Una tragedia en la vida de los Vargas, un par de infidelidades y varias peleas por parte de los protagonistas, traerán capítulos llenos de nostalgia, risas y hasta enojos.
Te invito a leerla y disfrutar de la historia detrás de este nuevo Fanfic.
Así como lo mencioné, simplemente deje una nota en donde les explicaba a mis hermanos y mi padre lo que tenía pensado hacer, hable con Emiliano para las sesiones de psicología a distancia y emprendí viaje hacia la única playa que conozco, en donde viví momentos bonitos de mi infancia, cuando aún se puede decir que era feliz; he continuado con mi trabajo, pequeños asesoramientos a empresas o casos de bien social, algo que me mantenga distraída mientras busco a la verdadera Sofía.
Aunque no todo es tan bonito como parece, los días lejos de Colombia han sido demasiado complicados, los ataques de ansiedad están a la orden del día, mi humor es mucho más ácido que hace semanas y la alimentación es un desastre, he bajado mínimo 10 kilos en los últimos dos meses, algo perjudicial para mí, pues cuando me fui, estaba en mi peso ideal; pero es que simplemente no puedo comer, es como si mi cuerpo se hubiese peleado con esa parte esencial y todo lo rechaza, hasta yo que he dejado de pensar de más, me preocupo por esto, aunque tengo una buena nutrióloga a mi lado, Camila.
- Sofía Michelle Vargas Morales- escucho los gritos de Cami desde mi despacho en la casa de playa, al igual que sus pasos acercándose- Otra vez?
- Te juro que lo intenté- despego mi vista de la computadora- pero no puedo, con solo verlo me dieron ganas de devolver el estómago.
- Si no te conociera, diría que estás embarazada- me dice preocupada- voy a hacerte un batido de avena con frutos rojos, le colocaré proteína para que al menos tengas algo en tu barriga peleonera.
- Te quiero mucho- asiento a lo que me dice- al final todo no fue tan malo, te tengo conmigo y creamos un lazo increíble.
- Sí, aunque aún debes contarme que pasó con tu bombón colombiano?- camina hacia la cocina- de mí no te escapas Sofía.
Le he contado demasiadas cosas de lo que sucedió en Bogotá o en Medellín, menos sobre él, ni siquiera pronunciar su nombre puedo y mucho menos con lo que ha realizado hace una semana; mis terapias con Emiliano han avanzado bastante, ya no terminó con un ataque de ansiedad o llorando, mis palabras fluyen de mejor forma y me siento bien, pero desde que envió un mensaje por Instagram, provocó que retrocediera hasta el principio.
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Ese mismo día llamé a Emi, le dije lo que había sucedido, el cómo me sentía y hasta mi impulso de bloquearlo, mi cabeza reaccionó de inmediato, lo único que me brindo paz fue dejarlo fuera de mis redes sociales, alejarlo también de allí, ya no soportó tener que caer por culpa de alguien más; por supuesto las palabras de mi psicólogo también colaboraron a reponerme, escucharlo decirme que me apoya en mi decisión, que por ahora hacer lo que hice fue lo mejor, me llena de paz.
Dejo mi computadora en e escritorio y salgo por la puerta corrediza hasta las escaleras del balcón, otra cosa que me ha llenado de esperanza a mejorar, al menos en el área psicológica, son los atardeceres, sus colores naranja y esa degradación al esconderse el sol, son pacíficos para mí; me siento en la arena, no me interesa si me ensucio el short o me dé comezón cuando me levante, simplemente me dejo llevar por las olas de mar bañadas con el naranja del cielo, esto es algo que me dice que voy por buen camino.