Capítulo 12.

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2024.

Gelsenkirchen, Alemania.

Viernes, 21 de junio.

— Esto sí que es ilegal. — Lidia ríe al escuchar la voz de Kylian en su oreja, la chica sorbe por una pajita para beber del coctel que tiene entre manos. — Confraternizar con el enemigo, Lili, ¡y mañana jugamos!

— Vete. — Susurra ella, luego ya llego yo, total mañana libro. — De verdad.

— ¿Vas a estar bien? — La rubia asiente, mirando hacia su amigo.

— Está Théo, no te preocupes.

— Y tu ex.

— Y mi novio, tranquilidad, Ky, que todo va a salir bien. — El moreno rueda los ojos y deja un beso en la frente de la chica.

— Me fio de ti.

— Que iluso eres. — Ambos ríen y ella lo observa marchar tras despedirse de algunos de los jugadores.

Lidia gira la cabeza para mirar en dirección a su novio, es la primera vez que está con él desde el encontronazo, y el chico parece seguir ignorando su presencia. Una caricia en la espalda de la española hace que esta se estremezca.

— ¿No te piensas acercar? — Robin se encuentra detrás de ella, tentándola, cómo siempre. — Porque si yo fuera tu novio no te dejaría aquí demasiado tiempo sola, algunos de los chavales ya te han echado el ojo. — Mira hacia la camiseta y ríe en bajo, acerca la boca a su oreja y susurra. — Y la camiseta no surte efecto, Lid.

— Déjame, Robin. — Comenta ella sin dejar de mirar hacia su pareja, que comenta algo con uno de sus amigos. — No se puede enterar de que te conozco.

— No tiene por qué saberlo. — Deja un beso en el lóbulo de su oreja tras decir eso, y abandona el lado de Lidia con una sonrisa triunfal.

La rubia inspira profundamente y aguanta en sus pulmones el aire, intentando relajar el monstruoso ritmo de su corazón. Los ojos de su pareja la encuentran en la distancia, él le hace un gesto para que se acerque a su pequeño grupito.

— Lid, cariño... — Él besa rápidamente sus labios, la nota instantáneamente incómoda.

— No me llames Lid. — Comenta con voz ronca, nota la presencia de Robin a sus espaldas y escucha la risa suave que él suelta.

— Perdón. — La rubia sonríe dejándose abrazar por él. — Creo que nunca te he llegado a presentar bien a mis colegas: Pedri, el niño de oro. — Lidia sonríe estirando la mano hacia él.

— Que formal. — Comenta el centrocampista con una amplia sonrisa.

— De internado francés, chaval, mi chica tiene caché. — Ambos escuchan una tos a la espalda de la rubia, que llama la atención de Lidia, pero pasa desapercibida para su pareja.

— Encantada, no le hagas ni caso. — La encantadora sonrisa de la fisioterapeuta brilla, y encandila a los futbolistas que tiene delante.

— Ellos son Lamine, Nico y Fermin, mi trío calavera personal. — Ríe el jugador, Lidia repite la misma acción que con Pedri. — Son como Camavinga, Tchouaméni y Kylian para ti.

eighteen • Robin Le NormandDonde viven las historias. Descúbrelo ahora