NEW YORK
DiCarlo buscó a su jefe en el despacho.
-¿Ocurre algo?
-He estado hablando con uno de los expertos de arte. Asegura que el pergamino no es único. Existen otros tres.
-Sí. Eso tengo entendido. Imagino que no estarán muy lejos de donde hemos encontrado el primero.
-Creo que habrá que seguir vigilando a la anticuaria.
-Encárgate de ello.
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JAMESTOWN
Desde hacía un mes todas las noches Christine y Max se reunían con John y Richard en casa de este para cenar, y esta no iba a ser distinta. John estaba continuamente pendiente de las necesidades y deseos de Maxim adelantándose a sus peticiones. Hacia una noche agradable y ante la sugerencia de Max salieron al jardín.
-Querido Richard. ¿Serias tan amable de dejarme salir con tu velero?
-Ni lo sueñes.
-Vamos Richard. Yo la acompañare.
Richard miró a su compañero con una ceja levantada.
- ¿Qué te hace creer que eso me hará cambiar de opinión?
-Vale, está bien. Sé que el velero es tu joya más preciada, pero podríamos utilizar el bote.
Christine miró a Richard con la intención de presionarle.
-De acuerdo.
-Gracias primo. No será lo mismo, pero será muy romántico - replicó Max risueña.
Richard y Christine los observaban marcharse desde la cómoda hamaca del jardín.
- ¿Verdad que hacen una bonita pareja?
Richard puso los ojos en blanco.
-Vamos. ¿Dónde has dejado tu romanticismo?
El policía le levantó para sentarla sobre él a horcajadas.
-En el dormitorio, reservado sólo para ti.
A ella le complació esa revelación y besó al policía sin ninguna reserva.
John y Maxim se hallaban fuera del haz de luz del embarcadero. La penumbra de la noche en el bote era un aliciente para desinhibirse. Observaron a Richard y Christine en el jardín en pleno intercambio de fluidos.
-¿Qué piensas de esos dos?
John sonrió.
-Christine es lo mejor que le ha pasado a tu primo en mucho, mucho tiempo.
-Sí. Yo también lo creo.
A lo lejos se escuchaba el ladrido rabioso de un perro. Instintivamente John dirigió la mirada hacia donde procedía, a varias casas de distancia, y fue cuando acertó a percibir varios destellos de luz en la oscuridad. No escuchó más sonido que el alarido doloroso del perro. Sintió que algo no había ido bien
-¿Qué ocurre? - preguntó Max percibiendo su expectante tensión.
-¡Shhh!
Afinó la vista y el oído y volvió a ver otro destello. Sin pensarlo sacó su arma y su móvil.
-John, si lo haces para impresionarme no hace falta. Me estas asustando.
La expresión del policía decía a Maxim que aquello no se trataba de ninguna broma.
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LA FIGURA CHINA
ActionSólo ella podía descifrar los mensajes que su abuelo le había dejado. Sólo ella podía descubrir por qué había sido asesinado.