24 de octubre del 2020
ANDREA
Dicen por allí que cuando más calmado está el mar, es porque se avecina una tormenta, pero nunca pensé que lo hiciera tan rápido; estaba feliz de poder hablar con mi hermano, de quitarme un poco del peso que cargo en mis hombros, sin embargo, no tuve contemplado que eso podría traer consecuencias, ver ingresar a Franco corriendo mientras me grita que debo esconderme, me aterroriza.
- Hazlo ahora- grita antes de que toquen la puerta- huye y no voltees atrás, Danita está a salvo en el juzgado, pero no tú, no puedo protegerte como ella lo ha hecho.
- No, Franco- lo atraigo hacia mi- yo los metí en esto, yo los voy a sacar... aunque sea lo último que haga.
Comienzo a transmitir en vivo en la cuenta de Andrea, le suplico a Simón y Dánae que vean lo que está por suceder y que graben cada cosa que se diga allí, sí revelar que estoy con vida debe ser así, pues adelante, estoy preparada.
Tomo a Franco y lo obligo a esconderse, estás totalmente petrificado por el miedo, así que a pesar de que soy mucho menor que él, hoy voy a ser la adulta de la historia; cuando me aseguro que está a salvo, corro hacia algún lugar oculto en el departamento, me quedo en silencio, mientras que el aparato telefónico de repuesto de mi amiga, muestra cada cosa que sucede en la sala.
Puedo escuchar la puerta romperse, los pasos y gritos por parte de Esteban hacia Israel, le pide que me busque hasta debajo de las camas si es necesario, pero que me quiere a su lado en una pieza, que es momento de acabar conmigo como debía haberlo hecho ya; comienzo a temblar, claro que quiero verlo pudrirse en la cárcel, pero tengo demasiado miedo, no por mí, sino por ellos, simplemente quería que lo atraparan, sin ponerme a pensar en las malditas consecuencias.
Percibo en medio de la destrucción, mi propia destrucción, el llanto de un bebé y no debo ser tan lista para saber de quien se trata, así que a pesar de que es idiota rendirme ahora, lo hago para salvarla, Leah Betancourt no pagará las consecuencias de nada, no si su tía lo puede impedir, al final le prometí a Ana que lucharía por mantener a su hija a salvo. Salgo de donde estoy y me planto frente a quien, ante la ley, es mi padre, me poso derrotada frente a mi verdugo.
- Vaya, vaya, miren a quien tenemos aquí- dice de manera sarcástica- ¿pensaste que huirías de papá?, sabia que con mi arma secreta, saldrías del agujero en el que te metiste.
- Deja a Leah en paz, es una bebé de casi cuatro meses, ella si lleva tu sangre, no le destruyas la vida como a mi- me pongo de rodillas- por favor Esteban, ya me tienes a tus pies, acabaste conmigo al planear mi muerte, destrozaste mi vida cuando dejaste que me violarán a mis 15 años, no le hagas lo mismo a ella, es tu nieta.
- Que patética te vez suplicando por una bastarda, lo mismo que hizo la tonta de su mamá antes de morir- cierro los ojos dejando que mis lágrimas caigan sin control... perdóname Ana Lucia- ¿creíste que podrías huir y abandonarme como si nada?, eres mía, al igual que está niña ahora, que será nuestra pequeña hija en otro continente, tal como tu lo fuiste en su momento.
- ¿Que? – comienzo a hiperventilar- ¿de... de que hablas?
- Por tu culpa, maldita perra, me está buscando la policía- toma a la bebé con un brazo y me arrastra con la otra mano- así que me obligas a irme del país, aunque si yo me voy, tu lo haces conmigo.
- Hago lo que quieras- le digo intentando zafarme- pero deja a Leah con David, deja que su papá la cuide.
- No me interesa tu propuesta- se ríe- además creo que un muerto no puede cuidar a un bebé- levanta a la niña hacia el cielo- tan solo si no hubiese sido tan tonto de evitar que esa mujer muriera, quizás estaria aqui a mi lado, pobre de mi hijo.
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Mi otro yo- Morat
FanfictionUna tragedia en la vida de los Vargas, un par de infidelidades y varias peleas por parte de los protagonistas, traerán capítulos llenos de nostalgia, risas y hasta enojos. Te invito a leerla y disfrutar de la historia detrás de este nuevo Fanfic.
