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Louis salió corriendo de la escuela con los cachetes inflados, ojitos vidriosos y sus orejitas de panda temblando de la rabia.

Caminó a paso rápido sin mirar a nadie, hasta que sus pies lo llevaron a donde Harry se encontraba esperándolo. Ahí estaba el apuesto tigre recargado contra el cofre de su auto, perdido en la pantalla de su celular hasta que pareció reconocer su suave aroma.

—Lou, ¿amor, qué pasó? ¿Por qué estás así?.— preguntó acortando el espacio que quedaba entre él y su pequeño.

—N-No quiero hablar.— susurró con su frágil vocecita quebrantada.

Hizo pucheros y se escondió en el pecho de Harry, frotando su mejilla contra la bata blanca que el alfa usaba para consultar.

Lo levantó con facilidad entre sus brazos y lo atrajo a su pecho, consolándolo en un abrazo fuerte y protector.

Justo lo que Louis necesitaba. Quería a su alfa y a nadie más.

—Hey, ¿alguien te hizo daño, bebé? ¿Dónde está Niall?.— volvió a preguntar. Comenzaba a inquietarse demasiado al tener a su omega llorando escondido en su cuello sin saber el porqué.

Su rubio y teñido amigo siempre le acompañaba, era extraño que no estuviera tras él escoltándolo y contándole a Harry lo que le había pasado a su pompom.

Louis gimoteó bajito y y salió de su escondite, sus manitas jugando con las orillas de las mangas de su suéter oversized que colgaba por uno de sus hombros.

—¿Te están molestando, amor? ¿Es eso? habla conmigo, Lou, está bien.

—U-Un alfa más grande d-dijo que no soy un omega de v-verdad... y-y que por eso tú no m-me deseas...— contestó en un murmullo quebrantado por el nudo incómodo en su garganta.

Su carita colorada y naricita congestionada sólo denotaba el llanto que estaba siendo preso del menor.

Harry sintió que algo dentro suyo se apretaba y como su corazón se rompía en mil pedazos. Suspiró con rabia y caminó con él en brazos hasta que estuvieron dentro del coche, acunándolo en su regazo.

¿Quién se atrevería a haberle hablado de aquella forma a su niño?

—No vuelvas a repetir eso, Lou. Si tan solo entendieras lo mucho que te deseo cada segundo ni siquiera considerarías reales aquellas palabras.— acunó su carita y le miró a sus preciosos ojitos azules llenos de lágrimas.

My little PomPomHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora