XI.

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16 de marzo 2020

ANDREA

Llegue a Buenos Aires alrededor de 15 horas después, desgraciadamente no pude encontrar otro vuelo que no tuviera escalas, afortunadamente no fue mucho lo que debía esperar en el Aeropuerto Internacional de Atlanta, por lo que apenas toque suelo Argentino y sabiendo que no podía simplemente tocar a la puerta en el departamento de Diego, busque un transporte que me dejará a 15 minutos de mi nuevo hogar por un tiempo, mientras que mi cabeza deja de repetirse que no soy nadie en la vida.

En la mañana, me bañé en el hotel y literalmente corrí en busca de algun auto que me llevará hasta el departamento de mi primo, topando con suerte de que al parecer, realizaría teletrabajo por algunos días; cuando me planto frente a su puerta y me abre extrañado de verme, no pienso mucho en lanzarme a sus brazos, ni siquiera me acuerdo de que llevamos más de 7 años sin vernos en persona.

- Que?...- me obliga a soltarlo- que haces aquí Andrea?

- Dime que sigues viviendo solo?- asiente a mi pregunta- será que podré quedarme contigo por unos días?

- Si, claro que puedes- me sonríe mientras ayuda a ingresar mis cosas- porque estás en Buenos Aires?, que sucedió prima?

- Mi vida es un desastre- dejo salir un sollozo- pero no estoy en condiciones de contar lo que sucede, solo puedo decirte que todo se fue a la basura.

- Es sobre la boda de Ana y Sebas?, perdón es que mamá me contó que la tía Ale la invito a ella y a Cami- acuno mi cara contra mis manos- di en el clavo, aunque esas lágrimas van más allá de la infidelidad de tu ex y la traición de tu hermano... no te voy a presionar, mejor ve a instalarte en la habitación de huéspedes.

Tal como me dijo, seguí la instrucción que me dio para llegar a mi habitación y deje las maletas al lado de la cama, para luego lanzarme sobre el colchón a descargar mi dolor; aunque Diego no es santo de la familia y tampoco se lleva tan bien con sus papás o hermana, no puedo contarle absolutamente nada de lo que sucede, es demasiado delicado todo, como para decirlo antes de corroborarlo y no puedo averiguar nada más porque mi cabeza tiene demasiado por procesar.

Me duermo por unas horas, hasta que mi primo ingresa a la habitación regañándome por no comer nada y encerrarme a sufrir por personas que no valen la pena, por ejemplo mi hermano; Diego y Sebastián tienen demasiados años sin dirigirse la palabra, es por ello por lo que sé no lo invitaron a su "boda soñada". Recuerdo que empezaron a odiarse desde que tenían 18 años, cuando mi primo le confeso a la familia que le atraían los hombres y que tenia novio, por supuesto el idiota de mi hermano le pego un puñetazo diciéndole que le daba asco tener que convivir con un desviado, teniendo que tragarse sus palabras años después, cuando me correspondió a mi confesar mi orientación sexual.

Enciendo el celular y coloco la línea de Argentina, luego le solicito a mi primo que me preste su laptop, con el fin de revisar mi correo, además de mis mensajes de WhatsApp; leo detenidamente cada uno de los textos en mi bandeja de notificaciones, la mayoría de Juan Pablo, Simón, Marto, Pablo, Nath y un par de mi madre advirtiéndome que debo ser buena hermana y asistir a la boda.

21 de marzo

Me la he pasado ayudando a Diego en algunas cosas legales de su empresa, además de visitar Bellas Artes y algunos otros museos en la capital, despistando mi mente para que no recuerde que dentro de dos semanas, es el maldito día en el cual se casa la chica que aunque he intentado olvidar, sigue clavada en mi corazón; coloco la bicicleta de mi primo en el pórtico e ingreso con una pequeña sonrisa en mi cara, mientras le grito al chico en cuestión sobre mi regreso.

Mi otro yo- Morat Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora