Ese día en que la desesperanza había vuelto,
cuando el cansancio pesaba más que yo misma
y los pensamientos oscuros insistían en quedarse, mi celular sonó.
Eras tú.
Y sin saberlo, sin buscarlo, con una simple conversación cualquiera me sacaste de ese lugar. Me mantuviste distraída, me sostuviste sin darte cuenta.
Me salvaste sin saber que lo hacías.
