Escuché que te veías feliz.
Y no voy a mentir: al principio dolió.
Doler de ese modo que aprieta el pecho
y recuerda que mientras tú seguías adelante,
yo aún intentaba aprender a respirar.
Antes de que llegaras, yo ya sobrevivía a medias, pero apareciste como si fueras a salvarme, como si supieras exactamente dónde aliviar.
Y por un momento lo hiciste.
Hasta que decidiste que no era suficiente
y fuiste a buscar algo más.
Entonces todo lo que creí haber dejado atrás volvió, y esta vez tú ya no estabas.
Espero que seas feliz.
Aunque a veces la idea todavía me resulte injusta.
