Segunda parte de tormenta en el silencio
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Los niños la miraban atónitos. ¿Esa mujer frente a ellos? ¿Podía ser cierto? ¿Era realmente su madre, la Novena Hokage? Soruto entrecerró los ojos, confundido, mientras Sanada observaba detenidamente los ojos de la mujer, tan idénticos a los suyos.
—Lo sacaste de ella... Tenías razón —susurró Sanada, casi en shock.
—No puede ser. Esto tiene que ser un truco, o una broma de papá —dijo Soruto, agitado y negando con la cabeza, incapaz de aceptar lo que veía.
—Es cierto —respondió la niña, con el ceño fruncido—. ¿Por qué está aquí ahora? ¿Por qué después de todo este tiempo?
Sarada suspiró, sintiendo el peso de sus miradas inquisitivas.
—Soruto, Sanada... algo le ha pasado a su padre. Por eso estoy aquí —dijo, tratando de mantener la calma mientras los niños comenzaban a preocuparse.
La situación era incómoda y cargada de tensión. Sarada estaba sentada en la mesa del comedor, bajo la intensa mirada de los gemelos, que parecían exigir respuestas. No podía culparlos. Había estado ausente toda su vida, y ahora ellos merecían una explicación. Pero ¿cómo explicarles todo lo que había sucedido? ¿Cómo contarles que la aldea no quería que ellos nacieran? ¿Cómo hablar de la pérdida de su propio padre y del rechazo de sus abuelos hacia ellos? Su corazón se encogía de dolor. Estaba abrumada, pero sabía que debía enfrentarlo. Sin Boruto, esos niños habrían quedado completamente solos, y ella había tomado una decisión desgarradora para protegerlos desde las sombras.
—¿Eres nuestra mamá? —preguntó Sanada finalmente, con un atisbo de resentimiento en su voz.
Sarada tragó saliva y asintió, mirándola fijamente.
—Sí, Sanada. Soy yo.
La niña frunció el ceño, sorprendida de que la mujer supiera su nombre.
—Nos debes muchos regalos de cumpleaños —dijo con un tono ácido, pero Soruto la interrumpió, cruzándose de brazos.
—Eso no es lo importante. Nos debes una explicación —declaró con firmeza. Su voz sonó más madura de lo que Sarada esperaba para un niño de diez años—. Entendemos que eres la Hokage, pero eso no justifica que nunca nos hayas llamado, que nunca nos hayas visitado.
Sarada sintió que las palabras la atravesaban como cuchillos. Suspiró, bajó la mirada, y sus ojos se posaron en una fotografía colgada en la pared: Boruto y los niños, felices y sonrientes. Se levantó, tomó la foto con cuidado y dejó escapar un suspiro cargado de tristeza.
—Niños, no sé ni por dónde empezar... —murmuró mientras se agachaba para quedar a su altura. Su mirada estaba llena de dolor y arrepentimiento—. Solo puedo decirles que lo lamento. Lamento no haber estado para ustedes. Lamento no haber visto sus primeros pasos, sus primeras palabras, no haber estado para comprarles sus mochilas escolares. Yo quería estar ahí, en todo... pero no pude.
Los miró con lágrimas acumulándose en sus ojos.
—Lo que trato de decir es que, durante una década, luché por ustedes. Y seguiré luchando, cada día, para reconstruir esta pequeña familia, si ustedes me aceptan —dijo extendiendo una mano hacia ellos.
Los gemelos se miraron, confusos y conmocionados. Para ellos, esa mujer era prácticamente una desconocida. Y ahora, inesperadamente, se presentaba en su puerta con historias de su padre y un pasado que ellos no conocían. Los ojos ónix de Sarada brillaban con una mezcla de tristeza y esperanza, y los niños no pudieron evitar notar lo sinceros que parecían.
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Borusara
Fiksi PenggemarOne-Shots aleatorios de este ship todo lindo todo hermoso donde experimentare con ideas como AU o Heats canon , también usaré historias que fueron canceladas y tenían potencial claro está dándole el crédito a los autores de dichas obras ya que me en...
