Capítulo 7

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**Luna**

El amanecer llegó sin que yo hubiera podido conciliar el sueño. Las imágenes de la noche anterior se repetían en mi mente como una película en bucle: la furia en los ojos de Devon, el sabor amargo del rechazo, el vacío que dejó su ausencia cuando lo eché de mi habitación.

Miré el reloj en la mesilla de noche. *¿Once de la mañana?* Me incorporé de golpe, aturdida. *¿En serio había pasado tanto tiempo revolcándome en mis pensamientos?*

Tomé el celular y vi los mensajes de Clara:

**Clara (9:20 a.m.):** *Buenos días, Bella Durmiente. Te esperamos en el bufet para el desayuno.*

**Clara (9:54 a.m.):** *¿Chica, aún duermes?*

**Clara (10:38 a.m.):** *Cuando despiertes, llámame. Vamos para la piscina. Parece que tienes mucho que contarme de anoche. 😉*

Me vestí apresuradamente, y al abrir el armario, me detuve frente a los bikinis. Uno en particular llamó mi atención: un regalo de Clara del año pasado, negro, diminuto, con un escote audaz que nunca me había atrevido a usar. Pero hoy era diferente. Hoy quería que Devon me viera con otros ojos.

El sol brillaba con fuerza cuando llegué al área de las tumbonas. Clara estaba recostada, con sus gafas de sol puestas, mirando fijamente hacia la piscina.

-¿Qué miras con tanto interés? -pregunté, acomodándome a su lado-. ¿Dónde están los demás?

Sin apartar la vista, levantó ligeramente sus gafas con un dedo, y en sus ojos vi una chispa de furia contenida. Con el otro dedo, señaló hacia la piscina.

Mi corazón se aceleró al verlos: Devon y Zein, empapados, jugando al voleibol acuático con dos chicas morenas de curvas pronunciadas y sonrisas coquetas. Las gotas de agua resbalaban por la espalda de Devon, dibujando senderos sobre su piel bronceada. Cada vez que saltaba para golpear la pelota, los músculos de su abdomen se tensaban, y yo, absurdamente, sentí un pellizco de celos.

*¿En serio estoy celosa de una pelota?*

Zein no se quedaba atrás. Su cabello rubio, casi dorado bajo el sol, y su cuerpo atlético -resultado de años como estrella del fútbol americano- lo hacían destacar. Pero mi atención siempre volvía a Devon, a su sonrisa despreocupada mientras interactuaba con esas chicas.

-Clara, deja de mirarlos así -susurré-. Se van a dar cuenta.

-Para eso lo hago -masculló, ajustándose las gafas-. Llevan una hora pegadas a ellos como lapas.

-¿Estás celosa? -pregunté, arqueando una ceja.

-¡Obvio! Ese es *mi* hombre. Bueno, *mis* hombres -corrigió, lanzándome una mirada significativa-. Porque no voy a permitir que cualquier bruja se acerque a mi hermano.

Sonreí, pero por dentro, un nudo se formó en mi estómago. *¿Por qué no le cuentas a Clara lo que sientes por Devon?* Ella siempre había insinuado que le encantaría vernos juntos. Pero yo no quería una relación. Y Devon tampoco. ¿Para qué ilusionarla?

-Luna, ¿me estás escuchando? -Clara me sacó de mis pensamientos.

-¿Ah?

-Últimamente siento que me ocultas cosas -dijo, frunciendo el ceño.

-Te juro que no -mentí, desviando la mirada-. Solo estoy un poco cansada después de anoche.

Su expresión cambió al instante, y una sonrisa pícara apareció en sus labios.

-Cuéntamelo todo y exagera.Anoche, cuando me escribiste, busqué a Devon, pero tampoco lo encontré. Dijo que se iba a acostar.

-No pasó nada -me encogí de hombros.

-¿No te fuiste con Manuel? Pensé que te había acompañado a tu habitación.

-No, solo me despedí y...

*¡Paf!*

Una pelota de voleibol me golpeó en la cabeza, cortando mi frase a medias.

-¡Auch! ¿Quién diablos...? -me quejé, levantándome con la pelota en la mano. Mis ojos se clavaron en la piscina, donde Devon y Zein estaban junto a las morenas.

-¡Lo siento! Fue sin querer -gritó una de ellas, ondeando una mano.

-Ten más cuidado la próxima vez -refunfuñé, devolviéndoles el balón con un lanzamiento firme.

Me senté de nuevo, y en ese momento, un camarero se acercó con dos cócteles. Clara, con esa sonrisa traviesa que siempre precedía a sus ideas más descabelladas, se inclinó hacia mí.

-Oye, ¿puedes hacernos un favor? -le dijo al camarero, dulcemente.

-Claro, señorita. Dígame.

-¿Podrías ponernos bloqueador solar? -preguntó, mientras, sin ningún pudor, se soltaba la tira de su bikini y se daba vuelta boca abajo.

Mi mandíbula cayó al suelo. El camarero, sin perder la compostura, tomó la crema y comenzó a extenderla sobre su espalda con movimientos que parecían más un masaje sensual que una simple aplicación de protector solar.

Por instinto, miré hacia la piscina.

Zein estaba petrificado, con los ojos clavados en la escena, los puños cerrados y la mandíbula tensa. Y Devon...

*Oh, Dios.*

Devon no miraba a Clara.

Me miraba a mí.

Sus ojos, oscuros como la noche, ardían con una intensidad que me dejó sin aliento.

-Clara... -musité, sintiendo cómo el calor subía por mi cuello-. Creo que esto no fue una buena idea.

Ella solo rió, disfrutando del espectáculo.

-Relájate. A veces, un poco de competencia es justo lo que necesitan para recordar lo que tienen.

Y entonces, sin previo aviso, el camarero se volvió hacia mí.

-¿Señorita? ¿Desea que le aplique bloqueador también?

El Peso Del DeseoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora