XIX

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Ese día en que la desesperanza había vuelto,
cuando el cansancio pesaba más que yo misma
y los pensamientos oscuros insistían en quedarse, mi celular sonó.

Eras tú.

Y sin saberlo, sin buscarlo, con una simple conversación cualquiera me sacaste de ese lugar. Me mantuviste distraída, me sostuviste sin darte cuenta.

Me salvaste sin saber que lo hacías.

Nosotros nunca Donde viven las historias. Descúbrelo ahora