Cubrió sus oídos con fuerza al escuchar la tormenta rugiendo afuera. El lápiz se le escapó de los dedos y el dibujo quedó a medio terminar. Quiso concentrarse, pero cada trueno era como un rugido que le atravesaba los huesos.
Un relámpago iluminó la ventana y Suki dio un brinco en su lugar. Incapaz de soportarlo más, salió corriendo por el pasillo.
—¡Kacchan! ¡Kacchan!
—No estoy… —gruñó una voz desde el interior.
Suki abrió la puerta de golpe y se lanzó bajo las sábanas de la cama de su hermano. Katsuki suspiró, dejando el bolígrafo sobre su cuaderno.
—No me digas que todavía le tienes miedo a los rayos. ¡Es de día, maldita pulga!
—No tengo miedo, solo… no me gustan —dijo Suki, asomando apenas los ojos sobre la sábana.
Katsuki la miró de reojo, intentando contener la risa. La menor se levantó y se acercó a su escritorio, curioseando con descaro.
—¿Qué haces?
—Tarea.
—¿Es un auto?
—Largo.
—Quiero ayudarte. ¡Soy muy inteligente, Kacchan!
Él arqueó una ceja, cruzándose de brazos.
—¿Sabes calcular la distancia entre dos puntos? ¿La aceleración de un auto solo con un dato? ¿El tiempo de reacción del conductor y si frena a tiempo?
Suki infló sus mejillas ante cada pregunta.
—Ya ves que no —concluyó él—. Cuando sepas calcular esas cosas, vuelve. Y te daré una prueba.
—¿Prueba?
El recuerdo se desvaneció, arrastrado por el sonido metálico de un auto derrapando en la carretera.
El hombre junto a ella la miró con preocupación, apretando su mano.
—Quizá deberíamos movernos…
—No —dijo Suki, clavando la vista en el vehículo que venía—. En cinco segundos va a frenar. Quédate quieto o te atropellará.
Él obedeció. Contó. Uno… dos… tres…
Cuando llegó a cinco, el conductor pisó los frenos con toda su fuerza. El auto derrapó, el aire olía a caucho quemado. Best Jeanist giró el volante con precisión quirúrgica y el impacto fue esquivado por centímetros.
—¡Bakugo! —gritó Hawks al aterrizar, aliviado de verla.
Suki extendió el brazo y entregó al niño que había rescatado.
—Sus padres no aparecen. Por favor, llévenlo a un refugio.
Best Jeanist asintió y tomó al menor.
Suki, sin perder tiempo, se acercó al borde. Preparó sus manos para impulsarse con explosiones. Pero alguien se colocó a su lado.
—¿Qué haces?
—Iré contigo.
—No puedes volar. Quédate aquí y agradece que te deje vivir.
—Quiero devolverte el favor.
《—Arrodíllate, escoria humana…》
El eco resonó en su mente. El hombre la observó, horrorizado al ver cómo las cicatrices en los labios de Suki se cerraban por sí solas, dejando una expresión inquietante en su rostro.
Ella bajó la mirada al niño que seguía junto a Best Jeanist y levantó el pulgar en señal de calma.
—Quédate aquí. No lo repetiré.
Sin esperar respuesta, emprendió vuelo, sus explosiones rugiendo en el aire.
(...)
—¡Shigaraki!
El villano giró, pero recibió una patada en el costado que lo alejó de Star and Stripe. Suki aterrizó a un lado de la heroína, con el corazón acelerado.
—¡Bastardo!
Sus manos ardieron con explosiones, pero llegó tarde. Shigaraki ya había rozado a Star, y el deterioro corría por su cuerpo como una enfermedad.
—¡Señorita Star!
Las grietas comenzaron a extenderse desde su rostro hacia el resto de su cuerpo. Suki sintió cómo su respiración se detenía, sus ojos se llenaron de lágrimas.
—N-No… no…
El suelo temblaba, la batalla alrededor seguía, pero para ella todo se volvió silencio. Solo veía a la heroína número uno de América desintegrarse ante sus ojos.
—¡Resista! —suplicó, intentando sujetarla, pero su cuerpo se deshacía como ceniza en el viento.
El grito que salió de su garganta se perdió entre explosiones y alaridos de guerra.
(...)
Tiempo después, la luz del sol le acariciaba el rostro. El calor era un alivio, un recordatorio de que seguía con vida.
Alguien colocó suavemente una flor en su cabello. Pasos rápidos se alejaron.
—¡Maldita pulga cuatro ojos!
—¡Kacchan!
Ella se incorporó, y al instante sintió cómo su hermano le jalaba la mejilla con brusquedad.
—¿Crees que una nota arregla todo? ¡Debería mandarte a volar! —le gruñó, pero entonces sus ojos se endurecieron—. Además… ¿qué te pasó?
Sus dedos apretaron su barbilla, obligándola a mirarlo.
—¿Quién te hizo esto? ¿Por qué cicatrizó tan rápido?
Suki apartó la mirada, incómoda.
—Es… una larga historia.
—La señorita me rescató —dijo el niño, bajito.
Ambos miraron hacia él. Katsuki lo observó con frialdad.
—¿Y este mocoso?
Suki respiró hondo y comenzó a contar. Habló de cómo había ayudado a civiles, enfrentado a villanos, y del accidente que apenas recordaba. Pero calló lo que más pesaba en su corazón: el instante en que Star and Stripe se desintegró frente a ella.
Katsuki la observaba en silencio, hasta que susurró:
—Entonces… estuviste allí.
Suki bajó la cabeza.
—La señorita Star… ella…
—Si lloras, te golpeo —interrumpió él con brusquedad, aunque su voz sonaba más dura de lo que pretendía—. Además, te verías más horrible de lo que ya estás.
Ella lo miró con lágrimas contenidas.
—Cruel…
—Eres fuerte, ¿lo entiendes? —dijo, apretando sus hombros—. Yo mismo me encargué de que fueras fuerte. No hagas que todo mi esfuerzo en ti sea en vano, tonta.
Su voz se quebró un poco, y Suki lo notó.
—De lo contrario… —continuó él, apretando los dientes— te mataré con mis propias manos.
El silencio los envolvió. Ella lo miró, y por primera vez vio el miedo oculto en los ojos de su hermano. Miedo a perderla, disfrazado de rabia.
Suki cerró los ojos y sonrió débilmente.
—Lo prometo, Kacchan. No te haré perder tu tiempo.
Él resopló y apartó la mirada, pero su agarre en los hombros no se aflojó.
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Hermanos juntos. Ahora... que pasara? Porque Suki no recuerda varias cosas?
Descubrelo aquí!
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Plus Ultra!
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𝐻𝑒𝑟𝑚𝑎𝑛𝑜𝑠 𝐵𝑎𝑘𝑢𝑔𝑜
De Todo"Jamás seré más que eso para ellos." "Eres como eres. Mi familia."
