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El amanecer era suave y cálido en la villa

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El amanecer era suave y cálido en la villa. Los primeros rayos del sol se colaban por la cortina blanca del dormitorio, iluminando poco a poco el edredón desordenado donde dormían dos figuras abrazadas: una enorme, musculosa y cubierta de rizos rayados cafés, y otra pequeña, hecha un ovillo contra el pecho ajeno, con orejitas redondas y un rostro aún ligeramente inflado por el sueño, con largas pestañas negras, naricita de botón y pecas salpicadas.

Harry despertó primero, como siempre. Su respiración era tranquila, rítmica. Acarició suavemente la espalda desnuda de su omega, aún tibia por el sueño, y sonrió al verlo aferrado con tanta devoción a su pecho.

—Buenos días, bebé —susurró Harry, con la voz profunda y áspera por el sueño—. Ya es hora de levantarse, mi niño...

Louis gimió muy bajito, escondiendo la cara en el cuello de su alfa.

—Mmm... no quiero levantarme —balbuceó con voz infantil, ronca—. Quiero quedarme contigo...

Harry soltó una risita mientras lo acunaba con cariño, acariciándole las orejitas con la yema de los dedos.

—Hoy no te toca escuelita, ¿recuerdas? Solo vamos al doctor. Es tu revisión mensual, amor. Y después podremos volver a casa a descansar, o tal vez visitar a los chicos si te sientes con ánimo.

—¿Doctor...? —Louis abrió un ojo, todavía borroso de sueño, pero su carita se arrugó un poco—. ¿Ese doctor...?

—Sí, mi amor —asintió Harry con paciencia—. Tu urólogo. El que te revisa después del celo para asegurarse de que todo esté bien en este cuerpo tan sexy.

El pandita hizo un puchero de inmediato.

—Pero... me va a ver ahí... a-abajo —susurró, escondiéndose aún más en el pecho de Harry.

—Lo sé, bebé. Pero yo voy a estar contigo todo el tiempo. Nadie te va a tocar sin que yo esté cerca, ¿sí?

Louis asintió muy despacito, aunque aún con expresión angustiada. Le costaba la idea de dejar que un desconocido lo revisara en zonas que solo su alfa conocía. Pero también era un omeguita obediente, así que después de unos mimos más, logró levantarse junto a su tigre.

Se ducharon juntos, con Harry lavando con esmero el pelito suave de Louis, peinándolo con sus dedos mientras su omega se aferraba a él con total confianza. Luego se vistieron, Louis con su sudadera favorita para sentirse reconfortado, y Harry con ropa cómoda pero suficientemente elegante para salir.

Al llegar a la clínica, ya estaban presentes Max con Kai, Ben con Leo, e Iván con Dani. Los alfas conversaban afuera mientras los omegas esperaban en la salita, sentaditos en el regazo de sus alfas o con sus deditos entrelazados con los suyos. Les tocaban sus vacunas.

Kai ya se veía nervioso.

—¿Crees que me toque primero...? —le preguntaba bajito a Max, que le acariciaba el muslo para calmarlo.

My little PomPomHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora