¿Cómo llenar estos espacios vacíos? ¿Debería comprar otra guitarra? ¿Debería consumir más drogas, más alcohol? ¿Debería seguir teniendo sexo con decenas de mujeres? La música es mi hogar, mi sustento, mi droga, mi alivio y mi salvación...y Candy jam...
La primera noche de concierto en el Madison Square Garden de Nueva York había sido alucinante, Terry y los Cornwell sólo podían recordar algo parecido años atrás en el estadio de Wembley en Londres, con tanta gente emocionada, coreando todas y cada una de las canciones, con sus seguidores frenéticos.
Las semanas pasadas habían ido de ciudad en ciudad, el grupo en cada presentación parecía que compensaba a sus amados fanáticos por haberlos hecho esperar, brindándoles un sorprendente e inolvidable concierto. Terry había dado una parte de su alma a los fanáticos acompañado de sus queridos amigos del grupo.
Cada noche se rompía en mil pedazos y se volvía a reconstruir ante la vista y satisfacción de miles de seguidores. La extraña relación con Candy era un secreto a voces que a todos preocupaba en mayor o menor escala.
El último concierto de la gira sería en dos días. Dos días más y todos regresarían a casa, aunque Terry no tenía ningún lugar a dónde regresar.
La suite de Terry en el Four Seasons era casi un sueño, en la gira habían visitado muchos hoteles lujosos, pero ninguno se comparaba con este enfrente de Central Park. Pero ni la vista impresionante de Nueva York de noche, sus muebles finísimos de estilo neoclásico y los suaves sillones tapizados de terciopelo pudieron distraer al par de amantes que entraban tomados de la mano, con sus dedos entrelazados, besándose dulcemente. Esa noche decidieron dejar de esconderse, finalmente el contrato de Candy terminaba con el próximo y último concierto. Ellos jamás hablaron del futuro, o de sus sentimientos o de nada a largo plazo más allá de ese último concierto en Nueva York.
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