está mirando fijamente.

Una descarga de electricidad me recorrió la espalda. ¿De verdad Devon estaba celoso?

-Gracias -dije al separarme, sintiendo cómo su plan había surtido efecto.

-No hay de qué. Aunque, para ser honesto, ese hombre está como para encerrarlo en un cuarto y no dejarlo salir en días -comentó con una risa baja.

-Espera... ¿eres gay? -La pregunta me salió sin filtro.

-Sí -asintió, sin vergüenza-. Pero eso no significa que sea afeminado. Me gustan los hombres, pero me visto y actúo como lo que soy: yo mismo.

-Te entiendo perfectamente -sonreí, aliviada por su sinceridad.

En ese momento, mi teléfono vibró. Un mensaje de Devon apareció en la pantalla:

**Imbécil:** *Te estoy observando desde la barra. Termina con ese tipo y ven aquí. Vamos a comer.

Hice una mueca y levanté la vista hacia él, solo para encontrarme con una mirada que podría haber derretido hielo.

-Lo siento, Manuel, pero mis amigos me reclaman -dije, levantándome.

Él me tomó de la mano con urgencia.

-Espera. Dame tu número.

Se lo di, y antes de irse, susurró:

-No les digas que soy gay. Quiero ayudarte con tu plan.

-¿Crees que funcione?

-Seguro. Confía en mí.

Me abrazó una última vez, y al separarnos, noté cómo Devon apretaba los puños en la barra.

-¿Nos vamos a comer? -pregunté, con una sonrisa demasiado dulce.

-¿Son ideas mías o acabas de darle tu número a ese tipo? -Devon casi gruñó, los ojos clavados en mí.

Clara, siempre lista, se colgó de mi hombro.

-¡Obvio que mi amiga acaba de ligar! -canturreó.

Zein, pragmático como siempre, nos empujó hacia el buffet.

-Vamos, que me muero de hambre.

Mientras caminábamos, sentí la mirada de Devon quemándome la nuca. Clara hablaba a mi lado, pero sus palabras se perdían en el zumbido de mis pensamientos.

¿Estará celoso de verdad?

El Peso Del DeseoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora