Evito ese lugar donde nos vimos por primera vez.
Porque fue ahí donde descubrí lo distinta que era yo de ti.
Recuerdo lo nerviosa que estaba:
Mis manos frías, mi voz temblando, la sensación de no saber muy bien cómo comportarme.
Tú no parecías dudar.
No estabas nervioso, no había torpeza en tus gestos.
Entonces lo supe, yo era la única inexperta,
la única que no entendía si estaba haciendo algo mal.
Ese día no hubo abrazos, ni besos.
Sólo tu mano tomando la mía como si fuera lo más natural del mundo.
Para ti fue un gesto cualquiera.
Para mí fue demasiado.
Y quizá por eso ese lugar sigue doliendo:
porque no guarda una historia, sólo guarda la inocencia de un momento en el que yo temblaba y tú no.
Evito el lugar donde nos vimos por primera vez porque los recuerdos llegan antes que yo y la nostalgia me abraza.
