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La noche había caído y el Moby Dick estaba en silencio. Marco no podía dejar de pensar en Ace. Sabía que Ace podía transformarse en lobo, pero no entendía por qué había huido de esa manera. Sin decirle a nadie, se escabulló del barco en la oscuridad de la madrugada, decidido a encontrar a Ace y entender lo que estaba pasando.
Con pasos silenciosos, Marco se adentró en el bosque, siguiendo el rastro que Ace había dejado. La luz de la luna apenas iluminaba su camino, pero sus sentidos estaban agudizados. Después de un rato, escuchó un movimiento entre los árboles y vio el brillo de unos ojos rojos en la oscuridad. Era Ace, en su forma de lobo.
—Ace —llamó Marco en voz baja, acercándose con cautela.
Ace gruñó, mostrando los colmillos. Sus ojos reflejaban desconfianza y hostilidad. Marco levantó las manos en un gesto de paz, manteniendo la distancia.
—No vine a pelear, Ace. Solo quiero hablar.
El lobo negro se transformó lentamente en su forma humana, sus ojos aún fijos en Marco con una mirada desafiante.
—¿Por qué me seguiste, Marco? —preguntó Ace, su voz fría.
—No podía dejarte solo así. Necesito entender por qué te fuiste —respondió Marco con sinceridad.
Ace bufó, cruzando los brazos.
—No es asunto tuyo. No tienes derecho a seguirme.
Marco dio un paso adelante, manteniendo la calma.
—Puede que no tenga derecho, pero me importa lo que te pase. No quiero que estés solo en esto.
Ace frunció el ceño, su desconfianza evidente.
—No necesito tu ayuda ni tu lástima. Solo estoy es está estúpida isla por mi contrato que acepte.
Marco suspiró, sabiendo que la confrontación directa no llevaría a ninguna parte.
—No es lástima, Ace. Es preocupación. Eres importante para mí, y no quiero perderte.
Ace lo miró fijamente, sus ojos suavizándose por un instante antes de endurecerse de nuevo.
—Entonces vete, Marco. No necesito a nadie.
Marco sabía que las palabras no bastarían para convencer a Ace. Tenía que demostrarle que estaba allí para quedarse, sin importar cuán hostil se pusiera.
—No me iré,no te dejaré solo —dijo Marco firmemente.
Ace lo observó en silencio, sus emociones en conflicto. Finalmente, se dio la vuelta y se adentró más en el bosque.
Marco lo siguió a una distancia prudente, respetando su espacio pero sin perderlo de vista. Sabía que la clave para llegar a Ace era la paciencia y la persistencia. Aunque la noche fuera larga y llena de desafíos, estaba decidido a no abandonar a su alma gemela, sin importar cuán difícil fuera el camino.
La noche se cernía sobre el bosque, iluminado solo por la pálida luz de la luna. En el claro, Marco se mantenía firme mientras Ace, en su forma humana, lo enfrentaba. El ambiente estaba cargado de tensión, y la voz Omega dominante de Ace retumbaba en el aire.
—¿Por qué insistes en seguirme, Marco? ¿Qué es lo que realmente esperas conseguir aquí? —preguntó Ace, su tono frío y desafiante.
Marco no retrocedió, su presencia imponente y su voz cargada de una autoridad serena.
—Porque me importa lo que te está pasando. Y no estoy aquí solo para seguirte, estoy aquí para entender lo que te preocupa. —La firmeza en su voz era inquebrantable.
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𝙼𝚒 𝚙𝚎𝚚𝚞𝚎ñ𝚘 𝚕𝚘𝚋𝚘 𝚌𝚘𝚗 𝚙𝚎𝚌𝚊𝚜
Hombres LoboAce es un cachorro lobo Omega dominante que no tiene padres pero tiene a su cuidadora y a sus hermanos y que mientras va creciendo va viendo el mundo y le pasan grandes cosas que cambiarán su vida
