XII.

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25 de abril 2020

ANDREA

Me cansa demasiado pasar encerrada en la habitación del departamento de Pablo, aunque en algunas ocasiones tengo a esos dos tortolos cuidando de mi o bien a Nath que me cuenta un poco su historia con Simón, además de hablar casi a diario con Juan Pablo, no rompió su promesa de estar tan pendiente de mí.

Reviso en el espejo un par de veces más lo que llevo puesto, he decidido aceptar la invitación de Dánae y su esposo para salir a comer; recuerdo perfectamente el día en que Pablo me comentó que se había encontrado con mi extutora de tesis y le había preguntado por mí, fue tan obstinada que no paro hasta hacer que respondiera a sus mensajes.

Salgo de la habitación con mi cartera y la chamarra en la mano, mis amigos están muy divertidos mientras graban no se que cosas para los blogs locos de Pablo, así que no me sorprendo si me enfocan en un segundo y luego solo apagan el aparato de video.

- Si hubiese sabido que Dánae era la receta para hacerte salir de tu agujero, la hubiese buscado antes- le doy un golpe en el brazo- disfruta esta salida, vuelve a ser la Andy divertida que tanto amo y olvídate de todo tu alrededor.

- O sea que soy aburrida?- entrecierro los ojos- espero que sea buena idea, necesito urgentemente olvidarme de mi vida de porquería.

- Recuérdalo nena- me dice Danie- que nadie arruine tu existencia, ni tu familia y mucho menos esa mujer que no merece la pena.

- Llámame si necesitas que vaya por ti- menciona Pablo- y nunca olvides que te quiero demasiado, hermanita.

Le lanzo un beso a ambos antes de salir y buscar un auto que me lleve hasta el restaurante en el que quedamos, según recuerdo queda cerca del Ángel de la Independencia; cuando encuentro algo, con mucho cuidado entrego la dirección para después enviarla a mi contacto de emergencia, es decir, Pablo Campos.

Cuando estamos en la entrada al restaurante, envió un mensaje a Dan para que me indique su dirección dentro del local, sin embargo, no me percato de que detrás de mí, bajando de un auto BMW que puedo reconocer en cualquier lugar, se encuentra la pesadilla que me ha estado atormentando todas estas semanas.

- Andrea?- escucho la voz de quien fue una de mis mejores amigas- Andrea Betancourt, eres tú?, no puedo creer que estes aquí.

- Dalila- volteo despacio sin fijar mis ojos en su acompañante- de verdad te sorprende?

- Claro que sí, amiga- me rio por sus palabras- no sabes cuanto te extrañamos en el grupo, Fer y Mar se van a volver locas cuando te vean.

- No lo creo, a excepción de Fernanda- digo más para mi- no puedo decir que fue un gusto verlas, no soy hipócrita, pero me están esperando.

- Andy, podemos hablar?- la veo por primera vez después de semanas- tengo que explicar muchas cosas.

- Mi nombre es Andrea para ti, no Andy- no tengo idea como es que mis palabras salen sin contratiempos- y como le dije a tu amiga o lo que sea, me están esperando.

- Por favor- me toma de la mano- amor, tenemos mucho de que hablar, por lo que más quieras, escúchame.

- Por lo que más quiera?- respiro profundo- déjame ingresar allí adentro y disculparme con mis amigos, si quieres hablar, lo haremos solo para decirnos adiós como personas y dejarte en claro que soy TU cuñada.

Me doy la vuelta para poder ingresar, limpio una lágrima traicionera en mi rostro y camino hasta donde puedo ver a Dánae, le explico que me surgió un inconveniente que debo atender, pero que en cualquier otro momento podríamos salir a beber algo, pues necesito que me ayude en algunas cosas muy importantes.

Mi otro yo- Morat Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora