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Un lindo panda con barriguita abultada, amante de comer bambú, nadar y juguetear por doquier. ¿El problema? Bueno... La facilidad con la que se quedaba dormido en todas partes o atrapado en lugares al jugar con lo que fuese.
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La luz filtrada por las ventanas de madera despertaba lentamente la cabaña. El aire olía a café, pan dulce y frutas frescas. El murmullo de voces somnolientas llenaba el espacio común donde todos comenzaban a reunirse, despeinados, con camisetas sueltas y pijamas arrugadas. El desayuno se preparaba entre bromas y risas, con Max empujando a Ben hacia la cafetera mientras Dani trataba de alcanzar el frasco de miel sin que su alfa lo atrapara por la cintura.
—¡Lo vi primero! —protestó Dani, alzando los brazos como si eso le ayudara a ganar altura.
—Te recuerdo que tú no te comes el pan con miel, lo usas como excusa para chuparme los dedos —dijo Ben desde la mesa, provocando carcajadas de los demás.
Harry ya estaba allí, con Louis sentado entre sus piernas sobre uno de los bancos largos. El omega pandita, todavía medio dormido, se dejaba peinar el cabello con los dedos del alfa mientras bostezaba largamente. Estaba recién despertadito.
—¿Dormiste rico, osito? —le susurró Harry al oído, presionando su mejilla contra la sien del menor.
—Mhm... contigo siempre —murmuró el pequeño, ronroneando bajito mientras buscaba más contacto.
Louis ya no se escondía de las miradas, aunque su carita se seguía ruborizando cuando Kai o Leo le sonreían con dulzura. El día anterior, tras las historias de terror y la parte del biberón, parecía que los demás omegas finalmente lo habían adoptado como uno de los suyos. Esa mañana, Kai incluso le ofreció primero los cubiertos especiales con mangos de madera tallada, y Leo le puso una frutita en la mano con una sonrisa.
—Para que no te quedes sin cerezas, Lou. Sé que te gustan —le dijo con tono suave, mientras Ben le frotaba la espalda con una mirada divertida.
—Gracias... —susurró Louis, abrazando el platito.
—¿Jugamos a algo mientras desayunamos? —propuso Iván, masticando una galleta—. Una ronda de "¿Quién conoce mejor a su omega?" Yo empiezo.
Max levantó la ceja con una sonrisa confiada.
—Oh, esto se va a poner bueno...
Comenzaron con preguntas simples: color favorito, postre preferido, canción que más tarareaban en la ducha. Los omegas chillaban entre risas cuando sus alfas fallaban, y cuando acertaban, se ganaban un beso o un abrazo, dependiendo del nivel de ternura o vergüenza.
—¿Cuál es el peluche con el que Louis duerme siempre? —preguntó Iván, mirando a Harry con picardía.
El alfa tigre ni dudó.
—El osito café que tiene la oreja cosida. Se llama Pompom, por eso el apodo. Y si no está, le cuesta dormirse bien.
Louis se cubrió la cara con ambas manos, riendo bajito, enternecido.
—¡Punto para Harry! —anunció Dani—. Y diez más por ese sobrenombre de "Pom Pom".
Después de varias rondas, con estómagos llenos y sonrisas satisfechas, los alfas comenzaron a levantar los platos mientras los omegas estiraban brazos y piernas como gatitos en la banca.