Sinopsis
¿Qué pasa si conoces a una chica atormentada por pesadillas y un pasado que le impide distinguir la realidad del sueño? Atrapada en sus problemas, las consecuencias de su dolor la han vuelto impredecible y distante, mostrándose fría por fu...
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—No me dejes morir, Luci.
Su cuerpo se inclina y su mano intenta tomar la mía, y en el momento en el que lo hace siento su palma fría sobre mí, intento alejar la mano, pero una fuerza superior a la mía me lo impide, miro sus ojos, pero estos se encuentran vacíos, es como si no me observarán a mí, sus ojos ya no me miran a mí.
Una vez más intento alejarme, pero su voz, a penas audible me detiene.
—¿Por qué intentas olvidarme? No me dejes aquí, ya no soporto estar en este lugar encerrado. Mira como has crecido lo suficiente para entrar sin permiso.
Su voz suena apagada, casi monótona y sin una pisca de humanidad, es casi como si esas palabras no fueran suyas, su mano aprieta cada vez más y más fuerte, que siento que podría quebrarme en cualquier momento, y no hablo solo de la mano.
Sigue hablando, mientras me sostiene muy fuerte, y me pierdo entre sus palabras, la oscuridad se cierne sobre nosotros con un toque silencio pero liberador, su mano, antes firme vacila y escucho como su respiración se hace más lenta, mientras la mía se hace más audible.
Vuelvo a escucharlo decir que lo he decepcionado y que lo he dejado morir nuevamente, y algo dentro de mi termina por ceder, algo se quiebra en mi interior.
Odio este sentimiento.
Odio no haber podido hacer algo para ayudarlo.
Un frío que hiela mi sangre me detiene al sentir como mi cuerpo es arrojado al fondo, mi cuerpo desciende, y siento como caigo, como me surmergo en la enorme oscuridad que me rodea.
Abro los ojos y estoy devuelta en mi habitación, mi corazón late tan fuerte que duele, y mis manos sostienen tan fuerte el edredón que siento que con el más mínimo toque podría desarmame por completo.
Miro la hora sobre la mesita de noche, y el despertador marca las 4:55.
Mis ojos se adaptan por completo a la oscuridad, limpio los restos de lágrimas con el dorso de mi mano, y veo como está duele, es el mismo lugar en el que Él me tenía prisionera, pero no hay marcas de que me tuvieran sometida, solo duele, pero no hay nada ahí.
Cierro los ojos, intento borrar todos y cada uno de los recuerdos que hacen doler mi corazón, pero duele tanto que solo logro llorar en silencio.
Lloro tanto hasta que me vuelo a quedar dormida, con un rostro nuevo en mis pensamientos.
Una sonrisa se me escapa, porque aún en esta situación, sigue apareciendo cuando menos me lo espero.
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Me cambio rápidamente mientras tomo mi mochila y el móvil que reposan sobre la mesa, salgo como alma que lleva el viento y corro con todas mis fuerzas.