Luna
Desperté en la cama de mi mejor amiga con la cabeza hecha un volcán, un dolor punzante que irradiaba desde mis sienes hasta la nuca, y la boca convertida en un desierto. Lentamente, como fragmentos de un sueño confuso, los recuerdos de la noche anterior comenzaron a filtrarse en mi mente. Recordé la cercanía de Devon, la forma en que su mano se había posado en mi cintura, un contacto fugaz que había provocado una inexplicable descarga eléctrica en todo mi cuerpo.
¿Qué demonios me está pasando? Me pregunté, luchando contra la punzada de una emoción familiar y prohibida. No hay manera de que mi amor infantil resurja. Él es un idiota, un Don Juan consumado, como evidencian las crueles palabras que le dirigió a Lia en su habitación. ¿Cómo puede tratar así a una mujer con la que pretende intimar? Pero mi desconcierto se extendía a ella también. Lia es atractiva, rica e inteligente. ¿Por qué tolera semejante trato? Hay aspectos del comportamiento humano que escapan a mi comprensión.
-Buenos días, alma de la fiesta -dijo Clara, entrando a la habitación con su habitual energía matutina.
-Buenos días -respondí con un hilo de voz, aún luchando contra las secuelas del alcohol-. ¿Podrías explicarme por qué me permitiste beber tanto anoche? Sabes perfectamente que mi tolerancia es mínima.
-Cálmate, Luna -replicó Clara con una sonrisa indulgente-. Algún día tenías que experimentar los "encantos" de la resaca. Además, ya eres mayorcita como para que tenga que cuidarte en cada paso.
-Tenemos exactamente la misma edad -le recordé, un matiz de burla en mi tono.
-Anda, levántate y baja a desayunar. Mis padres nos han reservado unos días en un hotel como regalo por haber aprobado los exámenes y para que disfrutemos de las vacaciones.
-¿En serio? -exclamé, sintiendo un ligero alivio ante la perspectiva de un cambio de aires-. Qué bien, necesito despejar la mente y, sobre todo, alejarme de tu adorado hermano. Ayer me hizo pasar un momento bochornoso en la fiesta.
-Solo se preocupa por ti, supongo que te ve como a una hermana -comentó Clara, sin percatarse de la punzada que sus palabras habían infligido en mi corazón. No entendía por qué escuchar esa simple afirmación me había provocado una sensación tan amarga.
-Además, dudo mucho que puedas librarte de él estando en el hotel -añadió, con una sonrisa pícara que no presagiaba nada bueno.
-¿No me digas que también va a ir? -pregunté, mi tono revelando una mezcla de sorpresa y un atisbo de... ¿decepción?
-Pues sí.
-Joder -murmuré, fingiendo una mueca de fastidio, aunque una pequeña y rebelde chispa de alegría danzaba en mi interior.
-Anda, baja a desayunar mientras voy a buscar tus cosas a tu casa.
-Vale. ¿Tienes tus llaves?
-Obvio, nunca las perdería -respondió con su habitual seguridad.
Sonreí y me dirigí al baño para asearme. Escuché el grito de despedida de Clara y el suave clic de la puerta al cerrarse. Salí del baño, sintiéndome ligeramente renovada, y me puse un vestido de Clara que encontré doblado sobre la cama.
Caminé directamente hacia la cocina y lo vi allí, de espaldas, sentado a la mesa. Instintivamente, giré sobre mis talones con la intención de escabullirme en silencio, pero su voz me detuvo en seco.
-Te sentí bajar por las escaleras. No tiene sentido que te vayas. Debemos hablar.
Me giré lentamente y caminé hacia la nevera. Saqué un vaso, lo llené con jugo de naranja y me senté a la mesa frente a él, agarrando una tostada mientras decía con una calma forzada:
-¿Sobre qué quieres hablar?
-Sobre anoche, por ejemplo -respondió, su mirada fija en mí.
Puse una expresión de molestia y fruncí el ceño.
-¿Te refieres al momento en que me hiciste un espectáculo frente a todos, como si fuera una niña pequeña?
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El Peso Del Deseo
Romansa[HISTORIA COMPLETADA] Luna Steve perdió a sus padres a los 12 años y los padres de su mejor amiga y a la vez sus vecinos se conviertieron en sus tutores legales.Clara y Devon son hermanos hijos de este maravilloso matrimonio que acogió a Luna.¿Que p...
