Capitulo 11.

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¡Maldición! Han transcurrido al menos treinta minutos y nada que abren las puertas del jodido elevador.

permanezco de pie haciendo mil y un intentos para tratar de abrir las puertas, el calor me puede y el humor lo llevo de la patada, siento que me falta el oxígeno, además la señora que subió conmigo permanece tumbada en el piso casi que delirando y muy asustada, al parecer es claustrofóbica.

¡Dios mio que no se me vaya a morir aquí!

¡Jodeer Andreina!

¿que son esos pensamientos?

Pasaron unos cinco minutos y escuche unas voces tras el elevador.

—¿se encuentra alguien dentro? —preguntaron por el otro lado de las puertas.

—Si, por favor, sáquenos de aquí. —Grite con todas mis ganas.

—Ya la vamos a sacar señorita, mantenga la calma.

¿calma? ¿cual calma? Llevo mas de media hora encerrada en este jodido elevador y siento que me falta el aire, para colmo hay una señora que necesita ayuda médica ¿cual jodida calma?

Trate de ayudar a la señora, se encontraba tranquila y eso de alguna manera me aliviaba, pero igual estaba histérica.

Al cabo de diez minutos los intentos que hacían para abrir las puertas del elevador parecían no funcionar, mientras intente ayudarlos pero nada.

Ya había transcurrido una hora y algunos minutos, y aun nada ¡jodeeer Jodeeer y Jodeeer!

Me di por vencida y deje de intentar abrir las puertas, deje que los que estaban del otro lado lo intentarán, inconscientemente me recoste de las puertas del elevador, la luz parecía haber llegado y se abrieron inmediatamente, no me dio tiempo de despegarme de ellas y caí encima de un hombre al que no conocía, sus labios quedaron cerca de los míos y podía sentir su respiración, algo que me resultaba totalmente incómodo, era un hombre como de media edad, muy atractivo, pero en ese momento no estaba como para examinar con la vista a nadie.

Me incorpore rápidamente y me puse de pie, el hombre al igual que yo y me dirigió unas miradas de pies a cabezas.

—Siento mucho el inconveniente señorita. —dijo aquel hombre con gesto apenado.

¿lo siente? La que estuvo encerrada mas de una hora en ese elevador fui yo, aún seguía histérica por ese hecho, y cuando una Walker se molesta no hay quien puede con ella.

— ¿disculpe? ¿usted ha dicho que lo siente? —el hombre asintió. —Pues mas lo siento yo, quien casi moría asfixiada en ese elevador, durante mas de una hora encerrada, es mi primer día y pasa este tipo de percance en esta empresa tan distinguida como según dicen. —Dije con un tono de voz autoritario mientras le dirigía unas miradas asesinas a aquel hombre quien a según lo siente.

La rabia se apoderó de mi y no la pude controlar, era algo obvio.

—Señorita de verdad lo siento, no suelen pasar cosas aquí en esta empresa, le pido mil disculpas otra vez por ahora me tengo que retirar, que pase buen día y suerte.

¿suerte? ¿cual jodida suerte? Esa palabra no estaba en mi diccionario el día de hoy.

Me indicaron que esperara unos diez minutos para que estuviera seguro el sistema eléctrico y no volviera a suceder lo ocurrido y yo por fin poder dirigirme a donde sera mi lugar de trabajo por unos dos meses.

Con algo de miedo entre de nuevo al elevador y marque el numero 17.

Rápidamente al llegar me dirigí a la recepción explicando lo que había ocurrido, me encontré con una chica pelirroja quien me guió hasta la oficina del dueño de la empresa, ya que este sería mi jefe principalmente y el contrato lo firmaría con el.

Entre en su oficina y la señorita me indicó que el Señor Muller no tardaría en llegar, tome asiento y recorrí con mi mirada aquella oficina, muy amplia y decorada en tonos blancos y negros, apropiada para un ejecutivo de su nivel.

Dos minutos después escuche que se abrían las puertas.

—Buenas días, disculpe la tardanza señorita, tuve inconveniente pero ya estamos aquí.

Esa voz me parecía conocida, de donde no sabia hasta que me gire y me encontré con aquel hombre al que había prácticamente descargado mi furia después de quedarme encerrada en el elevador.  ¡Jodeeer! Le había gritado a mi jefe.

El Señor Muller que a mi parecer no tenia nada de señor, se veía muy joven para ser el dueño de semejante empresa, permanecía distraído con unas carpetas, subió la mirada y su impresión fue notoria, mi vergüenza sobresalía y no sabia que hacer.

—Y tengo la oportunidad de volverla a ver, esta vez en diferentes circunstancias al menos. —dijo con un tono burlón.

Al parecer la lengua se me había atorado, no me salia palabra alguna.

—Matt Muller, a sus órdenes.

Matt Muller, hombre al que acabo de gritar hace unos minutos y ahora me arrepiento puesto que resulto ser el dueño de la empresa es decir, mi jefe.

¡Jodeeeer!

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