Dieciocho: reencuentro con el pasado

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Snow

Muevo mi cabeza al ritmo de Chase Atlantic al mismo tiempo que termino de ultimar los detalles de la ilustración en la que trabajo. Cuando trabajo me gusta colocar canciones que combinen con lo que tengo que hacer, de esa manera logro concentrarme e inspirarme mejor. Y está ilustración grita sexo por todas partes.

Eso me lleva a pensar en lo que sucedió la última vez que ví a Isaac hace ya una semana y media. Ese encuentro pasa demasiado tiempo en mi cabeza y eso solo me hace desear más de eso, más de eso pero sin ropa. No voy a fingir que no soy un ser humano que no tiene deseos.

Canto en voz baja mientras verifico que todo este en orden con mi trabajo. Y como en efecto termino muy conforme con él. Eso me hace sonreír.

Hay momentos en los que se me hace realmente difícil concentrarme o estar conforme con lo que hago, pero cuando logro mi objetivo me siento muy bien conmigo misma.

Recojo mi cabello con una goma, salgo de mi habitación y me encuentro a mi hermana hablando por teléfono, parece sonreír.

—Claro que no, y te tengo que dejar, tengo cosas que hacer —cuelga y me acerco a ella abrazándola por detrás y dejando mis manos sobre su estómago un plano.

—¿Con quien hablabas?

—Con el padre de Voldemorcito.

Aprovechando que tengo mis manos envueltas alrededor de su cintura, la giro hasta que queda de frente a mi.

—¿Cómo asi?

—Como oyes. Tuvimos una conversación en la que quedamos como buenos amigos, es mejor llevarnos bien. Y sinceramente él es una persona maravillosa, se merece muchas cosas buenas —sonrie con ternura al terminar de hablar.

—¿Mamá y papá lo conocen? —me intereso y la veo tocar su nariz constantemente cuando aparta la mirada. Miedo. Terror. Pánico.

—De hecho... Es James.

—¡¿James el hijo de la amiga de toda la vida de mamá?! Oh dios me encanta —me rio con tanta fuerza que me termina doliendo el estómago.

—¡Cállate! —me pega en el hombro y pisotea hasta la cocina.

—¡Oh, vamos! Déjame reírme en paz —la sigo dando saltitos.

—¿Te tiraste a Isaac? —doy un traspie cuando emite la pregunta que casi termino con la cara estampada en el mesón.

—¿Que? Claro que no.

—Oí gemidos en tu habitación hace unas noches —alza sus cejas cruzada de brazos.

Siento el calor subir a mis mejillas. Si fuí así de ruidosa solo con un poco de fricción con ropa, ¿cómo sería cuando ya no la haya?

¿Que mierda hago pensando en esto?

—Bueno, sexo como tal tristemente no hubo. Solo un poco de... ejem... Frotamiento —subo y bajo mis cejas de manera sugerente.

Mi hermana se ahoga con el agua que había empezado a beber y me acerco a darle unas palmaditas en la espalda.

—Ustedes son calientes.

—¿Nosotros? Claro que no, ¡Gavin y Aaron! Ellos si que se ven calientes juntos. Y mira que veo a Gavin como un hermano, pero está buenísimo. Y el amigo de Isaac ni hablar de eso, para darle como borracho a petaca.

Me siento encima del mesón mientras sigo hablando con mi hermana de temas aleatorios que salen.

Me gusta mucho hablar con ella tanto de temas profundos como del último chisme del edificio.

***

Mi jefa hoy estaba contenta. Logré entregar todo a tiempo y eso me hace feliz, por lo que decido darme un gustito y comprarme un dulce que llevo queriendo desde hace mucho.

Entro al establecimiento donde desgraciadamente trabaja una de mis primas, solo espero que hoy no esté, pero donde hacen unos dulces de fresa increíbles. Pero como soy más salada que el mar muerto, no esta ella, pero está alguien mas.

Después de tantos años, mi cuerpo vuelve a temblar de miedo al ver sus ojos, puedo sentir su voz susurandome en el oído cuan despreciable soy, sus dedos tirando de mi cabello. Las cicatrices de mis brazos pican, arden, se sienten como si estuvieran recién hechas, lucho fuertemente para no arrascarlas. A medida que avanzo, veo como su sonrisa amenazadora se va extendiendo por su rostro. Puedo sentir todavía sus dedos alrededor de mi cuello.

—Cuanto tiempo —su voz es baja, filosa. Me hace reabrir viejas heridas que pretendía que estaban cerradas.

—Por favor, dame un pastel de fresa —pido tratando de ocultar el temblor eni voz. Parece que eso le da satisfacción.

—Sigues siendo tan cobarde como años anteriores, Snow —mi nombre en su boca me hace sentir detestable. Yo solo quería mi dulce.

—Por favor, dame mi pastel.

En el momento en que mis ojos hacen contacto con los suyos, un nudo de estala en mi garganta. Me siento pequeña, fea, sucia. Me siento como la niña de once años que quedó acabar con todo. Trato de recordarme que ya lo soy ella.

—Pensé que con el tiempo cambiarias, pero sigues siendo igual de fea y estupida. ¿Vas a llorar? Eres una albina fea y llorona —esas última palabras duelen como cuchillos calientes sobre la piel. Esas que tantas veces escuché. Esas que me llevaron a hacer tantas cosas...

No estaba preparada para este reencuentro con el pasado.

Las nauseas me invaden y salgo de la cafetería escopetada. No me fijo en nada del camino, voy en piloto automático. Soy incapaz de percatarme de lo que sucede a mi alrededor. Se que de alguna forma logro subir las escaleras hasta mi piso, no se cómo.

Mi cuerpo se sacude en agresivos temblores y siento mis vías cerrarse impidiendo que el aire pase. Voy a morir. Voy a morir. Voy a morir. No -puedo respirar. Mis latidos son desbocados, intento tomar repsiracines que no funcionan y solo hacen que me sienta más presa. Las paredes de repente se cierran más a mi alrededor, veo borroso.

No puedo respirar.

Visualizo una figura delante de mi, pero no puedo identificarla. Solo se escuchar su voz.

—Vamos, Snow. Respira despacio, nada va pasarte —me indica, trato de hacerlo, pero no lo consigo y eso solo hace que me asuste mas— no te apures, tomalo con calma. Estoy aquí, italiana.

Ese apodo. Es Isaac. Isaac está conmigo, no estoy sola.

Vuelvo a intentar seguir sus indicaciones, poco a poco lo voy logrando. Los temblores cesan en magnitud y las nauseas disminuyen. Mi ritmo cardíaco es algo acelerado aún.

No sé por cuánto tiempo permanezco siguiendo sus indicaciones, pero logro volver en mi.

No morí. No morí. No morí.

Puedo ver con más claridad el rostro de Isaac. Sus ojos denotan preocupación, pero sin embargo su voz es calmada.

—Italiana... ¿Que sucedió? —ma atrae hacia su cuerpo, abrazándome. Caigo en cuenta de que estamos sentados en el suelo del pasillo.

—Nada —respondo, a la defensiva.

—Snow... Habla conmigo por favor —traza círculos en mi espada con sus dedos.

—No fue nada.

—Snow...

—¡No es tu maldito problema! —grito zafandome de su agarre y levantándome con rapidez. No me giro a verlo, entro rápido a mi casa. Las nauseas vuelven a alcanzarme y corro hacia el baño, dónde vómito hasta la bilis.

¿Por qué tenía que aparecer él justo ahora?

Las Palabras De Snow [Inspiración 1] (COMPLETA)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora