>[ROTO]<

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Ace estaba profundamente dormido en su camarote, envuelto en la oscuridad. La brisa del mar entraba suave por la pequeña ventana, pero no era suficiente para calmar la tormenta que se avecinaba en su subconsciente. En su mente, la pesadilla comenzaba a tomar forma nuevamente, arrastrándolo a un pasado que intentaba, sin éxito, dejar atrás.

En la visión, Ace se encontraba en cubierta, respirando con rapidez mientras observaba a Teach acercarse sigilosamente hacia Thatch, quien estaba absorto en la fruta que había encontrado. El brillo ansioso en los ojos de Teach encendió las alarmas en Ace. Sabía que algo iba mal, y sin pensarlo, se abalanzó para intervenir.

-¡Teach, aléjate de Thatch!- gritó Ace con furia.

Pero su advertencia llegó demasiado tarde. Teach, con una sonrisa despiadada, ya había clavado su cuchillo en el costado de Thatch. Ace se quedó petrificado al ver a su amigo, su hermano, desplomarse mientras la sangre comenzaba a empapar la madera del barco.

-¡Bastardo! - Ace rugió, lanzándose sobre Teach con furia, con la única intención de acabar con el traidor. Sus puños ardían de ira y de fuego, pero justo en el momento en que iba a golpear a Teach, algo lo detuvo. Una figura conocida, una presencia cálida y familiar que siempre le había dado paz, estaba ahora frente a él con el rostro distorsionado por el enojo.

Era Marco, acompañado por Barbablanca.

-¿¡Qué demonios estás haciendo, Ace-yoi!?- gruñó Marco, con una mirada llena de desdén.

Ace no pudo responder, completamente aturdido. ¿Por qué le miraban así? Teach se acercó tambaleándose, con una expresión herida y fingida, señalando a Ace con un dedo tembloroso.

-¡Marco, Oyaji! ¡Ace intentó matar a Thatch! Lo apuñaló sin razón... -murmuró Teach, con lágrimas falsas en los ojos.

Ace sintió que la sangre le hervía. -¡Eso no es cierto! ¡Fue Teach! ¡Él apuñaló a Thatch, yo solo traté de detenerlo!

Pero la mirada de Barbablanca se oscureció. -No esperaba esto de ti, Ace. No de alguien a quien le dimos un hogar y confianza. Has traicionado a la tripulación.

Ace abrió la boca para protestar, pero las palabras no salían. Marco, con el rostro lleno de decepción y furia, se acercó y sin una palabra, le dio un golpe seco que lo dejó inconsciente. Todo se volvió oscuro de nuevo.

Cuando despertó en su pesadilla, estaba en el calabozo del barco. Las paredes frías y el olor a humedad le provocaban náuseas. No entendía cómo había llegado ahí, ni cómo habían sido capaces de creerle a Teach y traicionarlo de esa forma. Su propio cuerpo temblaba, y el silencio solo era roto por los pasos que se acercaban.

La puerta se abrió, y Marco y Barbablanca entraron. Los ojos de ambos reflejaban una profunda decepción y furia. Ace apenas pudo sostenerles la mirada.

-¿Por qué, Ace? - preguntó Marco con la voz rota, casi inaudible. -Thatch confiaba en ti... nosotros confiábamos en ti.

Ace intentó hablar, pero Barbablanca alzó la mano. -Te di un hogar, Ace. Te traté como un hijo. Y así es como me pagas...

Ace sintió como el peso de sus palabras lo aplastaba, como si las paredes del calabozo se cerraran sobre él. Pero antes de que pudiera defenderse, Barbablanca pronunció las palabras que más temía:

-Ya no eres bienvenido en este barco.

Al salir de su pesadilla, la oscuridad de su camarote le hizo sentir como si aún estuviera atrapado en ese calabozo. Abrió los ojos de golpe, respirando de forma entrecortada y sintiendo cómo el sudor empapaba su frente y su cuerpo. Su corazón latía tan fuerte que apenas podía escuchar algo más que el zumbido en sus oídos. Se llevó una mano al pecho, tratando de calmar su respiración, pero nada parecía funcionar.

𝙼𝚒 𝚙𝚎𝚚𝚞𝚎ñ𝚘 𝚕𝚘𝚋𝚘 𝚌𝚘𝚗 𝚙𝚎𝚌𝚊𝚜Donde viven las historias. Descúbrelo ahora