Veintiuno: intervención amistosa

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Isaac

Snow me tiene totalmente confundido acerca de lo que quiere y lo que no. Primero me habla en mala forma, luego me aplica la ley del hielo y luego me envía ese mensaje.

Tampoco fue un movimiento inteligente de mi parte responderle de esa forma, pero me provocó. Estaba molesto y no pensé en lo que hacía en ese momento. Mala mía.

Ya van cinco días desde ese incidente. Quiero hablar con ella y saber cómo está, pero también estoy asustado de obtener otra reacción como esa.

Por lo que veo, yo no daré el paso y ella tampoco. Lindo.

No nos hemos visto, que es algo que también le echa leña al fuego. A pesar de vivir en el mismo lugar pocas veces coincidimos, y eso ahora mismo juega en mi contra.

El reloj marca la hora de acabar las clases y los puestos no tarden en ser vaciados, mientras la horda de estudiantes se abarrotan en la puerta. Es algo desesperante de ver.

Bueno, quizás yo también he estado algo irritable.

Me había acostumbrado a tener su desequilibrada presencia en mi vida todos los día, y ahora sin hablarnos pues siento que me falta algo.

Me cuelgo mi bolso del hombro y salgo una vez que ya los estudiantes dejaron de parecer gallinas en un corral. Tomo mi celular y le escribo a Aaron

Isaac
Nos vamos?

Matemático insufrible
Si, espérame en la salida, tengo que hacer algo.

Isaac
Que es? :>

Matemático insufrible
No seas tan curioso.

El tan comunicativo como siempre. Ruedo los ojos y camino hacia la salida y me recuesto al muro mientras espero. Veo salir a los estudiantes, algunos en grupos, otros solos. Tengo muchos tipos de estudiantes:

Están los payasos que a veces tengo ganas de lanzarles una tiza por un ojo.

Está el grupito de que pasan las clases riendo pero que realmente son buenas en los idiomas.

Y luego están los que no hablan y mantienen un semblante serio durante toda la sesión y participan cuando lo creen conveniente.

Dejo mis pensamientos para un lado cuándo veo aparecer a mi mejor amigo frente a mi. Le sonrió y me devuelve la sonrisa, pero noto como rasca su cuello. A veces tengo miedo de hacerle daño por no corresponder a sus sentimientos, de que nuestra amistad se quiebre por eso. Tengo miedos que no los digo en voz alta.

—¿Ahora sí nos vamos? —cuestiono, asiente y comenzamos a caminar. Pero está vez quiero preguntar algo— ¿Que era eso que tenías que hacer?

—No seas tan curioso —me repite sus palabras anteriores. Reoplo.

El frío cala mis huesos, casi no siento mis manos a pesar de llevar guantes, no estoy adaptado a tanto frio a pesar de que esta es una de mis estaciones favoritas.

—Pero quiero saber —replico sin mirarlo.

—No se puede saber todo en esta vida —se ríe y toma un puñado de nueve lanzandomela.

Me detengo y lo miro con expresión de «¿De verdad?» y el solo sonríe como un niño pequeño. Pocas veces puedo ver esa sonrisa en Aaron, y me gusta cuando sale porque significa que está siendo feliz en ese instante.

Por suerte la escuela donde trabajamos no está tan lejos de nuestra casa, así que no tardamos en llegar. Decidimos subir por el ascensor, pero cuando las puertas de este se abren adentro se encuentran Snow y su mejor amigo.

Se forma un silencio tenso en el que Snow y yo solo nos observamos sabiendo que tenemos cosas que decir, pero ninguno da el paso.

Esta mierda es tan tensa —masculla y yo asiento.

Por mensajes no parecias tan tensa —le respondo y sus ojos se abren con sorpresa.

Fue un error de cálculo.

—¿Puede hablar inglés? Se los agradecería con mi alma —pide Gavin, y lo observo, pero sus ojos se desvían a mi mejor amigo.

—Yo debo irme, tengo prisa —Snow pasa por mi lado yéndose sin darme siquiera una despedida.

Su amigo murmura un "lo siento" y sale tras de ella. No sin antes darle una mirada a mi amigo de reojo.

—Le gustas —se lo digo y presiono el botón de nuestro piso.

—Obvio no —rueda sus ojos, como si lo que acabo de decir fuera una tontería.

Me encojo de hombros y prefiero no seguir insistiendo con eso.

***

¿Para que mierda Aaron me mandó a comprar frutas? No entiendo nada. Solo se que se veía algo ansioso, y me mandó a comprar frutas. Cuando digo que el es raro, no miento.

Ahora estoy terminando de subir las escaleras del edificio con ganas de lanzarme de estas porque el frío es infernal.

Me arrepiento de abrir la puerta en el momento en que veo todas las luces apagadas, excepto una ridícula lámpara sobre una mesa redonda y pequeña con un mantel de corazones y dos tazas de te en cada extremo. Y lo más increíble: Snow sentada en una de las sillas blancas que tiene, con los brazos cruzados y gesto de enfado.

No escondo la risa, lo que hace que capte su atención y de gire hacia mi, dándome una mirada asesina. Levanto mis manos en señal de rendición mientas en una de ellas cuelga la bolsa con las frutas.

—Yo no tuve nada que ver con todo esto —me apresuro a aclarar y entrecierra los ojos hacia mi.

Dejo la bolsa y las llaves encima del mesón de la cocina, me acerco a la ridícula mesa y me siento en la silla que está frente a ella. Quedando frente a frente.

Me concentro en observarla más detalladamente buscando algo que me diga más que sus palabras, pero solo encuentro una expresión imperturbable. Su cabello ha crecido y ya se encuentra a la altura de su cuello, se ondula más en las puntas y casi parece rizado. Repiquetea sus uñas pintadas de un bonito color verde pastel sobre la mesa y le doy toda mi atención.

—Siento mucho haberte gritado, Isaac. No fue la reacción más adecuada cuando tú solo querías ayudarme, pero estaba asustada. Fantasmas del pasado que creía tener enterrados llegaron a mi vida sin previo aviso y fue un golpe demasiado duro —se sincera y en su mirada veo un toque de vulnerabilidad.

Estiro mi mano y la dejo sobre la suya el gesto parece sorprenderla. Incluso a mí me sorprende la naturalidad con la que sale.

—Es cierto que tú reacción no se sintió del todo agradable, pero lo que mas me molestó es no saber exactamente que te sucedía y quién pudo haber causado esa reaccion en ti.

»Cuando te vi a punto de morir asfixiada sentí un miedo que solo experimente una vez, tenía miedo que se volviera a repetir.

Sus ojos buscan los míos y cuando se encuentran acaricio el dorso de su mano con mi dedo pulgar. Sus manos son suaves.

—Hay partes de mi vida que no me gusta decir porque tengo miedo —admite.

—¿De que temes?

—De cuál sea tu reacción.

—Puedes temer de muchas cosas, pero nunca temas de que podría juzgarte porque jamás lo haría. Es una promesa. —le digo mirando sus ojos azules con intensidad.

Suspira y comienza a hablar:

—Es cierto que intenté quitarme la vida a los once años, pero hay mucho contexto detrás de ello.

Besos 💚

Las Palabras De Snow [Inspiración 1] (COMPLETA)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora