Uno: Kurt Cobain y un celular

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Isaac

20 de noviembre, 2023

A veces siento que el mundo se me viene encima, que todo es demasiado para una sola persona. El hecho de estar sanando poco a poco no significa que todos los días sean una maravilla. Al contrario, pero ahora tengo más días buenos, lo reconozco. La terapia me está ayudando, no dudé en tomarla desde el primer momento porque es verdad que lo necesitaba.

Limpio las lágrimas de mi rostro, tomo una profunda respiración y me pongo de pie. Cierro el portátil y miro la hora: doce y veinte de la noche, jodido insomnio. Estiro mi espalda y bajo las escaleras, al mirar por la ventana capto un movimiento afuera, hay alguien.
Me acerco con cuidado, antes tomando lo primero que se me cruza: un paraguas. Esto en las manos correctas puede ser un arma mortal, que conste.

Alguien responsable miraría primero por la ventana, pero no es mi caso, yo abro la puerta poco a poco preparado para matar a paraguazos a quien sea que este ahí. Quedo sorprendido al ver que es solo una chica pequeñita sentada en las escaleras de mi porche. ¿Alguien me explica que hace una chica, a estas horas, en mi casa?

—¿Hola?

Sobresaltada, se pone de pie con una rapidez sorprendente, me ve asustada, como si fuera a hacerle daño.
Dos cosas me quedan claras: es la primera vez que veo a una persona albina, y sus ojos son de un azul muy, muy intenso. Nunca había visto unos ojos así. No detallo mucho más por la poca luz y el dolor de espalda que tengo.

—Yo…

—¿Tú…?

—No quería asustarte —señala el paraguas que aun cargo.

—Bueno, no has cumplido tu objetivo. ¿Quién eres? Nunca te había visto por aquí.

—No soy de aquí, soy de Canadá. Bueno, mas bien de Italia pero vivo en Canadá.
Claro, de ahí su acento. No me pasa por alto que no me dice su nombre.

—¿Y qué haces aquí? —Recargo mi cadera de la baranda del porche.

—Vine a visitar a una amiga y me quede tirada porque perdí el autobús. No tengo forma de llamar porque me quede sin batería en el móvil. Vi la luz encendida y pensé en acercarme.

—¿No pensaste que podría ser peligroso?

—La sensatez no es uno de mis rasgos.

—Ya veo. ¿Qué es lo que necesitas, exactamente?

—Poder llamar a mi amiga.

Y, nuevamente, soy tan irresponsable como para dejarle mi móvil, pero algo en ella me provoca confianza. No se si es lo agotada que luce, o la tristeza que predomina en sus ojos. Tiene una cosa que me hace confiar en ella.
La observo morder su pulgar con impaciencia mientras espera que le contesten, resopla cuando no lo hacen.

—¿Todo bien? —Pregunto.

—No, nadie me responde.

—Oh… ¿puedo ayudarte en otra cosa?

—No pasa nada, tranquilo.

Aun así, algo se me remueve por dentro. No sería buena idea dejarla sola aquí a estas horas a pesar de que este pueblo es bastante tranquilo siempre es peligroso andar a solas por ahí en la noche.

—Oye, sonara mal y quizás pueda mal interpretarse pero prometo que no hay ninguna mala intención en esto. ¿Quieres quedarte aquí hasta mañana? Hay una habitación libre.

Lo sopesa viéndome con desconfianza y ojos entrecerrados, es entendible, no es normal que un extraño te ofrezca dormir en su casa. Pero oye, no hay nada detrás.

—Bueno, está bien. —Accede.

Asiento y le indico que venga conmigo. Ahora me percato de la mochila verde chillón que lleva colgada al hombro, también de que es muy pequeñita, apenas me llega por la cintura. Eso me causa ternura.

Abro la puerta y dejo que pase primero. Este es uno de los momentos donde agradezco tener mi casa organizada porque ella detalla todo a su alrededor.

—Oye…

—Isaac.

—Pues, Isaac, ¿no iras a matarme mientras duerma, no?

—¿Tengo cara de matar a alguien? Yo solo quiero dormir.
Sorprendentemente me ha entrado sueño.

—Nunca se sabe. —Me hace reír con su comentario.

—Tranquila, ¿no serás tú quien me mate? A lo mejor estas asegurándote que no voy a matarte para así no cruzarnos en el camino.

—Pero… ¿de dónde sacas eso?

—Mente de escritor, olvídalo. Esta es la habitación. —Abro dicha puerta para ella—, puedes ponerte cómoda.

—Muchas gracias, Isaac.

—No me agradezcas…

—Snow.

Qué original

—Entonces, Snow, no debes agradecerme, solo no matarme.
Su risa aligera la tensión que había sobre sus hombros.

Le doy las buenas noches, decidiendo no entretenerla mas porque se ve muy cansada y prefiero dejarla descansar.
Sabe dios cuantas horas lleva esperando ahí afuera.

Solo yo soy tan irresponsable como para dejar a una desconocida meterse en mi casa, pero ya está hecho.

Las Palabras De Snow [Inspiración 1] (COMPLETA)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora