PRIMERA PARTE DE LA SAGA BEAST, UNA NOVELA CON MÚLTIPLE NARRATIVA.
UN ROMANCE PARANORMAL PARA TODOS LOS HIJOS DE LA LUNA.
¿Ustedes creen en leyendas y cuentos de hadas?
Porque yo no... no las creía.
Adeline Cowen es una joven que a sus 18 años ha v...
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A la mañana del día siguiente, me levanté de la cama, me puse mi pantalón de mezclilla, mis botines color tierra, una blusa azul de cuello "V" y un suéter rosa. Levanté la mochila y me la colgué en el hombro, bajé las escaleras y miré al tío Charl en la mesa tomando el desayuno con la Señora Morganstein, parecía preocupado.
–– Buenos días, Ady, ¿Cómo estás?
–– Estoy bien.
–– Luces terrible –– murmuró la señora Morganstein.
–– América me invitó a una fiesta.
El tío Charl me sonrió, parecía más tranquilo con esas simples palabras.
–– ¡Fantástico!, veo que has hecho amigas.
Dio un sorbo a su café.
–– Sí, nos vamos a quedar en casa de América para ir la fiesta.
–– ¿Qué pasa con tu trabajo? –– preguntó la señora Morganstein.
–– No hay de qué preocuparse, iré a trabajar y después de salir me iré a casa de América para ir a la fiesta.
Sentía que mi voz era mecánica, programada, monótona, después del desayuno, el cual realmente solo revolví con el tenedor, nos fuimos a la universidad.
Caminé hasta la entrada del edificio, todo parecía igual, pero yo no me sentía igual, no quería hablar con nadie, no tenía hambre, todo era tan irrelevante. Cuando entré al aula Austin ya estaba en su lugar, me sonrío al verme, yo solo suspiré y miré a Nora en su lugar con América, caminé hasta ellas, dejé caer la mochila en el suelo y me senté, ambas me miraban, pero ninguna decía nada.
–– Te ves terrible.
Nora tuvo que romper mi perfecto silencio, no le respondí y me recosté en el pupitre como si no hubiera escuchado nada.
–– Ya pedí permiso y me puedo ir antes de la fiesta a tu casa América, después del trabajo.
–– ¡Es perfecto!, podemos arreglarnos mientras hablam... –– su voz se fue apagando –– En serio, te ves terrible, ¿Qué pasó?
Recargué mi cuerpo en el respaldo del pupitre, eso es lo que también me preguntaba yo. El profesor entró.
–– ¡Todos a sus lugares!
Agradecí que me salvara de sus preguntas, aunque no presté atención a la clase. Cuando llegó la hora del descanso caminamos hasta la cafetería, miraba la charola de comida, pero realmente no quería comer. América estaba a mi lado mientras Nora nos miraba desde el otro lado de la mesa.