Cinq

1.2K 93 13
                                        

⋆。‧˚ʚ🍓ɞ˚‧。⋆

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

⋆。‧˚ʚ🍓ɞ˚‧。⋆

Un nuevo día en el pueblo había llegado.

El aire estaba cálido pero más frío que tibio, el cielo algo nublado anunciando algún chubasco a la vuelta de la esquina, el césped olía fresco y húmedo por haber estado lloviendo toda la noche, y los pajaritos permanecían escondidos bajo las hojas de los altos árboles.

El tigre más grande, dentista profesional y certificado, alfa de casta alta, de los mejores cazadores del barrio pero también muy buen panadero, se encontraba metido en la cocina rodeado de harina por todos lados.

Apenas eran las diez de la mañana y ya se encontraba horneando un delicioso panqué de frambuesas y ciruelos. Eran recetas que el mismo alfa se inventaba, especialmente para complacer a cierto pandita que estaría por algún lado de la linda casa.  Sabía que su omega amaba el pan recién horneado al igual que los frutos rojos, ¿por qué no mezclarlos ambos?.

Él mismo se consideraba adicto al olor de las masas en el horno, aunque no estaba tan seguro de que lo fuese específicamente por el pan cocinándose, si no más bien por el pequeño ojiazul con su distintivo aroma a bizcocho recién horneado.

Babeaba cada vez que le olfateaba demasiado.

—¿Amor?.— llamó sacudiendo la harina de sus manos en el delantal amarrado a su cadera.

Sus rizos iban en un moño desordenado, una camisa blanca de mangas largas que se encargó de doblar sobre sus codos cubría su torso y un pantalón de deporte negro por debajo. Simple y cómodo.

—Lou, el pan ya va a salir cariño. ¿Quieres venir aquí y decorarlo con frambuesas?.— preguntó desamarrándose el delantal. Se lo quitó y lo dejó sobre la barra de la cocina antes de salir.

—¿Lou?.— volvió a llamar cuando no obtuvo respuestas y encontró la casa sospechosamente silenciosa— ¿Dónde te metiste, omega travieso?...— murmuró entrecerrando sus ojos verdes.

Sus pasos se volvieron lentos y sigilosos como si de una caza se tratara. Que la casa estuviese en completa tranquilidad era motivo para comenzar a preocuparse por la integridad de cualquier cosa o ser que habitara el lugar. Seguramente alguna travesura estaba siendo cometida por allí y no sería nadie más que él quien se encargaría de dar con ella. Era aquello o el pandita simplemente se había quedado dormido en algún lugar.

Se asomó hacia arriba por las escaleras, nada. Buscó en la sala por detrás del sofá donde de pronto lo encontraba en el quinto sueño; nada tampoco. Revisó en los baños, en la tina, en las mecedoras del jardín del frente... nada.

My little PomPomHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora