XXIV.

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21 de noviembre del 2020

ANDREA

Si tengo que contarles como me siento al ver a Esteban bajo una lona blanca, podría asegurar que, a pesar de todo, me duele, fue mi héroe por un tiempo y me lastima su muerte solo por ella, por la Andrea que disfruto de un padre amoroso por poco más de doce años, por su ingenuidad al pensar que toda su vida seria un cuento de hadas; pero todo es distinto para la Andrea de veinticuatro, para ella su muerte significa haber obtenido la justicia que su hermano y su cuñada merecían, el karma de aquel hombre que en un segundo se convirtió en un monstruo... estoy en paz con lo que la vida a decidido, ya no esta mi verdugo, pero quedan las secuelas de su existencia, me deja con una pelea contra mis propios demonios.

Con la venda en mi brazo, me levanto del espacio en donde me atienden los paramédicos y corro hacia el vehículo de Dánae con intenciones de ir hacia el hospital, a Juan Pablo lo evaluaron de camino al centro médico, a pesar de que fue un disparo en el hombro, iba inconsciente, perdiendo una cantidad exagerada de sangre; por mi culpa tuvo que sufrir un trauma así.

Conduzco de manera acelerada, me importa muy poco si me hacen un parte o termino estampada contra algo, simplemente quiero llegar a verlo, asegurarme con mis propios ojos que está bien, que mi sacrificio valió la pena y que no tendrá secuelas graves por querer salvarme la vida; bajo del auto a toda velocidad, esquivo a las personas que se me atraviesan en el camino y llegando a recepción, pregunto por su estado médico, aunque nadie me dice nada hasta dentro de 2 horas, 120 minutos de incertidumbre, dolor y ansiedad.

Cuando por fin recibo noticias, el doctor me indica que ha perdido mucha sangre, que tuvieron que operar para extraer la bala y que tendrá muchos meses por delante para recuperarse, la lesión fue directamente en el tendón del musculo subescapular, explicándome que es un tendón importante para el movimiento y estabilidad del hombro, por lo que sin su recuperación adecuada, seria casi imposible volver a levantar objetos pesados, levantar el brazo y por consiguiente, tocar algún instrumento como solía hacerlo; le arruiné la vida a alguien inocente, tal como Esteban lo hizo conmigo.

Tengo el permiso de ingresar a su habitación, pero mi cuerpo no se mueve, sigo procesando lo que me ha dicho el médico, me siento culpable de todo lo que sucedió, quizás si siguiera odiándome no estaríamos aquí, si nunca me hubiese conocido, no tendría que pasar por todo esto; nací para causar dolor, primero a mi familia, a mis amigos por mis decisiones y ahora a él... quizás hubiese sido mejor haberme muerto o desaparecido.

Duro más de veinte minutos pegada a la puerta, llorando amargamente todo lo que ha sucedido, sin importarme si me ven como loca, quiero irme y no verlo para dejar de joderle la vida, pero mi conciencia me repite que, al menos, debo ingresar para darle las gracias por salvarme, a pesar de que no lo merecía; causé todo esto con mis impulsos, con mi necedad de querer retarlo y enseñarle que a pesar de todo lo que me hizo en el pasado, era fuerte para seguir adelante, pero fracasé.

Tomo el pomo de la puerta y lo giro, camino despacio hasta el interior de la habitación, topándome con sus ojos verdes cerrados, su respiración acompasada y un silencio siendo interrumpido solamente por las máquinas que están conectadas a su cuerpo; sé ve tranquilo, ni siquiera parece que estuvo frente a un psicópata que quería matarlo, que recibió un balazo por una mujer que no vale la pena.

Toco su mejilla tibia y la acaricio, dejando que mis lágrimas salgan sin permiso, verlo en el piso, herido mientras sostenía su hombro e intentaba levantarse nuevamente para evitar que nos matarán, luchando para que yo estuviera bien, me duele en el alma... no merecía lo que hizo por mí.

- Perdóname, Juan Pablo- acomodo su cabello- perdón por meterte en esto, por llegar a tu vida a arruinarla, por enamorarme y causar que él te lastimará.

Mi otro yo- Morat Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora