Ocho: duelo de miradas

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Snow

Cada día es distinto al otro aunque tú rutina sea la misma. Siempre habrá algo diferente: una persona, el clima, una canción que se volvió tu nueva obsesión, o incluso tu mismo.

Mi día hoy amaneció muy, pero muy diferente. Y no me quejo.

Intentando hacer algo productivo con mi vida y debido a que hoy es sábado y no tengo que trabajar, decidí salir a correr un rato en la mañana porque me aburría. Así que lo hice, ¿y a quien me encontré? A mí atractivo vecino Isaac Hamilton.

Y por eso es que ahora estoy trotando junto a él en silencio.

Se ve mejor que cuando nos conocimos hace un mes. Lleva el pelo un poco más largo y se le forman unas ondas muy lindas que enmarcan su masculino rostro, sus ojeras son menos notables y la tristeza de su mirada ya no se nota tanto. Estoy feliz por eso y ni siquiera se por qué.

—Oye... —llamo su atención y gira a verme mientras sigue trotando a mi lado.

—¿Si? —responde bajando el ritmo.

—Creo que voy a escupir un pulmón —informo con voz jadeante deteniendome y apoyando mis manos en mis rodillas.

Su pequeña risa ronca resuena y me pone a vibrar como el primer día, acelerando mis pulsaciones y haciéndome tragar en seco. Enserio no entiendo la manera en la que su risa se puede colar en mi mente como una canción.

—Con el tiempo te acostumbras —me asegura dándome una palmadita suave en el hombro.

Mi cuerpo responde involuntariamente a su toque enviándome un escalofrío que recorre mi columna vertebral.

Mierda, lo que me faltaba, calentarme por el vecino.

—Yo a lo único que me acostumbro, es a sostener un pincer por muchas horas —me enederezo una vez que mi respiracion se ha normalizado.

—¿Pintas? —parece sorprendido con tal hecho.

—Si... —me quedo en silencio esperando que se burles de mi o haga algún comentario indeseable acerca de ello, pero en lugar de eso sonríe.

Y tiene una sonrisa que... Joder, podría iluminar un pueblo entero.

Nótese la referencia.

Malidita sea, su sonrisa es entre caliente y hermosa. Más caliente que hermosa. O ambas cosas, no lo sé, estoy demasiado confundida mientras lo miro.

—Eso es increíble, Snow. ¿Algún día me enseñarás algún dibujo?

Salgo de mis pensamientos calientes y entro a unos catastróficos. No, no. Mostrar mis pinturas no es algo que esté en mis planes cercanos, ni lejanos. En ningún momento de mi vida me visualizo mostrando esa parte de mi vida a nadie.

—Quizas —es todo lo que digo.

Caminamos de vuelta al edificio y por el camino no entablamos conversación, sin embargo el silencio no es pesado, es agradable. Al parecer ambos disfrutamos del silencio.

—¿Te puedo preguntar algo? —dice cuando estamos cerca.

—Claro, dime.

—¿Crees que se pueden enviar indirectas con canciones?

—Obviamente si, es la mejor forma de enviarlas. ¿Por qué? —me intereso.

—Porque creo que mi mej... Alguien me ha estado enviando desde algún tiempo algunas indirectas con canciones. Y para esa persona, la música siempre tiene significado.

Lo pienso, lo pienso y lo pienso antes de darle una respuesta. Sinceramente creo que la música es el mejor lenguaje de amor que existe, en ella podemos hablar de muchos sentimientos, podemos expresar odio, dolor, tristeza, amor, felicidad. La música cura heridas y sana el corazón.

—¿Sobre que son las canciones? Porque a lo mejor digo algo lindo y resulta que las canciones hablan de odio puro y duro.

Se ríe brevemente y sacude la cabeza pero manteniendo una pequeña sonrisa.

—No sabría decir exactamente de que, pero te puedo decir algunas canciones —explica y asiento para que me diga— bien, Man On The Moon de Alan Walker, Dress de Taylor Swift y Do I Wanna Know? De Artic Monkeys —concluye y lo miro alzando mis cejas.

—Mierda, a esa persona realmente le gustas, Isaac —pongo una mano en su hombro sonriendo de manera divertida.

—¿Que? Claro que no, eso no puede pasar —sacude su cabeza en negación como si eso fuese una idea demasiado estúpida. Por un momento siento curiosidad de preguntarle sobre quien es, pero me contengo.

—Bueno, yo solo respondo tu pregunta —me encojo de hombros y camino hacia el ascensor una vez ya hemos llegado a nuestro edificio.

El parece distraído cuando entramos en esa caja de metal que me da vértigo pero soy muy floja para subir por las escaleras hasta el último piso.

El ambiente se vuelve algo tenso porque estamos demasiado cerca el uno de el otro, tanto así que nuestras manos rozan involuntariamente. Pero quiero más que ese simple roce de manos. Necesito más.

Lo miro en el momento exacto que traga en seco y mira a los alrededores evitando mi mirada. Lo invito y miro a la pared del lado.

Decido romper el silencio con una pregunta:

—¿Quieres ir a almorzar mañana conmigo?
Ahora sí me devuelve la mirada y cuando sus ojos grises se clavan en mi siento una especie de mezcla de emociones que no sabria definir en una sola palabra, ni tampoco en miles de oraciones.

—Esta bien —termina aceptando y lo veo salir cuando las puertas del ascensor se abren. Lo sigo y me dirijo a mi puerta, pero, antes de entrar, doy un último vistazo y descubro que el también ha hecho lo mismo. Hacemos eso del duelo de miradas que me genera un cosquilleo en todo el cuerpo y termino apartando la mirada, entrando rápido a mi departamento.

Tomo una profunda respiración apoyada en la puerta y con los ojos cerrados.

Mierda, mi corazón late un poco más rápido de lo normal y me siento acelerada.

Joder, joder. No puedo sentirme así, apenas lo conozco.

Al final, Gavin va a terminar teniendo razón como siempre.

Las Palabras De Snow [Inspiración 1] (COMPLETA)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora