Veinticuatro: sobrepensar

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Snow

Ronan — Taylor Swift

Mi respiración es agitada y mi cuerpo me pide más, pero me es imposible seguir cuando se escuchan unas risas viniendo de una habitación.

Me paralizo y miro a Isaac con los ojos muy abiertos. Siento mi rostro sonrojarse, y el suyo pierde el color. Es casi gracioso.

—¿Él...? —inicio, pero no termino, porque el asiente— oh, dios mío. Tu mejor amigo me ha escuchado gemir.

Cubro mi rostro con las manos y gimo, pero está vez es de frustración. El suelta una risa que me
hace querer clavarle un golpe en todo el asunto.

—Y creo que Gavin también estaba. Lo ví cuando Aaron me mandó a comprar frutas —dice, y está vez palidezco.

—¡Mierda!

Me abrocho el vestido a toda prisa y bajo de encima de Isaac. Parece algo divertido y nervioso a partes iguales. Se pone de pie abrochando el pantalón que con anterioridad habían yo desabrochado.

Lo que sucedió entre nosotros fue real y me gustó. Sin dudas quiero repetirlo.

***

Hoy no he tenido ningún tipo de noticias de Isaac.

Ni un mensaje o una llamada.

Quizás se debe a que está ocupado de la misma forma en que a veces lo estoy yo, pero no evita que me haga muchas preguntas.

«¿Y si ya consiguió lo que quería? ¿Y si ya no quiere saber nada más de mi? ¿Y si todo fue un engaño? ¿Y si mi pasado le da asco?».

Todas esas cosas han pasado muchas veces por mi cabeza, tantas que se me hace difícil saber con exactitud cuántas.
Vivo en un sobrepensamiento casi constante. Mi mente es demasiado poderosa, más que yo. Trato de detenerla pero ella se sale con la suya. Sabe cómo hacerme sucumbir a lo que desea, mantenerme en ese lugar oscuro del que tanto me esfuerzo por salir.

No tener noticias de Isaac no es lo que me tiene inquieta. Lo que me tiene así es que se haya aburrido de mí.

No sería la primera vez que alguien me dejara por eso, pero la visión de él haciéndolo se me hace aterradora.

Aunque siempre está la posibilidad de ir a comprobarlo yo misma con mis propios ojos.

Y eso es lo que hago una vez ya terminé de trabajar.

Fue un día agotador porque dormí poco anoche rememorando todo el suceso...

Y vale, admito que volví a darme pacer con ello, pero solo dios puede juzgarme.

Me muevo inquieta sobre mis pies pensando si llamar o no llamar a la puerta de Isaac... Al final llamo.

Una, dos veces suena el timbre y no es un rato más tarde que sale el mejor amigo de Isaac con un semblante que me produce una tristeza absoluta. Sus ojos se ven cansados, su expresión es totalmente triste, y tiene grandes ojeras debajo de sus ojos.

—Hola, Aaron... —tanteo un saludo y el fuerza una sonrisa— ¿Estás... Bien?

—Si, solo... Da igual, estaré mejor —desestima con una mano y hago una mueca dudosa pero prefiero no indagar.

—Veras que si —le doy una sonrisa tentativa— ¿Está Isaac?

—Está dentro. Pasa si quieres. Solo que hoy no esperes una actitud alegre de su parte, no es un buen día.

—No te preocupes, Aaron, solo quiero saber si está bien. Entiendo que todos tenemos días malos —le digo y se hace a un lado para dejarme entrar.

Me indica que está en su habitación y me encamino hacia esta. Estrelló mis nudillos contra esta, con delicadeza, y se escucha una leve indicación a qué entre.

Las Palabras De Snow [Inspiración 1] (COMPLETA)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora