Las palabras de Naruto resonaban en todo el campamento, un eco de desesperación y esperanza combinadas. Su voz se alzaba con fuerza, pero incluso él parecía dudar de sus propias palabras.
—Los enemigos son muy fuertes, pero son pocos. Esta guerra es más cantidad contra calidad, aunque tienen la capacidad de absorber chakra. Sé que muchos de ustedes ven esto como una causa perdida, pero les pido, por favor, que nos apoyen.
Boruto observó desde la multitud, sus ojos azules aferrados a la figura de su padre. Los murmullos de la Alianza Shinobi se alzaban como un rumor inquieto. Algunos de ellos habían luchado contra Madara Uchiha en la Cuarta Gran Guerra Ninja, un hombre tan poderoso que humilló a los Cinco Kages y solo fue derrotado por su propia arrogancia. Los Otsutsuki eran iguales o peores; seres divinos que trataban a la humanidad como simples insectos a exterminar. No era de extrañar que varios ninjas hubieran renunciado a la lucha, entregándose al destino con resignación o cobardía. Boruto no podía juzgarlos. ¿Quién querría enfrentar a monstruos que podían destruir mundos enteros?
Pero él no tenía opción. Porque él mismo era un Otsutsuki.
El intento de Kawaki de matarlo había fallado. Aquel Otsutsuki había restaurado su cuerpo usando el Karma, convirtiéndolo en un ser completo de esa raza maldita. Más fuerte, sí, pero también condenado. Su esperanza de vida se había alargado más allá de lo humano. Aunque sobrevivieran a la guerra, aunque su familia y amigos resistieran, él los vería morir de vejez, uno por uno, quedándose solo en un mundo vacío.
—Muchos han renunciado —comentó Sarada a su lado, con la voz firme, pero la preocupación evidente en sus ojos.
—Claro, no cualquiera puede enfrentarse a ellos.
La tensión era insoportable. Sarada lo guió a una habitación más apartada, donde pudieran estar solos. Cerraron la puerta tras ellos y se dejaron caer en la cama. Sarada se acomodó sobre su pecho, aferrándose a él como si su calidez pudiera protegerlos de todo lo que se avecinaba. Boruto le rodeó la espalda con un brazo, mientras su mirada perdida se fijaba en el techo, como si en él pudiera encontrar alguna respuesta. Pero no había respuestas. Solo miedo, incertidumbre y la aplastante realidad de que cualquiera de los dos podía morir.
—Podríamos morir, ¿sabes? —dijo Sarada, su voz apenas un murmullo lleno de una honestidad cruda y desgarradora.
—Sí —respondió él, su voz quebrada por la realidad que ambos enfrentaban.
Sus ojos se encontraron. En sus miradas había amor, desesperación, y la amarga certeza de que aquello podía ser su despedida. Boruto tomó el rostro de Sarada con ambas manos, con una delicadeza que contrastaba con la desesperación que latía en su pecho. La besó con un fervor casi doloroso, con la intensidad de quien se aferra a lo único que le queda. Era un beso que buscaba consuelo, una promesa no dicha de que, sin importar lo que sucediera, él nunca la olvidaría.
Sus labios se separaron, pero no se alejaron. Se miraron con los ojos llenos de lágrimas contenidas.
—Boruto, si muero... —dijo Sarada, su voz se quebró un poco, pero se obligó a continuar—. Si muero, busca a alguien más. Quiero que seas feliz.
El corazón de Boruto se detuvo. La abrazó con fuerza, como si su contacto pudiera borrar esas palabras de su realidad. No podía imaginar un mundo sin ella, no quería hacerlo. Habían consolidado su relación en medio del caos, y perderla sería como perderse a sí mismo.
El silencio los envolvió, pesado y sofocante. Finalmente, Boruto se incorporó, apartándose de su abrazo y poniéndose de pie. Sus ojos estaban oscuros, su expresión distante. Sin decir una palabra, salió de la habitación, dejando a Sarada sola, su calor aún impregnado en las sábanas frías.
Se aseguró de que nadie lo viera y salió de aquel lugar que, supuestamente, era para mantenerlo seguro. Los cinco Kages habían decidido que él no participaría en la guerra pese a ser uno de sus mejores guerreros. ¿La razón? Posiblemente que ahora era un Otsutsuki. Además, lo ocurrido con la Omnipotencia había sembrado dudas sobre él. Nadie se lo había dicho en su cara, pero podía verlo en sus miradas de recelo, en sus susurros a sus espaldas. No importaba cuánto se esforzara en protegerlos, nunca sería completamente aceptado.
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Borusara
Fiksi PenggemarOne-Shots aleatorios de este ship todo lindo todo hermoso donde experimentare con ideas como AU o Heats canon , también usaré historias que fueron canceladas y tenían potencial claro está dándole el crédito a los autores de dichas obras ya que me en...
