Cinco: la chica de Canadá

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Isaac.

Estoy paralizado.

No sé que decir.

No sé dónde está mi voz.

¿Realmente esto está sucediendo?

Abro y cierro la boca como un pez.

Todo lo que hago es sonreír impresionado.

Ella parece paralizada y ni siquiera se da cuenta de que la puerta se cerró detrás de ella.

Dice mi nombre en un susurro apenas audible, pero alcanzo a oírlo, y me doy cuenta de que realmente esta pasando.

Desde que la dejé en ese aeropuerto y la ví subir a su avión, me pregunté si nos volveríamos a encontrar en algún momento y finalmente está sucediendo y estoy actuando como un imbécil.

—Hola de nuevo, italiana —doy un paso hacia ella y creo que la escucho murmurar algo en su idioma.

—Padre de todo lo caliente, está más bueno de lo que recordaba —dice y contengo la risa, a lo que ella se sonroja— oh, mierda, ¿me entiendes?

—Pues si, soy profesor de idiomas y el italiano es mi favorito —respondo y parece sorprendida.

—¿Tú eres profesor?

—Increible pero cierto —contesta la voz de mi mejor amigo haciendo acto de presencia y recordandome que está ahí.

Ella lo detalla y frunce su entrecejo.

—¿Tu también eres profesor? —pregunta otra vez y casi quiero reír otra vez.

—Lincenciado en Matemáticas, Aaron Steward —se presenta mi tan amigable amigo.

—Si, vamos, y yo soy modelo de Cibeles.

Su incredulidad es casi graciosa. Creo que me divertire con esta chica.

—Puedo enseñarte mi título universitario —es todo lo que dice Aaron, con diversión.

—Me compadezco de sus alumnas.

Se queda callada de repente y su rostro se transforma en una expresión de sorpresa nuevamente.

—¡Isaac! El chico de Mayfiel, ¡eres tu! —exclama y está vez, a diferencia de las demás, rio con ganas.

Ella está verdaderamente loca, no miento. ¿Enserio tardo todo este tiempo en darse cuenta de eso?

Cuando dejo de reír la expresión de Aaron es de sorpresa y creo entender por que: no me escuchaba reírme de esa forma desde hacía mucho.

—Ese soy yo —aseguro en tono divertido.

—Oh, mierda, yo realmente no esperaba volverte a ver. O sea, siempre me preguntaba si estabas bien y si tus ojos... Da igual, pero maldita sea, no esperaba verte tan pronto —una risa pequeña sale de ella.

Mi respuesta se ve interrumpida por el estruendoso sonido de un celular que resulta ser el de ella. Increíble, no esperé que Without me de Eminem fuese precisamente su tono de llamada.

—Amor de mi vida, ¿a que debo tu llamada? —su expresión divertida pasa a una seria en cuestión de segundo— Gavin, calma, por favor. Voy para allá, ¡no te muevas!

Y cuelga. Se disculpa con nosotros y básicamente corre escaleras abajo con una rapidez preocupante.

Bueno... Eso no es bueno.

—Asi que ella es Snow... —tantea Aaron mientras saca su ropa de una de sus maletas.

Llevamos cuatro horas en este apartamento y se siente... Bien.

Tomamos la decisión de irnos de Mayfiel por una oferta de trabajo que sin duda era buenísima. Sabíamos que íbamos a aceptar, pero tardamos en dar la respuesta y no por hacernos los interesantes, sino porque primero teníamos que asegurar dónde viviríamos. Irme de mi antigua casa fue difícil porque en ella albergaba demasiados recuerdos, pero al final lo hice porque me di cuenta de que podría irme del planeta, pero esos recuerdos maravillosos y no tan maravillosos siempre estarían conmigo allá donde fuera.

Así que aquí estoy, en la ciudad de Roncesvalles, Canadá, donde siento que tendré una nueva oportunidad.

—Ella es Snow —aseguro y veo como el se tensa por un momento, pero luego niega con su cabeza y se relaja— ¿Pasa algo con ella?

—Claro que no, apenas la conozco —desestima, pero yo no le creo.

Aaron ha estado actuando... Raro, desde que le hablé de Snow. Y eso me preocupa porque no hay nada que le pase que el no me diga, y es justo lo que está haciendo: no diciéndome.

—¿Confías en mí? —pregunto con cautela.

—Mas que en mi mamá —afirma, y eso es mucho decir.

—Sabes que si algo no está en orden, puedes decírmelo.

Me regala una pequeña sonrisa.

—Lo se, idiota —hace un gesto con su mano señalando que eso es obvio y lo veo dirigirse al salón y luego volver con la funda de su guitarra.

La guitarra de Aaron es algo... Preciado para él. No miento cuando digo que es muy sobreprotector con ella; existen probabilidades muy altas de que él olvide todo sobre la matemática (que, por raro que parezca, la ama) antes de que olvide como tocar su guitarra.

—¿Recuerdas cuando le hice un rasguño a tu guitarra? —digo con un suspiro dramático como si aquello fuera un bonito recuerdo. Me gano una mala mirada por su parte a través de sus lentes.

—Como lo vuelvas a hacer, te quedas sin descendencia —me advierte en medio de otro suspiro que me hace reir

Alzo las manos en señal de rendición con una pequeña sonrisa: cuando estoy con mi amigo las sonrisas son más frecuentes en mi.

Me sobresalto al escuchar algo impactar contra nuestra puerta, comparto una mirada con Aaron y ambos salimos hacia el salón: pero no hay nada.

—¿Será un espíritu? —pregunta mi amigo.

—Si, el espíritu de Hitler —respondo y abro la puerta para comprobar si fue afuera, y como efecto.

Me tenso automáticamente al ver a una chica tirada en el suelo frente a nuestra puerta, inconsciente. Y esa chica es Snow.

Mierda, mierda, ¿está muerta? —mascullo en italiano y miro a Aaron

—La tuya por si acaso —es todo lo que dice— ¿Que hacemos con ella?

No tengo que pensarlo dos veces para tomarla en brazos y entrar a casa con ella. Escucho la puerta cerrarse detrás de mi y me giro para ver a mi amigo que parece incluso preocupado por ella.

—Dejala sobre el sofá —me indica y hago justo eso.

Ambos nos agachamos frente a ella, que permanece acostada sobre el sofá, y la miramos como si fuese una rata en la que estan probando un nuevo Shampoo.

—No creo que esté muerta... No está fría —rompo el silencio y me gano una mirada acusatoria de Aaron

—Bruto. Haz algo útil y trae un algodón con alcohol —me dice de mala gana y hago justo lo que me dice, para al cabo de un minuto volver otra vez y dejar el algodón cerca de su nariz. ¿Funcionará?

Poco a poco veo como parece volver a la vida. Su pecho sube y baja con regularidad y parece desorientada a medida que abre los ojos.

—¿Snow? —pregunto con cautela.

Ella se levanta de golpe, sus iris azules se pasean por todos lados como si evaluara el lugar. Está visiblemente nerviosa y no pareciera que hace un momento perdió el conocimiento.

Pero, sus palabras, me dejan helado, tenso y petrificado:

—¿Quien eres?

Sin mucho que decir, me retiro.

Démosle a bienvenida a nuestro matemático bruto Aaron Steward, un personaje que sin duda amo y trae bastantes cositas con él.

Besos 💚








Las Palabras De Snow [Inspiración 1] (COMPLETA)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora