Capítulo 10

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**Devon**

*Una semana después*

Siete días. Siete noches en las que mi cuerpo parecía tener voluntad propia, guiándome una y otra vez a la puerta de Luna. Cada encuentro avivaba un fuego que no entendía; siempre había sido capaz de saciarme y seguir adelante, pero con ella... con ella cada vez que la tocaba, necesitaba más.

El crujido de la puerta de mi habitación me sacó de mis pensamientos. Clara entró como un huracán, sentándose a mi lado en la cama con los brazos cruzados.

-¿Se puede saber adónde has estado yendo todas estas noches? - Su voz resonó con esa mezcla de preocupación y curiosidad que solo las hermanas menores saben conjurar.

-¿De qué hablas? - intenté evadir, concentrándome en abrochar mi reloj.

-No me mientas, Devon. Soy tu hermana y sé que no has estado con Zein cada vez que desapareces - insistió, inclinándose hacia mí.

-Claro que no he estado con Zein, porque tú lo monopolizas - respondí con una sonrisa burlona.

-¡Oye! No cambies de tema - protestó, dándome un codazo.

No pude evitar reírme mientras le pasaba un brazo por los hombros.

-Estoy viendo a alguien - admití finalmente.

-Eso es obvio. Lo que quiero saber es quién es - insistió, mirándome con esos ojos azules que siempre vieron más de lo que yo quería mostrar.

-No es importante, Clara. Ya sabes cómo funciono - dije, apartando la mirada. (Al menos, eso creía).

-Tú y Luna han estado actuando muy raro últimamente - murmuró, observando mi reacción.

-¿Luna? - La tensión en mis hombros fue instantánea.

-Sí, últimamente no tiene tiempo para nada. Bueno, como sea, mamá y papá quieren hablar con nosotros. Vamos.

El aroma a churros recién hechos llenaba el aire cuando bajamos. Mi padre, alto y distinguido con su cabello canoso que le daba un aire de sabiduría, estaba absorto en el periódico. Él había sido mi héroe desde niño, el hombre que me enseñó que la disciplina era el camino al éxito, aunque su excesiva confianza en la gente casi lo había llevado a la ruina años atrás.

Mi madre, con su gracia eterna y su melena rubia como la de Clara, colocaba los platos con precisión militar. La empresaria exitosa que elegía hornear galletas los domingos, la mujer fuerte que lloraba en las películas románticas.

-¡Qué bien huele! - exclamé, robando un churro del plato.

-¡Devon! - rió mi madre, dándome un golpecito con la espátula.

El timbre sonó y mi padre se levantó con determinación.

-Yo abro - anunció, saliendo de la cocina.

-Espera, ¿por qué va papá? Teresa siempre... - comenzó Clara, frunciendo el ceño.

-Le dimos el día libre - explicó mi madre, su voz adoptando un tono inusual. - Tenemos que hablar de algo importante.

-¡Buenos días! - La voz de Luna hizo que me girara tan rápido que casi tuerzo el cuello.

-¿Qué haces aquí? - Las palabras me salieron antes de poder detenerlas.

-Buenos días a ti también, Devon - respondió Luna, poniendo los ojos en blanco antes de abrazar a mi madre con naturalidad.

-La invitamos a desayunar - explicó mi padre al regresar. - Esto nos concierne a todos.

El ambiente se volvió denso cuando mi padre dejó el periódico sobre la mesa. La foto en primera plana mostraba un rostro que creía haber dejado atrás: Wili, el hombre que había traicionado a mi padre, que había jurado venganza contra nuestra familia.

-Se escapó de prisión anoche - anunció mi padre, pasándose una mano por el cabello. - Las autoridades no tienen pistas.

-¡Mierda! - Me levanté tan bruscamente que la silla cayó al suelo. - ¡Ese bastardo juró destruirnos!

-Devon - la voz de mi padre era un muro de calma. - Por eso nos vamos a la casa de la playa hoy mismo. Empaquen lo esencial.

La camioneta familiar avanzaba por la carretera costera. Yo estaba atrapado entre la ventana y Luna, cuya proximidad me quemaba más que el sol del mediodía. Clara dormía recostada contra ella, ajena a la tormenta en mi cabeza.

Con cuidado, deslicé mi mano sobre la de Luna. Ella miró nuestro contacto fijamente, pero no lo rompió. Sus dedos temblaron ligeramente bajo los míos, y por un momento, todo lo demás desapareció.

El coche de Zein estaba estacionado frente a la casa cuando llegamos. Clara salió disparada hacia él antes de que pudiéramos detenerla.

-¡No toques a mi hija delante de mí! - bramó mi padre con voz de trueno, haciendo que Zein palideciera visiblemente. Luego estalló en carcajadas. - ¡Relájate, muchacho! Era una broma.

-¿Cuándo pediste su mano? - pregunté, acercándome a Zein con una sonrisa.

-Ayer - respondió él, recuperando el color. - Fui a ver a tu padre a la oficina.

-¡Lo hiciste bien! - dije, dándole una palmada en la espalda que casi lo hace tropezar.

La noche cayó sobre la casa de playa. Mis padres se retiraron temprano, dejándonos a nosotros en la sala con una película que nadie veía realmente. Clara y Luna susurraban en el sofá, hasta que de pronto, nos quedamos solos.

-¿Adónde se fueron? - pregunté, fingiendo interés en la pantalla.

-Clara quería estar a solas con Zein - murmuró Luna, jugando con el dobladillo de su pijama.

Me acerqué lentamente, hasta que mi aliento rozó su oreja.

-¿Y tú? ¿Querías estar a solas conmigo? - susurré.

No le di tiempo a responder. Mis labios encontraron los suyos con una urgencia que ya no podía contener. Su sabor a menta y algo inherentemente Luna me embriagó. La tumbé sobre el sofá, perdiendo mis dedos en su cabello, cuando...

-¿QUÉ DEMONIOS?

La voz de Clara cortó el aire como un cuchillo. Nos separamos bruscamente. El rostro de mi hermana estaba bañado en lágrimas, sus ojos azules -tan parecidos a los míos- brillaban con traición y dolor. Detrás de ella, Zein parecía querer desaparecer en la pared.

Vi cómo Clara corría hacia las habitaciones, seguida por los gritos de Luna llamándola. Me quedé paralizado, el sabor de Luna aún en mis labios, el peso de mi traición aplastándome el pecho.

Por primera vez en mi vida, no sabía qué hacer. Por primera vez, el gran Devon Clark estaba completamente perdido.

El Peso Del DeseoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora