Capítulo 21

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Nena, creo que esta noche
Podemos tomar lo que estaba mal y arreglarlo
Nena, todo lo que sé
Es que eres la mitad de la carne y la sangre que me completa
Te necesito demasiado
Así que toma estas alas rotas
Y aprende a volar de nuevo


Agosto 1983
Wellington, Nueva Zelanda

- Hola Terry, has tardado en llamarme, lo prometiste cuando te fuiste a Nueva Zelanda, sabes que es muy importante seguir con nuestras sesiones ¿Cómo te has sentido desde la última vez que nos vimos en sesión?

-No muy bien, doctora Kleiss, llevo sólo un par de semanas viendo a Candy, pero cuando llegué, descubrí que tengo un hijo y ella lo ocultó, me sentí furioso y frustrado, pero comprendo que ella lo hizo por mi comportamiento anterior y ahora que ha visto que estoy sobrio ella ha permitido que yo me acerque a él. Me ha dejado estar con el bebé todos estos días y ha sido hermoso, de verdad... Pero ella apenas me ha mirado. Ha sido como si yo no existiera.

-Entiendo. ¿Y eso cómo te hizo sentir?

-Como si todo el esfuerzo que he hecho no importara. Ya llevo un año limpio, doctora... ¡Un año! Desde que nos volvimos a encontrar, he hecho todo lo que ella me ha pedido. Pero ella... ella nunca me verá de otra forma más que como el imbécil que arruinó todo.

-Parece que sientes que necesitas su perdón para validar tu cambio, ¿es así?

-Sí... No sé, tal vez sí. Es que, ¿de qué sirve cambiar si ella nunca lo va a tomar en cuenta? Me mata pensar que Connor pueda crecer escuchando la versión de mí que ella aún tiene en la cabeza.

-Escucha, Terry, tu cambio no se mide por la forma en que otros te ven, sino por la forma en que tú te ves a ti mismo. Ella tiene su propio proceso, y no puedes controlarlo. Pero hay algo que sí puedes controlar. ¿Sabes qué es?

-Mi comportamiento, mi propia recuperación.

-Exacto. Tú y solo tú. Cada día que eliges no volver atrás, cada vez que cuidas de Connor con amor y paciencia estás mostrando a ambos, a ti y a Candy, que eres una persona distinta. El perdón de ella puede tardar o no llegar nunca, pero el tuyo Terry, ese no puede esperar.

-No sé si puedo, doctora.

-No tienes que hacerlo de golpe. Empieza por reconocer cuánto has logrado. Mira a Connor a los ojos la próxima vez y pregúntate: "¿Soy el hombre que quiero que él vea?" Si la respuesta es sí, entonces ya has ganado más de lo que crees.

-Sí... Creo que puedo hacer eso.

-Sé que puedes hacerlo Terry, llevas mucho camino avanzado, pero aún queda un largo trecho que recorrer, y siempre estoy a una llamada, te pido que termines este proceso con mi ayuda, aún tenemos conflictos pendientes qué resolver.

-Gracias, doctora Kleiss. Le llamaré la próxima semana sin falta.

Noviembre 1983
Wellington, Nueva Zelanda

Terry llevaba unos pocos meses viviendo tranquilamente en Wellington, y ya había establecido cierto tipo de rutina.

Dado su habitual insomnio se levantaba en la madrugada, tomaba un café expreso y se hacía un batido de plátano con leche, avena y un poco de miel antes de salir a correr sus 15 kilómetros habituales.

Correr se había convertido en una muy conveniente forma de liberarse, no solo llevaba más de un año sobrio, también se había alejado del sexo casual. ¿La razón? Una de esas tantas mujeres con las que se había enredado, le había llamado por teléfono para decirle que ella había resultado positiva de SIDA, aterrorizado y apenas iniciando el proceso de su segundo intento de desintoxicación, se hizo todos los exámenes médicos existentes para detectar SIDA y una larga lista de enfermedades de transmisión sexual. Todos con resultados negativos por fortuna o mejor dicho por pura suerte.

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